{"id":3263,"date":"2022-12-21T02:01:13","date_gmt":"2022-12-21T02:01:13","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=3263"},"modified":"2023-03-07T18:14:14","modified_gmt":"2023-03-07T18:14:14","slug":"civilizacion-y-otros-cuentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2022\/12\/civilizacion-y-otros-cuentos\/","title":{"rendered":"Civilizaci\u00f3n y otros cuentos"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/02-1-731x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3264\" width=\"618\" height=\"866\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/02-1-731x1024.jpg 731w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/02-1-scaled-600x840.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/02-1-214x300.jpg 214w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/02-1-768x1075.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/02-1-1097x1536.jpg 1097w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/02-1-1463x2048.jpg 1463w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/02-1-scaled.jpg 1829w\" sizes=\"auto, (max-width: 618px) 100vw, 618px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">\u00a9BEJE m\u00e1s de el en&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/beje_art\/\">BEJE (@beje_art) \u2022 Fotos y videos de Instagram<\/a><br><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Lua revista 7 y 8, enero &#8211; junio \/ julio-diciembre 2022<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">\u00c1lvaro Ram\u00f3n Garc\u00eda Benavides &#8211; <a href=\"mailto:argarciabenavides@gmail.com\">argarciabenavides@gmail.com<\/a>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Pr\u00f3logo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los cuentos nacen como una reacci\u00f3n ego\u00edsta de expulsar un miedo o un sue\u00f1o. Una vez son recopilados se evidencia la sintaxis de una visi\u00f3n de mundo. Esta obra es una part\u00edcula en el mar cultural, influenciado por el contexto colombiano y enunciado (<em>Basura, tr\u00e1eme Mukarovsky, s\u00ed por favor, no, es que no, el objeto est\u00e9tico bien puede corresponder a un momento sensible situado en un momento hist\u00f3rico, pero esto otro\u2026<\/em>) por la voz de un artista incompleto que espera continuar el ciclo, afectando los establecimientos y las visiones de qui\u00e9nes comparten ese territorio que dio vida a los textos. El erario caribe tiende a excluirse en el contexto acad\u00e9mico. No nos quedamos en el mestizaje, tan cartesiano, que puede calcular una raza m\u00e1s otra. Nosotros vivimos lo criollo, como una manifestaci\u00f3n art\u00edstica cultural que no solamente sum\u00f3, si no que explot\u00f3 y lanz\u00f3 en m\u00faltiples direcciones, nuestra identidad (<em>Esa met\u00e1fora s\u00ed me gusta, \u00bfPor qu\u00e9 no est\u00e1 en todo el cuento?<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A partir de esta propuesta espero aportar a la revisi\u00f3n de la constituci\u00f3n de la conciencia de lo regional y de la conciencia de la relaci\u00f3n subalterna (<em>\u00a1Ja!, y en espa\u00f1ol<\/em>) con los pa\u00edses metropolitanos. En efecto, son saberes que se complementan en la misma medida que se reflexiona en torno a la heterogeneidad de una totalidad contradictoria y a una inquieta criollizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego, comienza la revelaci\u00f3n de la contra conquista postulando el uso del lenguaje como arma de lucha, victoriosa porque es un arma prestada y transformada. La oportunidad de participar del canon, de los establecido y construido durante siglos, a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n literaria y el cuestionamiento de los valores y la historia. Aunque no se busca arruinar al otro, que tambi\u00e9n se alimenta de lo caribe, y es a su vez parte del cometido. As\u00ed, la criollizaci\u00f3n se manifiesta por surcos arcifinios con una vistosidad espont\u00e1nea. La coqueter\u00eda de las olas que entran y salen de la nominalizaci\u00f3n, brillando bajo la selene opacidad de Glissant. Puede que se comporte como requisito de una constituci\u00f3n regional.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Cardisoma guanhumi o el cangrejo azul<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No s\u00e9 c\u00f3mo se llaman, no s\u00e9 reconocer a lo lejos sus alas. Planean y se lanzan al agua marr\u00f3n: no les creer\u00eda si me dijeran que algo pescan. Es refrescante, sin embargo, o\u00edrlos cantar \u00bfo son otros los que cantan? A veces es el viento silbando entre barandas las canciones de vida profunda que se ahogaron en nuestro mar, agazapado detr\u00e1s de una ci\u00e9naga que no se deja contar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el sol que se oculta grita mi est\u00f3mago la hora, en los andenes se asoman mosquitos y ciclistas. Dejo de escuchar p\u00e1jaros para ser de repente como las moscas posando los ojos en cualquier alimento 200 metros a la redonda \u00bfO como una rata? No, la ciudad est\u00e1 lejana, aqu\u00ed s\u00f3lo abundan vencejos desplumados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cHey loco, no dispares\u201d. Un estallido y los ojos caen desplomados en el pavimento, ah\u00ed donde las hormigas van marchando en destierro lento lejos del progreso.