{"id":3392,"date":"2023-01-08T15:13:39","date_gmt":"2023-01-08T15:13:39","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=3392"},"modified":"2023-01-08T18:53:29","modified_gmt":"2023-01-08T18:53:29","slug":"todos-estamos-en-el-mismo-charco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2023\/01\/todos-estamos-en-el-mismo-charco\/","title":{"rendered":"Todos estamos en el mismo charco"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"980\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/07-700x980.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3393\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/07-700x980.jpg 700w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/07-214x300.jpg 214w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/07-768x1075.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/07-1097x1536.jpg 1097w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/07-1463x2048.jpg 1463w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/07-600x840.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/07-scaled.jpg 1829w\" sizes=\"auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">\u00a9BEJE m\u00e1s de el en <a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/beje_art\/\">BEJE (@beje_art) \u2022 Fotos y videos de Instagram<\/a><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Lua revista 7 y 8, Enero-junio\/julio-diciembre 2022<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>Omar Eliecer Lubo Vacca<\/strong> &#8211; <a href=\"mailto:oeliecerlubo@gmail.com\"><strong>oeliecerlubo@gmail.com<\/strong><\/a><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace varias semanas pregunt\u00e9 por Daniel en la peluquer\u00eda. El muchachito nuevo sostuvo las tijeras sobre la cabeza del cliente durante un segundo, me mir\u00f3 a los ojos y me dijo con el tono de una confesi\u00f3n: \u201cest\u00e1 en la selva\u201d. Me cont\u00f3 mientras me atend\u00eda que Daniel vendi\u00f3 lo poco que ten\u00eda, empac\u00f3 en cajas lo necesario para el recorrido y que nunca se despidi\u00f3. La \u00fanica se\u00f1al que dej\u00f3 fue su ausencia. La noticia de su viaje la dio un vecino suyo que cont\u00f3 que Daniel se hab\u00eda ido por el Dari\u00e9n a Estados Unidos para probar suerte. No intu\u00ed el alcance de esta historia hasta que so\u00f1\u00e9 que se la contaba a mi abuela. Ella encogi\u00f3 los hombros y en medio de las nebulosas me respondi\u00f3 con desd\u00e9n: \u201cigual, todos estamos en el mismo charco\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa frase me la dijo cuando estaba en la escuela. Un d\u00eda le cont\u00e9 que ya pod\u00eda decir que hablaba en ingl\u00e9s, que hab\u00eda conversado con dos gringos y nos entendimos sin problemas. Ella remed\u00f3 el gesto del sue\u00f1o y me solt\u00f3 la frase sin fijarse mucho en mi victoria. Esa frase me sigui\u00f3 acompa\u00f1ando, sigui\u00f3 punzante, lacerante, como una llaga que lastima mientras comes, hablas y sonr\u00edes. Record\u00e9 nost\u00e1lgicamente la frase en la universidad, cuando Grandie, un profesor de ingl\u00e9s, reconocido por graduarse de una <em>state university<\/em>, abri\u00f3 sus enormes ojos para decirnos: \u201c<em>You are learning the language of the Empire<\/em>\u201d. Durante esa \u00e9poca busqu\u00e9 asir el idioma, darle cuerpo, sangre, vitalidad, crear un peque\u00f1o monstruo que navegara lejos de aqu\u00ed y que llegara lejos, muy lejos, que atravesara el Caribe y llegara al otro lado del charco. Para ese entonces mi abuela ya hab\u00eda muerto, no estuvo all\u00ed para repetir sus palabras, pero ellas segu\u00edan ah\u00ed, transform\u00e1ndose, tomando su propio ritmo y acomod\u00e1ndose a mis pensamientos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ma\u00f1ana del sue\u00f1o descubr\u00ed que \u201cTodos estamos en el mismo charco\u201d se ha convertido para m\u00ed en un mantra. Podr\u00eda decir que ha tomado forma de \u201cconsuelo\u201d, pero prefiero pensar que de \u201cmantra\u201d. Consuelo suena a resignaci\u00f3n, mantra se acerca m\u00e1s a una forma de conjurar el pensamiento. La idea de que todos estamos