{"id":3214,"date":"2022-12-21T00:42:28","date_gmt":"2022-12-21T00:42:28","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=3214"},"modified":"2023-03-07T18:40:53","modified_gmt":"2023-03-07T18:40:53","slug":"bruce-lee","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2022\/12\/bruce-lee\/","title":{"rendered":"Bruce Lee"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/07-1-edited-scaled.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3217\" width=\"763\" height=\"1016\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/07-1-edited-scaled.jpg 1921w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/07-1-edited-scaled-600x800.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/07-1-edited-225x300.jpg 225w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/07-1-edited-768x1023.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/07-1-edited-1153x1536.jpg 1153w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/07-1-edited-1537x2048.jpg 1537w\" sizes=\"auto, (max-width: 763px) 100vw, 763px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">\u00a9BEJE m\u00e1s de el en&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/beje_art\/\">BEJE (@beje_art) \u2022 Fotos y videos de Instagram<\/a><br><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<br>Lua revista 7 y 8, enero-junio \/julio-diciembre 2022<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>Juan Fernando Mondrag\u00f3n<\/strong> &#8211; <strong>Jferma91@gmail.com<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ning\u00fan experto lo puede acreditar, tampoco hay registros hist\u00f3ricos que lo avalen, totalmente inveros\u00edmil, pero cuando don Augusto Fuentes abri\u00f3 su primera escuela de kung-fu, en el barrio de Nuestra Se\u00f1ora de los Dolores, en Xochimilco, a la edad de 51 a\u00f1os, esa era la principal consigna: aprender el arte bajo la tutela de un hombre que hab\u00eda peleado con Bruce Lee, siendo quiz\u00e1 el \u00fanico mexicano, en contar con dicho privilegio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;En los volantes promocionales aparec\u00eda adem\u00e1s una foto de don Augusto (visiblemente m\u00e1s joven) en posici\u00f3n de <em>Gung Bu <\/em>(Postura del Arquero), y yuxtapuesta, con una edici\u00f3n torpe, una imagen de Bruce Lee, extra\u00edda directamente de <em>Fist of Fury<\/em> (la pel\u00edcula favorita de don Augusto, la conoc\u00eda al dedillo), am\u00e9n de algunas frases tomadas de <em>El Tao del Jeet Kune Do<\/em>, o de las muchas entrevistas, como \u00e9sta que, desde el momento en que un volante de esos cay\u00f3 en mis manos, termin\u00f3 convertida en una suerte de axioma personal: \u201cLa posesi\u00f3n de cualquier cosa comienza en la mente\u201d. Supongo que don Augusto, al igual que yo, se sent\u00eda tambi\u00e9n en plena posesi\u00f3n de sus recuerdos, o de sus delirios, al haberse contado para s\u00ed mismo un pasado as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pese a todo, la verdad es que sab\u00eda dotar de un atisbo de misterio e incertidumbre a su relato. No era exagerado, y no tocaba imp\u00fadicamente el mito que asegura que el famoso artista marcial nunca perdi\u00f3 una pelea, fuera de la paliza que le propiciaron en la adolescencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;La lucha, seg\u00fan el viejo, hab\u00eda sido r\u00e1pida: dos pu\u00f1etazos aqu\u00ed, dos patadas all\u00e1, algunos \u00a1iaaa!, \u00a1puf!, \u00a1zas!, y Augusto estaba acabado en el piso, chorreando sangre de su nariz rota. Duraci\u00f3n del combate: 18 segundos aproximadamente (siete segundos m\u00e1s de los que aguant\u00f3 Yoichi Nakachi). El mexicano no