
ISSN: 2665-3974 (en linea)
Luarevista 2, enero-julio 2019
por Leopoldo Cabarcas – [email protected]
Fuego blanco.
Especie dulce y amarga.
Sensación sentida del llanto,
de la noche oscura y mansa.
Fuego blanco.
Espectro azul sublime, como el infinito cielo es;
Azul es el horizonte, azul es lo anhelado.
Límites no limitados, sin libertad y liberado.
En lo interno vaga es la ilusión
en lo externo vago es el espanto.
El vacío promiscuo y ambiguo es
lleno de todo lo que se tiene,
pero no se sabe cuánto.
Fuego blanco.
Fuego insípido del alma.
como pasión sensible del nostálgico.
De la infancia recuerdos prematuros son,
sentimental y perpetua es la calma,
sentimental y perpetua es la obstinación.
Afuera, los hilos de la vida
cuelgan al mundo,
Adentro, los hilos del mundo
cuelgan mi corazón.
Fuego Blanco.
Fuego de pena y de gozo,
como pasión sublime de un canto.
Vivir es vida solo un momento,
Momento que parece único e infinito.
Luego, ni el momento, ni lo único existen
y qué importa más y que importa menos.
Fuego blanco,
pero que inverso es el sentido.
Me quema y no lo siento,
¿Por qué? Porque me ha de gustar.
Lo siento y no me quema,
¿Por qué? Porque lo he de querer.
Fuego blanco.
Fuego, fuego, fuego, simplemente fuego.
He de sufrir porque me estoy quemando y me he de reír por lo que estoy sintiendo.