{"id":2968,"date":"2021-09-11T20:35:14","date_gmt":"2021-09-11T20:35:14","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=2968"},"modified":"2021-09-11T20:35:15","modified_gmt":"2021-09-11T20:35:15","slug":"la-sombra-de-orion-de-pablo-montoya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2021\/09\/la-sombra-de-orion-de-pablo-montoya\/","title":{"rendered":"La sombra de Ori\u00f3n de Pablo Montoya"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/la-sombra-de-orion-663x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2969\" width=\"628\" height=\"969\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/la-sombra-de-orion-663x1024.jpg 663w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/la-sombra-de-orion-600x926.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/la-sombra-de-orion-194x300.jpg 194w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/la-sombra-de-orion-768x1186.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/la-sombra-de-orion-995x1536.jpg 995w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/09\/la-sombra-de-orion.jpg 1100w\" sizes=\"auto, (max-width: 628px) 100vw, 628px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Lua revista 6, julio-diciembre 2021<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">Gyldyl Rodr\u00edguez\u00a0 &#8211; <a href=\"mailto:rodriguezgyldyl@gmail.com\">rodriguezgyldyl@gmail.com<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color wp-block-paragraph\">Pablo Montoya. (2021). <em>La sombra de Ori\u00f3n. <\/em>Bogot\u00e1: Editorial Penguin Random House.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>\u201cMi persona&nbsp;no est\u00e1&nbsp;hecha para compartir el odio,&nbsp;sino el amor\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">\u00a0&#8211; S\u00f3focles<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de disponerme a leer esta novela, me detuve a analizar una entrevista dirigida a Pablo Montoya, escritor de <em>La sombra de Ori\u00f3n<\/em> en la p\u00e1gina web de Hacemos Memoria, un proyecto de la Universidad de Antioquia&nbsp;en el que se abren espacios de di\u00e1logo sobre el conflicto armado y la violaci\u00f3n de los Derechos Humanos en Colombia. En esta, Montoya expone que la idea de redactar la novela surge en Francia, pa\u00eds al que viaj\u00f3 en el a\u00f1o 2015 pues gan\u00f3 una beca para escribir. El novelista relata que se hosped\u00f3 en un apartamento peculiar, con energ\u00edas muy densas y que unas extra\u00f1as presencias no le dejaban dormir, por lo que el insomnio no tard\u00f3 en aparecer y la lectura de la novela <em>Dora Bruder,<\/em> del escritor franc\u00e9s y premio Nobel de Literatura Patrick Modiano, result\u00f3 ser un buen pasatiempo en el cual invertir las horas de descanso interrumpidas. El libro trata sobre una desaparecida jud\u00eda en la \u00e9poca nazi en Par\u00eds; Montoya cuenta que al terminarlo se conmovi\u00f3, y que no estaba seguro si era el ambiente l\u00f3brego de aquel lugar o la narrativa modiana, pero sinti\u00f3 \u201cque los desaparecidos de La Escombrera en Medell\u00edn, atravesaban el oc\u00e9ano y le tocaban la puerta de ese apartamento para decirle: \u201cOc\u00fapese de nosotros\u201d (ve\u00e1se en: <a href=\"http:\/\/hacemosmemoria.org\/2021\/02\/06\/la-sombra-de-orion-una-novela-sobre-violencia-y-desaparicion-forzada-en-medellin\/\">http:\/\/hacemosmemoria.org\/2021\/02\/06\/la-sombra-de-orion-una-novela-sobre-violencia-y-desaparicion-forzada-en-medellin\/<\/a>).