&nbsp; Dijeron luego que no eran disparos, recogieron los luceros de cristal apagado y los montaron en un mural de Transmetro. No s\u00e9, todav\u00eda tengo hambre en el malec\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace tiempo que nada sucede, solo piececitos r\u00e1pidos y se toman las fotos y hacen el video: \u00abMira, el Magdalena\u00bb; mentira, s\u00ed sucede, quienes vuelan, caen,&nbsp; los cazan. Las ratas cazando aves, habrase visto. No son poca cosa las ratas, compran posgrados, se toman vacaciones y ac\u00e1 las residencias son requeteprivadas, por eso no las ven. Pero son buenas amigas de sus amigos, no las culpo. Culpo quiz\u00e1s a las balas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Encienden las luces, nunca jam\u00e1s un panel en el lugar, pero encienden las luces y el Estado dice las palabras, y prometen y sonr\u00eden. Ahora tengo demasiada hambre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por fin el objetivo se ha sentado. Despliego las tenazas con la fuerza del que conoce a la justicia vendida y arranco los envoltorios de su entrepierna, porque superamos la culpa, porque hicimos memoria, desparramando generaciones blancas en la hierba seca, fecundando a la ciudad con el primer grito de independencia verdadera; y sonr\u00edo con ellos, las manchas rojas y plateadas en los jeans caros que se pretenden viejos no har\u00e1n juego a la pantomima al d\u00eda siguiente en el peri\u00f3dico <em>El Heraldo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me levanto y busco mi camino a trav\u00e9s de las barandas, entre la corriente, lejos de animales cosmopolitas: buscando vecinos fluviales, buscando animales cienagueros &nbsp; &nbsp; . Me despido y un \u00faltimo chapuz\u00f3n: despu\u00e9s de la tarulla, hacia los manglares. Uno \u00faltimo antes de las balas, del DAS, antes del \u201cFlorece para todos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Ardea alba<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los d\u00edas en Barranquilla no bajaban de infiernos floridos. Ya no se hablaba de bosque seco tropical, hasta el \u00faltimo mango se baj\u00f3 y quedaron solo las palmeras y los parqueaderos. En febrero ol\u00eda a\u00fan a roble aunque no se sab\u00eda de alguno. En una ocasi\u00f3n se avist\u00f3 el cuerpo de una iguana en el Ca\u00f1o de la Ahuyama, estaba gris porque todo lo que entraba al r\u00edo perd\u00eda su color.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n se ve\u00edan flores cuando se celebraba el amor. A Morticia, una joven que recuerda &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;la belleza de la hierba a punto de marchitarse, le gustaba eso de su ciudad. Siempre ol\u00eda a flores. El calor no le molestaba, como no le molestaba el resplandor del cemento blanco, era una ciudad de mucho progreso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella sab\u00eda que encontrar una flor era tan raro que se aprend\u00eda a sospechar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Te traje esto &#8211; el se\u00f1or la observaba sin emoci\u00f3n mientras le obsequiaba una flor azul. Eran las siete de la noche, en el Parque del Cisne no cantaban cigarras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes, el atardecer ca\u00eda en la Ci\u00e9naga del Rinc\u00f3n pero fue secado y recuperado tantas veces que las garzas preven\u00edan a todo pez, anfibio o reptil del lugar, que se marchen, advert\u00edan, que ya todo era Barranquilla.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Viaje de retorno<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De pronta respuesta, fue notificada aquella, de la dolorosa muerte de su hombre. Bram, bram, cruj\u00edan estrepitosas las bisagras de las losas en el puente de la cuarenta y seis. Sobre ellas, blanco Transmetro. Adentro, los puestos vac\u00edos y el fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Podr\u00eda decirse que el carril exclusivo transcurr\u00eda veloz desde el Portal del Prado hasta el Joe, entre robles que lloraban rosados en los andenes y sobre los ciclistas, y las estaciones que a veces llevaban nombres, como recordando que en esta tierra nadie recordaba. Podr\u00eda decirse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mas cada segundo marcaba lacerante una eternidad repetida. En la notificada, la cicatriz. En los peri\u00f3dicos al d\u00eda siguiente, la raz\u00f3n por la que nunca se habr\u00eda de sanar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Civilizaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hab\u00edan tumbado los \u00e1rboles por la ma\u00f1ana evitando as\u00ed el fulgor del rubio celeste. Las mujeres y los ni\u00f1os levantaban los mangos que la noche hab\u00eda sacudido y entre meriendas y moscas los almacenaban en canastas de c\u00e1\u00f1amo que fabricaban al estilo de r\u00edo arriba. La