{"id":3602,"date":"2023-03-07T18:25:32","date_gmt":"2023-03-07T18:25:32","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=3602"},"modified":"2023-03-07T18:31:47","modified_gmt":"2023-03-07T18:31:47","slug":"el-ritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2023\/03\/el-ritual\/","title":{"rendered":"El ritual"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/09-edited-scaled.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3604\" width=\"581\" height=\"812\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/09-edited-scaled.jpg 1829w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/09-edited-214x300.jpg 214w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/09-edited-700x980.jpg 700w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/09-edited-768x1075.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/09-edited-1463x2048.jpg 1463w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/03\/09-edited-600x840.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 581px) 100vw, 581px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">\u00a9BEJE m\u00e1s de el en&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/beje_art\/\">BEJE (@beje_art) \u2022 Fotos y videos de Instagram<\/a><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Lua revista 7 y 8, enero-junio\/ julio-diciembre 2022<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">Ezequiel Olasagasti&nbsp;&#8211; <a href=\"mailto:ezequiel.olasagasti.89@gmail.com\">ezequiel.olasagasti.89@gmail.com<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creo que debo agradecer a quien sea que se le agradecen estas cosas, el hecho de vivir en una tierra en la que la carne roja es el principal deleite de los paladares. Considero que es gracias a eso que mi problema no destaca muy seguido. Bueno, la palabra \u201cproblema\u201d tal vez sea muy grande para referirse a lo que me pasa, pero les digo que no es algo sencillo tampoco. Ser el \u00fanico escollo que amigos o familiares pueden tener, genera en m\u00ed un escozor tan profundo que no me permite ser parte del jolgorio del momento. La cosa es que yo no como pescado. No lo hago desde hace ya varios a\u00f1os. Esa es mi situaci\u00f3n, o problema si lo prefieren.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada vez que llego a una fiesta, celebraci\u00f3n o una simple reuni\u00f3n; ruego que, al cruzar la puerta, sea un aire ahumado el que me reciba. Ya saben, el t\u00edpico olor del asado sobre las brasas. Solo as\u00ed disfruto de la estad\u00eda con mis seres queridos. Sin embargo, fueron pocas pero recordadas las ocasiones en las que alg\u00fan pescado apareci\u00f3 en el men\u00fa. Esas veces tuve que negarme a comer. No tuve muchas opciones. Las excusas siempre me fueron simples en esos casos: dolor de est\u00f3mago, haber comido antes de llegar, etc. Me limitaba a solo tomar un poco de vino y masticar alg\u00fan aperitivo. Pero fueron momentos en los que no pude evitar sentirme completamente fuera de la cena.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00faltima vez que me pas\u00f3 fue en un cumplea\u00f1os, compart\u00edamos un enorme patio verde que brillaba con cada rayo que se le ca\u00eda al mediod\u00eda. Muy al fondo estaba la parrilla. Lejos, sobre su propio per\u00edmetro marr\u00f3n. Cuando me acerqu\u00e9, vi un enorme pez dorado que dorm\u00eda sobre las brasas que disparaban una que otra chispa de a momentos. Estaba abierto de par en par. Dejaba lucir su carne blanca, y era hipn\u00f3tico ver c\u00f3mo le chorreaba el jugo salado. Se ve\u00eda tan suculento, ten\u00eda un perfume tan apetitoso. Casi que el viento, al pasarle por encima, le cortaba los flancos. Y ah\u00ed estaba yo, sin querer probarlo. Sin desearlo un poco siquiera. Admito que yo era gustoso de casi todos los frutos del agua, sean de mar o de r\u00edo. Pero hace tiempo que ya no m\u00e1s. No porque no quiera, es solo que no puedo. Todo gracias a mi padre, o por culpa de este mejor dicho.