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde siempre me he sentido atra\u00edda por lo sobrenatural, aquello de lo que nadie habla, lo que no tiene explicaci\u00f3n. Teniendo en cuenta esta particular inclinaci\u00f3n, considero que el hecho de que la novela tenga sus cimientos en una experiencia \u201cfantasmal\u201d le da un car\u00e1cter fascinante, pues inquieta y propicia la curiosidad por leerla. Asimismo, encuentro cierta relaci\u00f3n entre la vivencia del escritor y la tem\u00e1tica del libro, pues ambas se desarrollan en un espacio sombr\u00edo atravesado por la muerte, como expondr\u00e9 en l\u00edneas posteriores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pablo Montoya es un profesor y escritor colombiano, nacido en Barrancabermeja. Ha abordado en su recorrido literario m\u00faltiples g\u00e9neros como la poes\u00eda, el cuento, y el ensayo.&nbsp; Hasta el momento ha publicado 6 novelas, entre las que destacan: Tr\u00edptico de la infamia (2014), La escuela de m\u00fasica (2018) y La sombra de Ori\u00f3n (2021). Con esta \u00faltima cierra el ciclo de obras que retratan la violencia en Am\u00e9rica Latina, espec\u00edficamente en Colombia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La novela en menci\u00f3n, est\u00e1 constituida por 9 cap\u00edtulos, algunos m\u00e1s extensos que otros, cada uno trabaja un tema en particular: la operaci\u00f3n, las bandas, Alma, las milicias, el mapa, los paramilitares, la sonoteca, la escombrera, la cura. Con un dominio hist\u00f3rico admirable y la emoci\u00f3n saliendo a relucir en cada palabra escrita, Montoya a trav\u00e9s del personaje principal de la novela, Pedro Cadavid, nos zambulle brutal pero paulatinamente, en las comunas populares de Medell\u00edn, present\u00e1ndonos una de las problem\u00e1ticas m\u00e1s tristes y desgarradoras de nuestro pa\u00eds: las desapariciones forzadas. Este fen\u00f3meno se asocia en la novela espec\u00edficamente con la Operaci\u00f3n Ori\u00f3n, llevada a cabo el 16 y 17 de octubre de 2002 en la comuna 13, en la cual el Estado se uni\u00f3 a los paramilitares y narcotraficantes, por orden del expresidente \u00c1lvaro Uribe V\u00e9lez. Con el objetivo de eliminar los grupos milicianos sublevados, ubicados en la comuna.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pedro Cadavid, acababa de llegar de Par\u00eds cuando se desplegaba esta operaci\u00f3n, por lo que al avanzar en la lectura de la novela, vamos junto con el personaje conociendo qu\u00e9 pas\u00f3 en la comuna en esos d\u00edas, qu\u00e9 sintieron los habitantes de la zona, c\u00f3mo personas externas a la situaci\u00f3n pertenecientes a la \u00e9lite de Medell\u00edn apoyaban la masacre por intereses propios, y c\u00f3mo otras simplemente se desentend\u00edan de lo que acaec\u00eda:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>\u00bfPudiste dormir? \u2013pregunt\u00f3 Pedro cuando se levant\u00f3.<\/li><li>Claro \u2013dijo Raquel.<\/li><li>\u00bfNo o\u00edste el despelote de anoche?<\/li><li>\u00bfCu\u00e1l despelote?<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pedro se pregunt\u00f3 si todo lo hab\u00eda imaginado. Mientras desayunaba, habl\u00f3 de los helic\u00f3pteros, de las balaceras y los bombazos.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\"><li>Solo al amanecer la cosa se calm\u00f3 \u2013dijo.<\/li><li>\u00a1Ah!, debi\u00f3 ser La Comuna \u2013dijo Raquel.<\/li><li>\u00bfEn serio no escuchaste nada?<\/li><li>Lo que pasa es que pongo el ventilador cerca a mi cama, para que ning\u00fan ruido de afuera me moleste (p.60-61).<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Teniendo en cuenta la cita anterior, Montoya nos presenta la imagen de una ciudadan\u00eda indolente, en la que el olvido carcome cual c\u00e1ncer la dignidad y humanidad de las personas, as\u00ed como los cimientos de la ciudad. La obra est\u00e1 plagada de personajes a los que no les interesa en absoluto lo que ocurre en las comunas, por el contrario, normalizan y hacen cotidiana la enfermedad de la violencia: \u201cY no nos enga\u00f1emos, Pedro, ciudades sanas nunca han existido. Todas tienen su anomal\u00eda\u201d (p.28). La novela es una suerte de espejo, que refleja nuestra falta de empat\u00eda y nos invita a reflexionar sobre todo lo que le debemos a aquellos olvidados en las estad\u00edsticas, pero que por un momento vuelven a la vida mientras leemos sus historias.