fruta era jugo, dulce, acompa\u00f1amiento para el almuerzo y desde hace un par de a\u00f1os, una celebraci\u00f3n. Por ello se hab\u00eda despejado ese espacio cerca de la ribera, siempre se hab\u00eda elegido el mismo lugar que otrora reuniera a ind\u00edgenas y barrocos a comerciar, pero ahora la geometr\u00eda organizaba la fiesta y los m\u00fasicos le\u00edan las l\u00edneas desde el r\u00edo, los danzadores segu\u00edan las notas en la tierra y en la hierba seca las hormigas o\u00edan. La sobriedad del asunto reinaba sobre todo en las ma\u00f1anas, con una disciplina vieja eran distribuidas las tareas que culminaban en un desayuno propicio para la siesta: yuca, ajonjol\u00ed, \u00f1ame, ahuyama, lo que quieras. Quiz\u00e1s ese momento singular en su historia no suced\u00eda por primera vez. Antes eran las palabras de los capataces sobre sus espaldas y la ambici\u00f3n de bestias antiguas, pero los mataron a todos una noche de diciembre. Desde la sierra hab\u00edan bajado con piedras y sin estrategias a desbaratar todo rastro del aparato productor, en las plantaciones, en los distritos de riego, las bodegas de insecticidas, las autopistas p\u00e9treas, las bibliotecas, los parques grises y los monumentos de ventanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como algunos conoc\u00edan de historia, prefirieron no sepultar nada. Los alambrados met\u00e1licos se nutrieron de verdes enredaderas, los cascos de los soldados sirvieron muchas veces la sopa y el bocachico. Sab\u00edan que era sangre aquello que engordaba las frutas, y agradec\u00edan antes de cada comida. Llenaron de festivos lo que quedaba de cada semana y a lo sumo se trabajaba tres d\u00edas, tres horas. Una de aquellas celebraciones se realizaba en el mar, un paso hacia adelante, y otro para atr\u00e1s, cada ola que llegaba coqueteaba en el vaiv\u00e9n por confesar de una vez por todas, qu\u00e9 hac\u00eda en este mundo la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El televisor solt\u00f3 la interpelaci\u00f3n con astucia. Los colores entreverados en el filafil audiovisual permitieron durante un destello de segundo la visi\u00f3n de miles de soles asomarse con pl\u00e1cida avidez. Pero regresamos r\u00e1pidamente al sal\u00f3n y los dos amigos terminan la cerveza que enfriaron para la tarde. &#8211; Quita esos documentales, me aburren. Una mirada del anfitri\u00f3n recorri\u00f3 los p\u00f3steres de <em>Los Prisioneros<\/em> &nbsp; &nbsp; &nbsp;y las notas sobre la mesa que no aprend\u00edan su regreso a los cajones. Tom\u00f3 el control remoto y concedi\u00f3 al silencio una oportunidad de satisfacci\u00f3n. &#8211; No era un documental, dijo.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el patio de la casa, la luz amarilla condimentaba la piel, &#8211; Hey, saca la aguapanela de la nevera, &#8211; que no est\u00e1 en la nevera, los pelaos la llenaron de cervezas, &#8211; bueno, p\u00e1same una y apaga ese televisor. Desde afuera llegaban a raudales las champetas que sonar\u00edan en todas las estaciones durante los siguientes meses, ac\u00e1 las present\u00edan. Pero llegaban cansadas en una brisa tan delgada que solamente los bajos quedaban retumbando los huesos y la agitaci\u00f3n por el calor bailaba entonces ceros y unos que empujaban la cabeza al suelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Realmente, s\u00ed exist\u00eda un espacio acomodado en la sombra, muy en la esquina donde se encontraban las paredes de las casas colindantes, esas que nadie voltea a mirar a menos que el ba\u00f1o principal estuviese ocupado. Los vecinos de atr\u00e1s no recordaban cu\u00e1nto &nbsp; &nbsp; &nbsp;llevaba en sus tierras ese roble rosado. \u00c9ste era protagonista en cuatro patios con sus lluvias livianas de temporada, una sinfon\u00eda antigua que transformaba el paisaje e impacientaba a las escobas abuelas que se entreten\u00edan con barrerlas cada d\u00eda. Los troncos se hab\u00edan pluralizado tras cruentas batallas con el concreto y los machetes, viv\u00eda de manera simult\u00e1nea los territorios por sus esquinas. En sus inicios, pensaba, todav\u00eda con baja estatura era posible vislumbrar la entrega del r\u00edo <em>Yuma<\/em> al mar. Escuchaba las leyendas que se le ca\u00edan a los gallinazos antes de quedar encorvados, historias de terror sobre regueros de sal en las ci\u00e9nagas y los mangles, tristes baladas de guerra sobre \u00e9pocas pasadas en las que potrancos de centauro cabalgaban hacia un atardecer que se replegaba en rojo hasta cambiar de nuevo todos los paisajes. -Esas no son leyendas, sucedi\u00f3 hace poco, t\u00fa abuela me dijo. La Mariapalito se inclin\u00f3 suavemente y solt\u00f3 otra vez con vehemencia, -sucedi\u00f3 hace poco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Lua revista 7 y 8, enero &#8211; junio \/ julio-diciembre 2022 \u00c1lvaro Ram\u00f3n Garc\u00eda Benavides &#8211; argarciabenavides@gmail.com&nbsp; Pr\u00f3logo Los cuentos nacen como una reacci\u00f3n ego\u00edsta de expulsar un miedo o un sue\u00f1o. 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