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una ma\u00f1ana, que de tan com\u00fan no podr\u00eda ponerle el nombre de una fecha, habl\u00e1bamos con un mate de micr\u00f3fono. Ese d\u00eda le ped\u00ed que nuestra cena de fin de semana fuera un gran pez a la parrilla. No me mir\u00f3, solo sopl\u00f3 con los labios mediocerrados que \u00e9l ya no com\u00eda pescado. Me pareci\u00f3 extra\u00f1o. Hab\u00eda visto muchas fotos de \u00e9l pescando y comi\u00e9ndolos de las m\u00e1s diversas formas. Le pregunt\u00e9 a que se deb\u00eda su rechazo y me respondi\u00f3, esta vez s\u00ed mir\u00e1ndome, que en Buenos Aires \u00e9l no comer\u00eda pescado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me qued\u00e9 en silencio, elevando con agua nueva y caliente la yerba del mate. El not\u00f3 que mi silencio escond\u00eda cierta incomodidad. Y as\u00ed era. Tuve miedo de que, por indagar tan suelto y despreocupado, hubiese pisado alg\u00fan tab\u00fa que \u00e9l no ocult\u00f3 bien. Tom\u00f3 su turno de infusi\u00f3n y me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 Ac\u00e1 no se puede comer pescado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hizo sonar el fondo del mate con la succi\u00f3n y agreg\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 En Santa Elena, si todav\u00eda te acord\u00e1s de tus pagos, comer pescado es un ritual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No recuerdo mucho de mi vida all\u00e1. Era muy chico cuando nos mudamos a Buenos Aires. Segu\u00ed cebando, el mate no se lavaba por suerte.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 \u00bfUn ritual? \u2014le pregunt\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pap\u00e1 empez\u00f3 a narrarme muy de a poco su ni\u00f1ez en Santa Elena. Debi\u00f3 pensar que era la mejor manera de explicarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 Recuerdo mi ni\u00f1ez all\u00e1 \u2014empez\u00f3\u2014. El sol sal\u00eda a las seis de la ma\u00f1ana. Nunca lo vi llegar tarde. Siempre a las seis en punto. Me acuerdo que iba a las riberas &nbsp; &nbsp; &nbsp;del Paran\u00e1 a pescar y tener as\u00ed mi comida del mediod\u00eda. Porque el guiso a toda hora, por m\u00e1s rico que salga, te termina cansando. El r\u00edo no es de esas aguas cristalinas que ves en los folletos tur\u00edsticos del Caribe, pero su encanto sabe enamorar tambi\u00e9n. Se mueve con la brisa de una forma hipn\u00f3tica, generalmente de una mano del r\u00edo hacia la otra. Pero cuando llega un pescador, el viento cambia un poco pariendo peque\u00f1as olas a sus pies. Ll\u00e1mame loco, pero creo que es la forma que tiene el Paran\u00e1 de saludar al pescador. En mi terca locura infantil yo cre\u00eda eso y lo sigo creyendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo estiraba el brazo para entregar los mates nuevos o recoger los muertos. Y escuchaba con atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 Sobre la superficie del r\u00edo se ve un brillo dif\u00edcil de describir \u2014continu\u00f3 hablando\u2014. Como si el sol hubiese explotado y sus trozos de piel dorada se hubiesen disgregado donde uno posaba la vista. No hay ca\u00f1as en el Paran\u00e1, no existen. All\u00e1 siempre nos valimos de arrojar solo una l\u00ednea con carnada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos quedamos un rato callados. Yo le mostraba una sonrisa, en parte recordaba un poco lo que fue nacer ah\u00ed. De pronto mi padre volvi\u00f3 a hablar:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 Mir\u00e1, nunca lo intent\u00e9. Pero estoy seguro de que con solo extender los brazos y pedir el almuerzo, un dorado saltar\u00eda del agua para caer en mis palmas. Recuerdo tambi\u00e9n que la madera del lugar era de un rojo que iba de un claro p\u00e1lido hasta llegar a uno tan intenso que ni la m\u00e1s gigante paleta de colores podr\u00eda imitarlo. Daban a entender con su color que el fuego era el \u00fanico prop\u00f3sito con el que fueron creados. Y ah\u00ed nom\u00e1s