en el mismo charco ha agitado el centro de un idioma, de un pa\u00eds y de un destino: me ha hecho ver de una manera m\u00e1s sencilla que todos vivimos en una vida planetaria convulsa y compleja. Que no estoy, -no estamos-, ni de este lado, ni del otro del charco, que no tengo que atravesar nada, ni tengo que llegar a algo, ni tengo que navegar hacia un punto mejor que otro, sino que todos nos ba\u00f1amos en un gran charco planetario lleno de altibajos, desigualdades y revoluciones, que pertenezco a unas aguas que pueden llegar a ser mucho m\u00e1s profundas y m\u00e1s densas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su tono de desd\u00e9n y su gesto de hombros tambi\u00e9n me hizo pensar que parte del agua que nos queda en este gran charco est\u00e1 infestada. Navegan en la superficie los \u00e1cidos de las bater\u00edas. Los mares vomitan las botellas de todos los n\u00e1ufragos perdidos y todos los zapatos olvidados de los d\u00edas de sol. Gisella Heffes piensa en estas aguas podridas con el trabajo fotogr\u00e1fico de Chirs Jordan que registra albatros rellenos de pl\u00e1stico en la Gran Zona de Basura del Pac\u00edfico (Ver: <a href=\"http:\/\/www.chrisjordan.com\/gallery\/albatross-trailer\/#trailer\">http:\/\/www.chrisjordan.com\/gallery\/albatross-trailer\/#trailer<\/a>). Las im\u00e1genes de los p\u00e1jaros alimentados con toda la basura del mundo y la misma gran isla, -que duplica el tama\u00f1o de Los Estados Unidos-, son producto, seg\u00fan Heffes, del Antropoceno; una Era, que no es \u201cuna\u201d, sino \u201cnuestra\u201d, que define el mayor intervencionismo del humano en la Tierra. En el espejo empa\u00f1ado del Pac\u00edfico, que no refleja el otro cielo, como dir\u00eda Borges, sino el infierno de Dante, Jordan ve reflejado nuestras vidas de consumo ilimitado, la industrializaci\u00f3n y la producci\u00f3n excesiva de pl\u00e1stico. Si navegamos hacia otro lugar no salimos del estanque, podr\u00edamos creernos salvados, invictos, pero la corriente en alg\u00fan momento nos arrastrar\u00e1 devuelta a la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quisiera que Daniel me leyera, conversar con \u00e9l as\u00ed sea de esta manera, pero tal vez todav\u00eda siga en movimiento en toda esa espesura. Pero quisiera que me leyera para hacerle saber que seguimos conectados en este v\u00ednculo planetario, hacerle saber que aunque est\u00e1 en el Dari\u00e9n y yo en este pueblo sin nombre, seguimos compartiendo el olor de las aguas podridas y la preocupaci\u00f3n por los gobiernos in\u00fatiles. Me gustar\u00eda contarle sobre el espiral que alg\u00fan momento tiene que recorrer inversamente, contarle que la selva no es el \u00fanico laberinto y que \u00e9l no es la \u00fanica bestia, que Creta tiene las dimensiones del universo. Quisiera mostrarle la isla del Pac\u00edfico, mostrarle los albatros con el vientre templado por el pl\u00e1stico, tal vez no cambie su rumbo, pero tal vez emprenda una nueva lucha en la desembocadura a la que arribe.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Daniel, el sue\u00f1o con mi abuela, el Dari\u00e9n, la isla de pl\u00e1stico, los albatros, son se\u00f1ales que me han hecho cuestionar mi lugar en este charco. Volv\u00ed a ver las fotograf\u00edas de Jordan y me pregunt\u00e9 en la orilla de esa masa de basura, como si mi computadora hiciera las veces de portal, \u00bfqu\u00e9 me exige esta mirada del gran charco infestado? Record\u00e9 en el instante la frase de Aim\u00e9 C\u00e9saire en <em>Discurso sobre el colonialismo<\/em> que dice que \u201cuna civilizaci\u00f3n que escoge cerrar los ojos ante los problemas m\u00e1s cruciales es una civilizaci\u00f3n herida\u201d. Busco abrir mis ojos debajo del agua, as\u00ed sea en las aguas convulsas de mi pueblo que se desbordan por el calentamiento. Busco quemarme la vista con las basuritas de los l\u00e1pices de mis estudiantes, con las palabras, las formas y las s\u00edlabas que le dan la liquidez a esta corriente. Busco re-situarme en el fondo del charco y tragar desde aqu\u00ed lo que tragan los albatros. Busco, sin quererlo, o queri\u00e9ndolo mucho, estar menos