{"id":2174,"date":"2020-06-13T23:06:35","date_gmt":"2020-06-13T23:06:35","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=2174"},"modified":"2020-06-13T23:30:13","modified_gmt":"2020-06-13T23:30:13","slug":"notas-enfermas-la-covid-19-y-sus-metaforas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2020\/06\/notas-enfermas-la-covid-19-y-sus-metaforas\/","title":{"rendered":"Notas enfermas: la Covid-19 y sus met\u00e1foras"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/covid-3-875x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2175\" width=\"535\" height=\"625\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/covid-3-875x1024.jpg 875w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/covid-3-600x702.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/covid-3-256x300.jpg 256w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/covid-3-768x899.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/covid-3.jpg 1080w\" sizes=\"auto, (max-width: 535px) 100vw, 535px\" \/><figcaption>\u00a9Besnik Grainca, m\u00e1s de \u00e9l en: <a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/besnikgrainca\/\">https:\/\/www.instagram.com\/besnikgrainca\/<\/a><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre &nbsp;2019\/enero- junio 2020<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">Por Julio Penenrey Navarro &#8211; <a href=\"mailto:juliopenenrey@hotmail.com\">juliopenenrey@hotmail.com<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A mi manera, las dos mejores cualidades del virus que produce la Covid-19 son su ubicuidad: esa suerte de estar aqu\u00ed y all\u00e1, all\u00e1 y aqu\u00ed y por todos lados, y esa forma de ausencia, de vaciamiento. Se ha dicho que el virus se ha esparcido por todo el mundo, que anduvo desde un principio de aeropuerto en aeropuerto viajando en <em>Businness class<\/em>, que ha estado en este pa\u00eds y en este otro, que ha ocasionado cientos y miles de muertos, pero nadie lo ve. No lo detecta el ojo humano, no lo percibe su limitada capacidad visual. Vali\u00e9ndose de esa limitaci\u00f3n, cuando \u00e9l nos encuentra asoma el triunfo de su especie. Lo impulsa, ante todo, el deseo febril y promiscuo por los cuerpos. Porque, antes de que lo olvide, es tambi\u00e9n insaciable y orgi\u00e1stico. Surfea por uno y otro, entre miles, en un accionar inagotable. Entonces, decide met\u00e9rsenos por la boca o por los ojos, aunque ni as\u00ed lo veamos. Ha elegido pasar invisible cuando azota con mayor voracidad entre nosotros. En gran parte a ello debe su \u00e9xito y su condici\u00f3n de viajero internacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>2<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La comunidad cient\u00edfica nos ha hecho saber que el \u201cvirus viajero\u201d es una especie zoon\u00f3tica perteneciente a una familia mayor de siete coronavirus. Este responde al nombre cient\u00edfico de SARS-CoV-2, mientras que la enfermedad, la Covid-19 (por su significado en ingl\u00e9s: <em>Coronavirus desease <\/em>2019), es el cuadro cl\u00ednico que el virus produce cuando coloniza los cuerpos humanos. La etiqueta de \u201cvirus viajero\u201d le sienta muy bien a este miembro ejemplar de los coronavirus. Al parecer, mut\u00f3 hacia nosotros a trav\u00e9s de un murci\u00e9lago, un mam\u00edfero volador, pero \u00e9l mismo no vuela. Muy en su contra, cuando est\u00e1 en el aire, cae. Lo vence la gravedad; pero no tanto para matarlo. Como se le hace dif\u00edcil el vuelo por cuenta propia, viaja y da la impresi\u00f3n que lo hace a la manera de los viajeros m\u00e1s experimentados del mundo. Un an\u00f3nimo murci\u00e9lago chino fue su primer aeroplano hasta que encontr\u00f3 mejor sofisticaci\u00f3n en los Boeing y Airbus de los aeropuertos internacionales. Como sabe que cae \u00a1porque se los aseguro que sabe! cuando est\u00e1 en tierra se aferra a las cosas y a los objetos hasta que \u00a1pum! se nos mete al cuerpo. Pilotea y viaja; viaja y pilotea. Ya dentro, hace del cuerpo su nuevo hogar viajante para as\u00ed permitirse llegar a otros cuerpos-lugares, ya reproducido. Pilotea, viaja, se reproduce; se