{"id":2380,"date":"2021-02-23T00:07:35","date_gmt":"2021-02-23T00:07:35","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=2380"},"modified":"2021-03-12T21:34:35","modified_gmt":"2021-03-12T21:34:35","slug":"la-casa-vacia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2021\/02\/la-casa-vacia\/","title":{"rendered":"La casa vac\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image is-style-rounded is-style-rounded--1\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"680\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-1024x680.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2383\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-1024x680.jpg 1024w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-600x399.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-300x199.jpg 300w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-768x510.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-1536x1020.jpg 1536w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/12-2048x1360.jpg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>\u00a9Jenilee Montes<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Lua revista 5, enero-junio 2021<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">Alberto Mu\u00f1oz &#8211; <a href=\"mailto:albertomunoz0426@gmail.com\">albertomunoz0426@gmail.com<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eran las seis de la ma\u00f1ana y todav\u00eda los gallos segu\u00edan cantando. A esa hora todas las cosas danzaban al son de los ruidos cotidianos: canastas de fruta encajando una sobre otra, voces reci\u00e9n levantadas caminando hasta la estaci\u00f3n de transportes, aves orquestando el desfile de ni\u00f1os que iban hacia la escuela mientras el sol dejaba caer sus primeras caricias sobre los tejados.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 el esc\u00e1ndalo de esos gallos? \u2013 reconoc\u00ed la voz del vecino de la casa roja.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Ya ha pasado antes \u2013 dijo el se\u00f1or de la casa de enfrente \u2013. Cada vez que a estos gallos se los coge el d\u00eda cantando es porque aqu\u00ed est\u00e1 pasando algo raro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos le creyeron al canto de los gallos porque esa ma\u00f1ana nadie se atrevi\u00f3 a abandonar su casa y prefirieron las ventanas, desde ellas se ve\u00edan las miradas furtivas intentando cazar la calamidad, las siluetas dibujadas en las cortinas trasl\u00facidas. Se sent\u00edan las voces atravesando la calle, rumores. El vecindario hab\u00eda quedado solitario y pasmado, en pausa por el morboso anhelo de lo que pudo haber pasado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00a1No puede ser! \u2013 un grito cruz\u00f3 la esquina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El espasmo hab\u00eda roto la taciturna calma y en un segundo la multitud estaba all\u00ed, alrededor de la casa azul, como \u00e1guilas hambrientas dando picotazos a su presa. La interrogante marea de vecinos contempl\u00f3 la casa y el dolor de su due\u00f1a, tendida de rodillas, los muslos le besaban el suelo y sus manos intentaban luchar para no dejarla caer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00a1Me lo han robado todo! \u2013 grit\u00f3 la se\u00f1ora de la casa azul.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La casa estaba vac\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Alguien entr\u00f3, carg\u00f3 con todo y se fue \u2013 dijo una voz en la multitud.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos supon\u00edan un gran robo, sin perros ladrando, sin puertas forzadas, sin se\u00f1al alguna. No hubo un solo rasgu\u00f1o en las cortinas, ni huellas, ni rastros, todo se hab\u00eda ido, solo quedaron los ecos rebotando en las paredes\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ayer \u2013 confieso \u2013 tuve mucho miedo, no pod\u00eda recordar cu\u00e1ntas veces me hab\u00edan despertado los cantos y luego la triste noticia en alguna casa del vecindario. Me dol\u00eda imaginar la vida en una casa vac\u00eda, no pude evitar pensar en el sonido de los gallos, las miradas de los vecinos y el llanto. \u00bfQu\u00e9 hay m\u00e1s triste que una casa vac\u00eda? \u2013 pens\u00e9 \u2013 \u00bfQu\u00e9 hay m\u00e1s doloroso que llegar y no llegar a ning\u00fan lado porque todo se ha ido? Y me tend\u00ed, abrac\u00e9 mis s\u00e1banas y empec\u00e9 a buscar el sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00bfA qui\u00e9n le tocar\u00e1 ma\u00f1ana? \u2013 dijo una voz del otro lado de mi ventana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Sabr\u00e1n los gallos \u2013 respondi\u00f3 otra voz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A qui\u00e9n le tocar\u00e1 ma\u00f1ana \u2013 me repet\u00ed \u2013, la pregunta segu\u00eda pegada en mi ventana disimulando su tortura tras los delicados rayos de luna que atravesaban el vidrio, la repet\u00ed una y otra vez hasta sentir el temor acomod\u00e1ndose sobre m\u00ed. A qui\u00e9n le tocar\u00e1 ma\u00f1ana \u2013 segu\u00ed pensando \u2013, mi casa aparecer\u00e1 vac\u00eda mientras los gallos lo celebrar\u00e1n con su canto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00bfSabr\u00e1n los gallos? \u2013 murmur\u00e9 en direcci\u00f3n a la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No recuerdo c\u00f3mo not\u00e9 un zumbido que se hac\u00eda cada vez m\u00e1s fuerte en el silencio de la noche, pod\u00eda sentir aquel s\u00f3rdido sonido rebotando por toda la habitaci\u00f3n y llev\u00e1ndose mi calma al comp\u00e1s de su ritmo. Poco a poco el sonido fue abandonando su forma ambigua y pude saber que nac\u00eda en el rinc\u00f3n m\u00e1s oscuro debajo de mi cama, son ronquidos \u2013 pens\u00e9 \u2013.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00a1Aqu\u00ed, aqu\u00ed, aqu\u00ed! \u2013 grit\u00e9 mientras corr\u00eda hacia la calle y se\u00f1alaba mi puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y en poco tiempo hab\u00eda m\u00e1s gente de la que mi habitaci\u00f3n pod\u00eda albergar. Las miradas del vecindario guardaban solemne atenci\u00f3n a mis temblorosas manos que los guiaban hacia el fondo de mi cama. Recuerdo haber intentado explicar lo que hab\u00eda visto pero no pude encontrar mi voz, solo pude conservar mi dedo \u00edndice extendido con direcci\u00f3n a los ronquidos que nunca se detuvieron hasta que el se\u00f1or de la casa roja asom\u00f3 su cara por debajo de mi cama y al verlo, de un solo jal\u00f3n, lo puso frente a la furiosa marea de vecinos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013 Este fue el que dej\u00f3 mi casa vac\u00eda \u2013 dec\u00eda la vecina de la casa azul.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00a1Y la m\u00eda! \u2013 gritaron otros m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pobre hombre a\u00fan parec\u00eda dormido cuando recibi\u00f3 los primeros garrotazos y no tuvo tiempo para despertar del todo. Recuerdo haberme preguntado con el dedo todav\u00eda extendido y temblando si los gallos amanecer\u00edan cantando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Lua revista 5, enero-junio 2021 Alberto Mu\u00f1oz &#8211; albertomunoz0426@gmail.com Eran las seis de la ma\u00f1ana y todav\u00eda los gallos segu\u00edan cantando. 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