herido, menos podrido, mientras, parad\u00f3jicamente, nado en flecha por toda la podredumbre de estas aguas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sent\u00ed que alguien se hab\u00eda hecho la misma pregunta sobre el lugar que ocupamos en el gran charco cuando escuch\u00e9 en una tarde fr\u00eda de septiembre a la poeta italo-venezonala Ginna Saraceni leyendo su poema \u201cGeograf\u00eda\u201d, de <em>Adri\u00e1tico<\/em>, que dice:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las clases de geograf\u00eda&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">me ense\u00f1aron&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">a imaginar el mundo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En un atlas buscaba los pa\u00edses,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los mares, los desiertos,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y me preguntaba&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">C\u00f3mo pod\u00eda caber<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tanta inmensidad&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una p\u00e1gina.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[\u2026]<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi abuela me dec\u00eda:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cguarda la natura\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces empec\u00e9&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A buscar el mundo&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre la hierba,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cerca de las piedras,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio de las hojas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cGuardar la natura\u201d es una postura, un cuerpo que se defiende en mar abierto. \u201cGuardar\u201d, dice Giuseppe Caputo leyendo a la escritora, es tambi\u00e9n \u201cmirar\u201d en italiano. \u201cGuardar la natura\u201d tiene una doble intenci\u00f3n: \u201cguardarla\u201d en espa\u00f1ol, \u201cmirarla\u201d en italiano. Aun, las palabras en s\u00ed mismas mantienen una relaci\u00f3n humana: la mirada atenta no solamente involucra la vista, implica tambi\u00e9n guardar lo observado en el pecho. Guardar y mirar no est\u00e1n \u00fanicamente ligadas a la contemplaci\u00f3n; guardar lleva en el poema a la acci\u00f3n: \u201centonces empec\u00e9 a buscar el mundo\u201d. Entonces, guardar no solamente lo asociamos con mirar, sino tambi\u00e9n con buscar. Esa tarde fr\u00eda de septiembre entend\u00ed la invitaci\u00f3n: la poes\u00eda me ha invitado a narrar el charco en todas sus formas y condiciones, me ha invitado a narrar su liquidez y su sufrimiento. El gran problema de mi tiempo: el charco infestado, el calentamiento o, para usar el t\u00e9rmino de vanguardia, el antropoceno, me exige guardar, mirar y buscar, me exige narrar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si consideramos la hip\u00f3tesis, si aceptamos en cierta medida que todos estamos habitando el mismo charco, pero, adem\u00e1s, si buscamos una posici\u00f3n frente a los eventos m\u00e1s urgentes de nuestra \u00e9poca, nos podr\u00edamos reconocer como habitantes planterios, como ciudadanos del mundo, seres conectados, ligados, por una misma agua. Si tenemos en cuenta eso, el destino entonces no ser\u00e1 Estados Unidos, o no solamente, no ser\u00e1 un idioma, sino que el destino tambi\u00e9n ser\u00e1 el pueblo m\u00e1s peque\u00f1o del mapa, el pueblo desde donde escribo, ser\u00e1n estas mismas aguas que me ba\u00f1an y otras que no he navegado, ser\u00e1n mis bronquios, mis dendritas, mis ventr\u00edculos, el destino no lo veremos como una meta por alcanzar, sino que lo buscaremos dentro, observaremos sus revoluciones y c\u00f3mo se devuelve en babas, fluidos y l\u00e1grimas al gran charco en el que todos estamos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Lua revista 7 y 8, Enero-junio\/julio-diciembre 2022 Omar Eliecer Lubo Vacca &#8211; oeliecerlubo@gmail.com&nbsp; Hace varias semanas pregunt\u00e9 por Daniel en la peluquer\u00eda. 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