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cap\u00edtulo de la escombrera es el que mejor permite esa resurrecci\u00f3n moment\u00e1nea y el di\u00e1logo con los fallecidos, siendo el m\u00e1s desgarrador y visceral de todos los apartados, crea temporalmente un puente entre vivos y muertos. El narrador omnisciente de la novela se deja invadir por las voces de los muertos como la de mujer que les daba tinto a los milicianos y fue asesinada. La del chico que vend\u00eda l\u00e1pices y cuadernos y recibi\u00f3 un impacto de bala en la cabeza o Machuca, un ni\u00f1o desplazado marcado por las llamas de la violencia, al que le encantaba cantar y danzar cuando estaba vivo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La novela aborda la violencia en Medell\u00edn, desde la auto-reflexi\u00f3n. Se formula preguntas a s\u00ed misma, se ramifica; pone especial atenci\u00f3n al arte, la literatura y la m\u00fasica que se dan en la comuna y desde esa posici\u00f3n, hace resistencia. La postura art\u00edstica la encarna un personaje particular, el cart\u00f3grafo, quien dedica su vida al dise\u00f1o de un mapa en el que se registran diariamente las muertes, un atlas que parece no tener fin. La posici\u00f3n literaria, se presenta desde el cuestionamiento, \u00bfc\u00f3mo enfrentarse a la problem\u00e1tica de la violencia desde la literatura? \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda su objetivo? \u00bfExiste una relaci\u00f3n de consanguinidad entre episodios siniestros y la narrativa colombiana? (p.81). Finalmente se aborda la violencia desde la m\u00fasica, convirti\u00e9ndola en instrumento para dignificar a los desaparecidos: el music\u00f3grafo de la escombrera es el \u00fanico que encuentra algo de ellos, aunque sean solo vestigios incomprensibles de lo que alguna vez fue vida. De esta manera, el escritor demuestra que el fen\u00f3meno de la violencia se puede plantear desde diferentes aristas y no solo desde la narco o paraco-novela.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con un final inesperado, Montoya nos demuestra que la violencia puede llegar a somatizarse y convertirse en enfermedad, que quiz\u00e1s todos la llevamos por dentro, y que debemos buscar como Pedro Cadavid, la forma de sanar. El \u00faltimo cap\u00edtulo \u201cLa cura\u201d nos permite presenciar el decaimiento de este personaje y su descenso al mundo de los muertos. Nos adentramos en una narraci\u00f3n en la que los sue\u00f1os, las pesadillas y las terapias de sanaciones ancestrales, as\u00ed como sus medicinas, tienen singular relevancia. Es as\u00ed como Alma, (pareja sentimental de Cadavid) cumple un rol primordial, pues es ella quien a trav\u00e9s del amor gu\u00eda a Pedro cual Beatriz de Dante, a lo que ser\u00e1 su nuevo nacimiento. El amor entre estos personajes&nbsp; funge como impulso y apoyo para hacer y dejar un legado, un producto palpable que permita recordar y dignificar la vida de los desaparecidos. A su vez, tambi\u00e9n permite soportar la terrible sensaci\u00f3n de vivir en una ciudad enferma.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En suma, Montoya presenta el amor y el retorno a lo natural como una forma de curaci\u00f3n del alma y el cuerpo. Este es un llamado a reconocer la oscuridad en la que hemos vivido como pa\u00eds y aceptarla, para as\u00ed de una vez por todas pasar la p\u00e1gina y salir del atolladero en el que por a\u00f1os hemos estado inmersos. <em>La Sombra de Ori\u00f3n<\/em> m\u00e1s que un libro dedicado a la comuna 13, es una cartograf\u00eda de la violencia en Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Lua revista 6, julio-diciembre 2021 Gyldyl Rodr\u00edguez\u00a0 &#8211; rodriguezgyldyl@gmail.com Pablo Montoya. (2021). La sombra de Ori\u00f3n. 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