{"id":341,"date":"2018-11-01T08:29:31","date_gmt":"2018-11-01T08:29:31","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=341"},"modified":"2020-04-11T17:37:12","modified_gmt":"2020-04-11T17:37:12","slug":"cuestion-de-orden","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2018\/11\/cuestion-de-orden\/","title":{"rendered":"Cuesti\u00f3n de orden"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Por: Anderson Cortina <\/h4>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">anderyecortina@gmail.com<\/p>\n\n\n<figure id=\"attachment_342\" aria-describedby=\"caption-attachment-342\" style=\"width: 582px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-342\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/6.jpg\" alt=\"\" width=\"582\" height=\"462\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/6.jpg 1000w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/6-600x476.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/6-300x238.jpg 300w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/6-768x609.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 582px) 100vw, 582px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-342\" class=\"wp-caption-text\">\u00a9Maria Laura Ise, m\u00e1s de ella en: http:\/\/marialauraise.com\/<\/figcaption><\/figure>\n<p>Era s\u00e1bado por la tarde. Luego de un largo rato, al fin hab\u00eda terminado mi labor de limpieza; con aire satisfacci\u00f3n en el pecho, recorr\u00eda cada lugar del apartamento contemplando el brillo de los pisos, inhalando la fragancia de canela del ambientador y disfrutando el orden que all\u00ed abundaba. En medio de ese ambiente de tranquilidad, me recost\u00e9 en el sill\u00f3n, cerr\u00e9 los ojos e inhal\u00e9 profundamente para sentir a\u00fan m\u00e1s el olor a canela. Quise no moverme de all\u00ed, congelar el momento para gozar mi paz; pero deb\u00eda hacerlo, la tarde ca\u00eda y se acercaba la hora para conocer a Luciana o \u201cLuci0217\u201d, que era el nombre que usaba en la p\u00e1gina web de citas. Nunca pens\u00e9 que buscar pareja en internet me funcionar\u00eda, pero poco a poco se convirti\u00f3 en una gran esperanza, que Luciana alimentaba a diario en nuestro chat, pues era una persona con la que ten\u00eda mucho en com\u00fan.<\/p>\n<p>Entusiasmado con la cita, me levant\u00e9 del sill\u00f3n y tom\u00e9 una ducha con la que me sent\u00ed impecable, hab\u00eda afeitado perfectamente mi barba y enjuagu\u00e9 mi boca un par de veces. Tendida sobre mi cama aguardaba la ropa que usar\u00eda en la cita: una camisa vino tinto y un pantal\u00f3n negro que no mostraban ninguna arruga, adem\u00e1s de un par de zapatos muy bien lustrados. En pocos minutos estuve listo, me mir\u00e9 en el espejo varias veces y siempre qued\u00e9 complacido por c\u00f3mo me ve\u00eda; as\u00ed que decidido, pero con algo de nervios, fui por las llaves y me dispuse a salir.<\/p>\n<p>Luciana propuso encontrarnos en un restaurante que ella hab\u00eda visitado una vez, dijo que el lugar le parec\u00eda arm\u00f3nico y elegante, y yo entusiasmado con ello, acept\u00e9 que nuestro primer encuentro fuera all\u00ed. Me agradaba que el sitio estaba a pocas cuadras de donde vivo.<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9 al restaurante qued\u00e9 sorprendido. En efecto el lugar resultaba ser arm\u00f3nico y elegante, sin embargo, not\u00e9 que estaba casi vac\u00edo; solo estaba una familia que ya se levantaba de su mesa y, al fondo, una dama que a pesar de su vestimenta juvenil parec\u00eda rondar los cincuenta a\u00f1os. Decid\u00ed entonces tomar la mesa al lado de la familia y justo cuando me acomodaba en la silla mi cita apareci\u00f3 por la puerta. Era tal cual que en su foto de perfil, cabello perfectamente rizado y tez trigue\u00f1a. Ella tambi\u00e9n me reconoci\u00f3; esperaba no decepcionarla. Me levant\u00e9 de la silla y ella camin\u00f3 hacia m\u00ed, intercambiamos formalidades estrechando nuestras manos y luego tomamos asiento.