hab\u00eda acertado ninguno de sus golpes, y por causa de esa derrota, se convertir\u00eda en un ferviente defensor del \u201cno camino\u201d. Poca gente puede afirmar haber ca\u00eddo a manos del legendario; Augusto no solo aceptaba el hecho con orgullo sino que fue un parteaguas en su carrera luch\u00edstica y en su existencia: \u00e9l declaraba haber recibido luz de esos nudillos que lo impactaron, literalmente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al principio supusimos, los m\u00e1s cr\u00e9dulos, que la batalla tuvo lugar entre 1959 y 1967, que es la \u00e9poca de Lee residiendo en los Estados Unidos y dirigiendo sus gimnasios de Seattle, Oakland y Los \u00c1ngeles, una temporada de su vida en que, para variar, hac\u00eda demostraciones pr\u00e1cticamente en todo aquel sitio que pisara.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A eso se le a\u00f1ade el hecho de que el artista marcial recib\u00eda desaf\u00edos casi siempre, aunque, dicen que solo acept\u00f3 un pu\u00f1ado de ellos, resultando vencedor en todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Sin embargo, don Augusto nos imped\u00eda creer en su palabra, dar un m\u00ednimo de posibilidad a su f\u00e1bula, en el instante en que afirmaba que dicha pelea se hab\u00eda llevado a cabo no en Estados Unidos ni en Hong Kong sino en M\u00e9xico; no en las zonas conurbadas y cosmopolitas del M\u00e9xico de los a\u00f1os sesenta sino en Xochimilco, en el barrio de Nuestra Se\u00f1ora de los Dolores. Ah\u00ed mismo. Ah\u00ed intercambiaron sus golpes. Haciendo cuentas, Augusto jur\u00f3 la veracidad de su relato unos cuarenta a\u00f1os, es decir, desde el momento en que el supuesto encuentro hab\u00eda sucedido, a la edad de los 20, hasta el d\u00eda de su muerte. Sobra decir que muri\u00f3 creyendo lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gente que lleva a cuestas sus cuentos extraordinarios no ha faltado nunca. Tenemos, por ejemplo, al tipo que se ve li\u00e1ndose a pu\u00f1os con Mohamed Al\u00ed a las afueras de un bar en Nueva York, durante una noche cualquiera para el boxeador, y que seguramente olvid\u00f3 a la ma\u00f1ana siguiente; el sujeto que dio un par de consejos a Randy Johnson, cuando eran vecinos, obviamente antes de que el beisbolista llegara a los marineros y ganara todo lo que hay que ganar en las Grandes Ligas; o ese fulano que en cierta ocasi\u00f3n jug\u00f3 un partido callejero con un jovenc\u00edsimo Michael Jordan en un parque p\u00fablico de Carolina del Norte, antes de que el muchacho diera aquel famoso estir\u00f3n de 10 cent\u00edmetros que lo llevaron a consolidarse como basquetbolista profesional. Es decir, todos sucesos que nadie desmiente, pero tampoco nadie asegura: mitos. Existen y no existen. Pero la pertenencia de don Augusto a la categor\u00eda de los sinceramente mentirosos ser\u00eda incuestionable sino fuera porque en este caso s\u00ed existe algo, tangible, tan tangible como una fotograf\u00eda, esa maldita fotograf\u00eda, que el anciano resguardaba en su cartera, al acecho de alg\u00fan esc\u00e9ptico que requiriera, con la dureza de un rodillazo a la mand\u00edbula, una prueba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La foto ten\u00eda su magia: no perdi\u00f3 jam\u00e1s la claridad de sus colores, como obstin\u00e1ndose, espejeando a su due\u00f1o, y hasta hubo aqu\u00e9l que intent\u00f3 comprarla. Y no es para menos. El retrato resulta inquietante: un joven Augusto \u2014vendada la mitad de su cara, con un ojo hinchado\u2014 abraza a un hombre (porque es mejor llamarlo solo as\u00ed, \u201cun hombre\u201d), delgado pero atl\u00e9tico, de pelo corto y negro, poco