Macana

©Jenilee Montes

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 5, enero-junio 2021

Ximena Arévalo Niño – Ximearevalo21@gmail.com

Antes solía sentarme a ver noticias tranquilamente, tal vez los sucesos parecían menos graves debido a su lejanía o a que mi corta edad no les prestaba mucha atención. Sin embargo, hoy los hechos que suceden en Macana provocan que mi estado psicológico sea cada vez peor. Hay días como hoy en que sólo deseo que Macana fuese tranquila, bella, hermosa, que sus lagos, ríos, grandes bosques, montañas inalcanzables permanecieran igual. Es idílico lo sé, un pensamiento demasiado optimista para alguien en estado de depresión y con un cuerpo sin vida a bordo.

Ayer en Macana mataron a trece jóvenes y a seis de sus líderes sociales. No sé con certeza qué día empezó este periodo de violencia, ha sido tan extenso que lo que algunos llamaron el pacto de paz significó simplemente días de descanso para continuar con más fuerza y mayor firmeza su frecuente actividad. Sí, esa es Macana, esa es su riqueza. Su gente se cansó, dice que no tiene miedo porque ya le han quitado todo. Desde hace algunos meses ha salido a la calle a protestar por sus derechos, algunos hacen uso de su voz,  ponen a prueba sus pulmones y expresan lo que hace tanto tiempo estaba atorado en la garganta, otros de la forma más primitiva se defienden a punta de piedra, destruyen y saquean lo que queda en Macana.

Existe un grupo que viste de verde y se pavonea por las calles de las ciudades de Macana. Se dice que son los encargados de proteger a la gente y a sus derechos, aunque algunas personas comentan que hace tiempo esa dejó de ser su función principal,  solo hace unos días, uno de ellos mató a un ciudadano desprotegido que rogaba misericordia. En cierta ocasión escuché sobre alguien llamado Popper, su teoría afirmaba que se le debía ceder al Estado de Macana  un poco de libertad, para que ellos protegieran el resto de libertad que quedaba; el Estado de Macana sería el encargado de defenderlos del más fuerte. Ahora todos los días me  pregunto ¿y quién nos defiende del Estado? La gente de Macana no ha cedido una parte de su libertad, la ha cedido toda, el terror existe en cada uno de sus rincones y la paz se encuentra tan lejana de Macana que ella misma no recuerda su olor y mucho menos su apariencia. 

En una finca llamada Las Tapas vivía una familia dedicada a cultivar café. Tres hermanos de la familia iniciaron su caminata diaria en una lluviosa mañana de agosto, cuesta arriba, para recoger el fruto de su año de trabajo. Ya cansado, uno de ellos observó con espanto a uno de los ejércitos de Macana, generador de su muerte. Algunos le llaman Gobierno, otros Estado, FARC, guerrilla, paracos, vándalos ¡Alguien tiene que saber! Alguien tiene que saber quién mata a uno y cien jóvenes en el país. Cuando las puñaladas penetraron su cuerpo y fue arrastrado sin compasión por un largo trayecto de las altas montañas sólo lanzó un grito de auxilio que decía: ¡Ayuda, ayuda por mí y por Macana! 

Al verlo no grité, tampoco lagrimas salieron de mí, simplemente me encontraba inmóvil e inalterable, un tanto febril, solo buscaba las respuestas que no encontraba en el lugar, maldecía una y otra vez a las míseras personas que acabaron con la vida de uno de los seres que más amé. Ahora que lo pienso jamás había sentido con tanta cercanía la impotencia en todo su esplendor, entre más intento que se haga justicia para lograr siquiera un mínimo de paz, más impunidad diviso a lo largo del territorio de Macana.

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