com\u00eda. Hac\u00eda el pescado a orillas del r\u00edo, lo devoraba y era delicioso. Pod\u00eda sentir la salada costra que le dejaban las brasas. Tambi\u00e9n pod\u00eda llenarme la lengua del jugo que largaba su espinazo en una cacerola. Atrapaba todo su gusto en peque\u00f1as empanadas que compart\u00eda con mis amigos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El agua del termo se hab\u00eda terminado, pero yo segu\u00eda chupando la bombilla mientras escuchaba embobado. Mi pap\u00e1 continu\u00f3 con su oda, cada vez m\u00e1s animado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 Nunca estaba solo en la ribera, se o\u00eda hablar a los animales. No supe jam\u00e1s su idioma, pero me animo a pensar que cada uno me aconsejaba una forma distinta de cocinar el pez. Y claro, ellos comen con los pescadores desde hace siglos. Son todos unos expertos en el tema. No pod\u00e9s comer ah\u00ed sin compartir con las bestias, es tu paga al follaje que te ha dado tanto. Por fortuna siempre supe complacer su exquisito paladar. Segu\u00ed este ritual todo el tiempo que viv\u00ed all\u00e1. A medida que crec\u00eda pasaron de varios d\u00edas a la semana a un pu\u00f1ado de veces al a\u00f1o, pero me negu\u00e9 a dejarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente me mir\u00f3 a los ojos y me pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 \u00bfEntend\u00e9s por qu\u00e9 no puedo comer pescado ac\u00e1? Tal vez porque vos te quedabas en casa de chico, muy c\u00f3modo, esperando que yo llegara con el bot\u00edn del r\u00edo. Nunca quisiste ir, y por eso no te penetr\u00f3 la belleza del paisaje y no te traum\u00f3 su p\u00e9rdida cuando vinimos para ac\u00e1. Aun as\u00ed te pido que lo entiendas. Ac\u00e1 no es lo mismo, el pescado se compra. Duerme sobre una cama helada y no puedo ni felicitarlo por un buen combate. La verdad necesito mi ritual, porque no s\u00e9 si la carne sabr\u00e1 igual sin \u00e9l. Tengo miedo de, en una mordida, dentellar el recuerdo de mi infancia y dejarlo roto para siempre. Que el gusto que me qued\u00f3 guardado de toda la vida sea reemplazado por el de un pez que yace muerto sobre hielo en una vidriera.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se sent\u00f3, volvi\u00f3 a sorber el mate que ya no ten\u00eda nada y concluy\u00f3 su discurso diciendo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013 Lo siento mijo, solo puedo ofrecerte carne roja de la que m\u00e1s prefieras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo entend\u00ed a la perfecci\u00f3n y desde entonces yo tampoco he podido comer cualquier pez que me conviden. Ya que, \u00bfqu\u00e9 objeto tiene comer algo que no puede alcanzar la perfecci\u00f3n que ahora me fue revelada? No tiene raz\u00f3n alguna en mi opini\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi padre muri\u00f3 hace unos a\u00f1os. Pero reci\u00e9n ahora me est\u00e1 dejando de doler. Tuvo que suceder esto para que yo vuelva a Santa Elena despu\u00e9s de tantos a\u00f1os. Aunque ahora se pierde un poco el sentido. Venir sin \u00e9l vistiendo su forma f\u00edsica, no es lo mismo. Nunca me pudo ense\u00f1ar a pescar. Yo no se lo facilit\u00e9 tampoco. Es m\u00e1s, me negu\u00e9 casi siempre. No pudo iniciarme como un futuro sacerdote que oficie en su ritual de las costas del Paran\u00e1. Temo cocinar un pescado y que sepa c\u00f3mo un pu\u00f1ado de ceniza. Como las suyas, que ayer solt\u00e9 en el r\u00edo. Sus cenizas lo ti\u00f1eron de gris. Apenas un segundo. Me gusta pensar que son ellas las que ahora adoban a los dorados que tanto nos gustaba comer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Lua revista 7 y 8, enero-junio\/ julio-diciembre 2022 Ezequiel Olasagasti&nbsp;&#8211; ezequiel.olasagasti.89@gmail.com Creo que debo agradecer a quien sea que se le agradecen estas cosas, el hecho de vivir en una tierra en la que la carne roja es el principal deleite de los paladares. 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