mayor que el mexicano, indudablemente asi\u00e1tico, si bien las gafas oscuras impidan tener certeza del rostro. En los treinta a\u00f1os que Augusto mostr\u00f3 la foto con el objeto de reforzar su historia, \u201csu mito\u201d, nadie fue capaz de desmentirla al cien por ciento. Entonces el ambiente de la pl\u00e1tica se llenaba de un misticismo que lenta, pero impecablemente, llenaba los ojos del se\u00f1or Fuentes, carg\u00e1ndolo como un fiel sparring&nbsp; a la cima del orgullo, y todo en el universo era ese objeto, esa imagen que exist\u00eda pero al mismo tiempo no.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los registros, como mencion\u00e9 antes, no pueden validar la historia. No hay constancia de viaje alguno realizado por el artista marcial a tierras aztecas. Los expertos son tajantes al respecto. Y est\u00e1 el hecho de que nadie, fuera del viejo, parece recordar el suceso. Nadie lo vivi\u00f3. Nadie estuvo ah\u00ed. Alguno, astutamente, ha preguntado: \u00bfy qui\u00e9n fue el que tom\u00f3 la foto? La prensa de esos a\u00f1os ignor\u00f3 ol\u00edmpicamente el evento. Adem\u00e1s, cabr\u00eda cuestionarse, con suma pertinencia, \u00bfpor qu\u00e9 Xochimilco?, y m\u00e1s importante, \u00bfpor qu\u00e9 contra Augusto Fuentes? Cuando se le ped\u00edan m\u00e1s detalles, m\u00e1s precisiones, algo de qu\u00e9 asirse al sue\u00f1o a pesar de la fotograf\u00eda, \u00e9ste se tornaba inquietantemente parco, como si ante la foto cualquier duda resultar\u00e1 en autom\u00e1tico una ofensa. Entonces Augusto balbuceaba algunas cosas, notablemente ofendido, y cambiaba el tema, o se iba a su cuarto a dormir, (que se situaba en el mismo edificio que su escuela), apagaba las luces y en dos minutos estaba ya roncando, en un gesto que a m\u00ed se me hac\u00eda similar al de alguien que patalea encaprichado, aunque quiz\u00e1 tambi\u00e9n como una forma de proseguir sin perturbaciones ni vacilaciones el m\u00edtico combate, pero ahora en el sue\u00f1o, en donde volv\u00eda a ver a Bruce Lee, y se iban por un trago, o se daban la revancha por en\u00e9sima ocasi\u00f3n, o vaya a saber qu\u00e9 eleg\u00edan hacer esos dos que siempre parecieron estar perfectamente bien en el reino de los recuerdos y las ilusiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las generaciones que vieron pasar a Augusto como pupilos suyos deb\u00edan escuchar la haza\u00f1a en la primera clase, como un ritual inici\u00e1tico al culto de la a\u00f1oranza, m\u00e1s que al del kung-fu.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Debo admitir que nos funcionaba como una suerte de triunfo interno. En cierta manera era nuestro mito fundador. A el volv\u00edamos cuando exist\u00edan dudas en nosotros mismos. Cuando nos aquejaba alguna derrota. Cuando nos perturbaba nuestra natural incompetencia en el arte de lanzar patadas. Volv\u00edamos a esa noche en que Augusto cay\u00f3 venerablemente vencido por el legendario, y sin la cual no estar\u00edamos ah\u00ed. \u00c9ramos, todos los disc\u00edpulos del viejo, hijos de la p\u00e9rdida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Ya mucho tiempo despu\u00e9s comprend\u00ed que de eso precisamente se tratan los mitos, no de la mentira ni de la verdad sino de lo propio, que en resumen era esa foto que Augusto mand\u00f3 a imprimir para colgarla en el muro principal. Pero cuando los alumnos crec\u00edan se volv\u00edan inevitablemente esc\u00e9pticos, y se barajaban varias posibilidades: la m\u00e1s probable, que el luchador misterioso era un hombre cualquiera bastante parecido a Bruce Lee, incluso tal vez un imitador, aunque tambi\u00e9n podr\u00eda ser que ese otro joven