<\/p>\n<p>La cita hab\u00eda transcurrido de maravilla, re\u00edmos, nos dimos cuenta una vez m\u00e1s de las cosas que ten\u00edamos en com\u00fan, de lo parecido que \u00e9ramos. Disfrut\u00e9 contemplando de cerca la detallada est\u00e9tica en su forma de maquillarse y hubo un momento en que ella me lanz\u00f3 cumplidos por mi forma de arreglarme. Todo marchaba sobre ruedas, pero mientras cen\u00e1bamos, mi desbordada comodidad se disip\u00f3 cuando por la puerta apareci\u00f3 un tipo que result\u00f3 desagradable a mi vista: corbata desajustada, melenas despeinadas y un bigote que crec\u00eda en forma desproporcionada. Lentamente avanz\u00f3 hacia el interior y aunque dese\u00e9 que no lo hiciera, se sent\u00f3 justo en la mesa de al lado. Trat\u00e9 de retomar la conversaci\u00f3n que ten\u00eda con Luciana, pero el grito tosco del tipo, con el que llamaba al mesero, hizo que me sacudiera y a ella tambi\u00e9n. Su forma de hablar era estrepitosa, tanto que estando afuera se pod\u00eda escuchar lo que orden\u00f3. Luciana me mir\u00f3 y arque\u00f3 las cejas en se\u00f1al de disgusto. Aun as\u00ed, proseguimos con la cena.<\/p>\n<p>Luego de un rato, apareci\u00f3 el mesero con lo que hab\u00eda ordenado aquel hombre y una vez el plato sobre la mesa, nuestro vecino empez\u00f3 a comer de una manera que hizo que se me aceleraran las pulsaciones. Parec\u00eda como si no hubiera comido en d\u00edas. Trat\u00e9 de no darle importancia al asunto, sin embargo, el ruido de los tenedores golpeando la cer\u00e1mica a cada momento me hac\u00eda apretar la mand\u00edbula. Tom\u00e9 un poco de agua e intent\u00e9 conversar con mi cita. Ella tambi\u00e9n parec\u00eda algo inc\u00f3moda.<\/p>\n<p>El agua logr\u00f3 relajarme un poco, pero al levantar la mirada, la mesa de ese sujeto llena de migajas me hizo dar un leve golpe sobre mi pierna para controlar de nuevo mi exasperaci\u00f3n. Ya empezaba a enloquecer. Percib\u00eda el ruido de los tenedores cada vez m\u00e1s fuerte, pod\u00eda escuchar cada migaja cuando ca\u00eda; en mi cabeza parec\u00edan un estruendo. No recuerdo jam\u00e1s haber visto a alguien tan descuidado, pero all\u00ed estaba, con la boca embarrada de comida igual que un ni\u00f1o y haciendo un sonido repugnante al masticar. Me sent\u00ed sucio solo con presenciar ese acto. El momento me pareci\u00f3 eterno, comparable con una tortura. Mientras tanto apretaba con fuerza mi tenedor tratando de no hacer estallar mi enojo.<\/p>\n<p>Finalmente, el hombre termin\u00f3 de comer. Pens\u00e9 que mi tortura hab\u00eda acabado, cuando de repente escuch\u00e9 salir de su boca un detestable eructo. Luciana me mir\u00f3 con el rostro encolerizado, y yo sin pensarlo me arroj\u00e9 sobre el tipo haci\u00e9ndolo caer al piso. Apoyado sobre \u00e9l, clav\u00e9 mi tenedor en su rostro varias veces, mientras, \u00e9l gritaba de dolor y por m\u00e1s que se cubr\u00eda, no pudo evitarme; pronto su cara de llen\u00f3 de puntos rojos.<\/p>\n<p>En ese momento, cuando mi euforia estaba al m\u00e1ximo, el grito de pavor de la dama del fondo hizo que me detuviera. De inmediato me incorpor\u00e9 y recapacit\u00e9 ante mi bochornoso acto. Con el rostro cargado de verg\u00fcenza mir\u00e9 a Luciana, no la not\u00e9 tan asombrada como esperaba y por el contrario parec\u00eda enfadada mientras observaba al hombre retorcerse en el suelo. Tuve deseos de salir corriendo, pero ella camin\u00f3 hacia m\u00ed, tom\u00f3 el tenedor de mi mano y volvi\u00f3 a agredir a aquel hombre; luego, con gran \u00edmpetu, agarr\u00f3 mi mano y ech\u00f3 a correr conmigo detr\u00e1s.<\/p>\n<p>Hoy, dos a\u00f1os despu\u00e9s de esa escena, me preparo para otra cita con Luciana. Esta vez llevar\u00e9 un anillo de compromiso y estoy seguro de que no se negar\u00e1, porque somos iguales, nos gusta lo mismo:&nbsp; aquella escena demostr\u00f3 que somos tal para cual.<\/p>\n<p><\/p>\n<h4>&nbsp;<\/h4>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Anderson Cortina anderyecortina@gmail.com Era s\u00e1bado por la tarde. Luego de un largo rato, al fin hab\u00eda terminado mi labor de limpieza; con aire satisfacci\u00f3n en el pecho, recorr\u00eda cada lugar del apartamento contemplando el brillo de los pisos, inhalando la fragancia de canela del ambientador y disfrutando el orden que all\u00ed abundaba. 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