moreteado no fuese un Augusto de 20 a\u00f1os sino otra persona. La llegada de ese pensamiento era un indicativo de que los j\u00f3venes de la escuela se ir\u00edan pronto y se dedicar\u00edan a otra cosa, y si bien yo tambi\u00e9n lo hice, la inquietud que me causaba esa foto y esa an\u00e9cdota nunca se fue del todo, de vez en cuando me volv\u00eda a encontrar en un sue\u00f1o, en alg\u00fan recuerdo, al doblar la esquina o al terminar la primera l\u00ednea en una p\u00e1gina blanca. Alguien por ah\u00ed se invent\u00f3 la palabra \u201cnientitud\u201d, que designa una sensaci\u00f3n de nostalgia por momentos que nunca pasaron, cosa que a Augusto y a m\u00ed acaso nos cae como anillo al dedo.Sin intenci\u00f3n de querer ser cursi, como anticipando la noche en que habr\u00eda de morir, don Augusto y yo nos reencontramos a\u00f1os despu\u00e9s en una fonda del barrio. En medio de dos tortas revivimos mis tiempos como alumno, el d\u00eda en que llegu\u00e9, todo flacucho y t\u00edmido, a su escuela con la esperanza de beber indirectamente del sabio r\u00edo bruceleeano. En alg\u00fan momento me dijo \u201cJuan, yo s\u00e9 que ya no me crees. Antes lo hac\u00edas pero ahora ya no. No s\u00e9 por qu\u00e9 si has visto la fotograf\u00eda. Cuando ni\u00f1o la tomaste entre tus manos y hasta te vi lagrimear. La miraste mil veces. Yo digo que te ense\u00f1aron a pensar en otras cosas. Ahora para creer necesitas que alguien vaya atrasito de ti, como sujet\u00e1ndote, por el miedo de que te fueras a caer de espaldas o algo as\u00ed. Pero yo no miento. S\u00e9 lo que viv\u00ed. Te pido que creas en m\u00ed otra vez. Que vayas y hagas todas tus cosas de papeles, computadoras, investigaciones y esas cosas que haces t\u00fa y les demuestres que puedo tener la raz\u00f3n. Que nunca dije una mentira. Ve y diles, Juan\u201d.Don Augusto muri\u00f3 al poco tiempo de esa conversaci\u00f3n. Me recuerdo vagabundeando por las calles del barrio cuando termin\u00f3 la comida. Recuerdo una papeler\u00eda, una iglesia, una primaria, una tienda, el calor, tanta gente cotidiana en su cotidianeidad, como mi maestro, que a pesar de todo no dej\u00f3 de ser un Augusto Fuentes promedio, un est\u00e1ndar, por lo que este cuento se deber\u00eda llamar \u201cAugusto Fuentes\u201d, si no fuera por esta certeza infantil que traigo de que hallar\u00e9, sin importar c\u00f3mo, la prueba de que Bruce Lee estuvo en Xochimilco en los a\u00f1os sesenta, y que pele\u00f3 con un mexicano, en una lucha que dur\u00f3 18 segundos aproximadamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)Lua revista 7 y 8, enero-junio \/julio-diciembre 2022 Juan Fernando Mondrag\u00f3n &#8211; Jferma91@gmail.com Ning\u00fan experto lo puede acreditar, tampoco hay registros hist\u00f3ricos que lo avalen, totalmente inveros\u00edmil, pero cuando don Augusto Fuentes abri\u00f3 su primera escuela de kung-fu, en el barrio de Nuestra Se\u00f1ora de los Dolores, en Xochimilco, a la edad [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[69],"tags":[22],"class_list":["post-3214","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-numero-7","tag-cuento"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3214","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3214"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3214\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3615,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3214\/revisions\/3615"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3214"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3214"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3214"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}