reproduce, viaja, pilotea y as\u00ed, va haciendo de nosotros sus avecillas, sus m\u00e1quinas de vuelo. Da la impresi\u00f3n entonces de que siempre est\u00e1 en el aire y que se esparce por \u00e9l, aunque hayan dicho lo contrario. Desde ah\u00ed, ventajoso en su posici\u00f3n panor\u00e1mica, avista sin anunciar su pr\u00f3xima zona de aterrizaje. Tener el virus, estar contagiado, implica, sin que seamos consciente de ello, establecer con \u00e9l una relaci\u00f3n contractual: ser a la vez el locus de la enfermedad y su medio de propagaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>3<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mucho antes de comprender que un gran n\u00famero de enfermedades surgen por el contagio de organismos imperceptibles al ojo humano (bacterias, virus, hongos, par\u00e1sitos, etc.), la medicina occidental cl\u00e1sica se apoy\u00f3 en algunos imaginarios religiosos y m\u00e1gicos. Ese esfuerzo devino en la creaci\u00f3n de varias met\u00e1foras explicativas del fen\u00f3meno. La enfermedad como castigo divino, muy a mi gusto, es una de las formas m\u00e1s bellas y m\u00e1s dram\u00e1ticas de su compresi\u00f3n. \u00a1Malditos los enfermos y benditos los sanos! \u00a1Inocente la seductora Pandora! \u00a1Castigadores los dioses que mandaron con ella los males y las enfermedades a los hombres! \u201cEl sabio Edipo\u201d lo supo bien. La sangre sucia del asesino de Layo pisaba Tebas a\u00fan. La peste hab\u00eda arrasado ya con las cosechas, cad\u00e1veres animales exhalaban su hedor en los campos y los tebanos mor\u00edan de hambre y enfermos. Solo el destierro del asesino calmar\u00eda la maldici\u00f3n. Solo la gracia de los dioses cambiar\u00eda la suerte de los hombres \u2013de Tebas, quiero decir. En un mundo en el que impera la voluntad divina y la gracia, la maldici\u00f3n ocupa un destacado lugar a manera de enfermedad o de peste. Tiresias obtiene la ceguera como retaliaci\u00f3n de la diosa Atenea, despu\u00e9s de que esta lo sorprendiera vi\u00e9ndola ba\u00f1ar desnuda. Ya ciego, evento que no le sucedi\u00f3 al m\u00edsero Edipo, obtuvo la clarividencia. Sin embargo, no todas las enfermedades producen este tipo de imaginarios compensatorios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El humorismo hipocr\u00e1tico, similar a las premisas ayurv\u00e9dicas de la India y a las fuerzas contrarias del yin-yang en la China, concibe al mundo f\u00edsico-natural, incluido al cuerpo humano, como la composici\u00f3n perfecta de cuatro elementos: tierra, aire, fuego, viento. Estos, a su vez, se complementan con ciertos humores que var\u00edan al calor y al fr\u00edo. Pero no tomen la palabra a la ligera: estos humores tienen en verdad forma de l\u00edquidos. De manera que la salud del cuerpo depende de la conciliaci\u00f3n perfecta de estas sustancias. Como ha de suponerse, el bienestar y la salud\/el malestar y la enfermedad se miden en t\u00e9rminos de armon\u00eda-discordancia, equilibrio-desequilibrio, circulaci\u00f3n-obstrucci\u00f3n. Pero m\u00e1s fascinantes y llamativas me resultan las perspectivas m\u00e1gicas-hechiceras alrededor de las pestes. Fuerzas misteriosas e intangibles cargan a los cuerpos de esp\u00edritus infames o demon\u00edacos que atentan contra su integridad. El saber m\u00e1gico u oculto intermedia a trav\u00e9s del mago, curandero o cham\u00e1n. Es, quiz\u00e1s, uno de los imaginarios de compresi\u00f3n m\u00e1s antiguos y de mayor aceptaci\u00f3n a lo largo de los siglos. La peste del olvido en Macondo, que trajo tantos infortunios, agot\u00f3 la fuerza laboral y la salud mental de las estirpes condenadas a cien a\u00f1os de soledad, fue opacada ipso facto por una infusi\u00f3n indescifrable que el gitano Melqu\u00edades les dio de beber.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>4<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para la medicina occidental moderna, la enfermedad ha sido entendida como la invasi\u00f3n de unos organismos extra\u00f1os que se apropian del cuerpo e intentan destruirlo. As\u00ed lo han repetido hasta el cansancio los medios, absortos de asombro de que el nuevo coronavirus fue posiblemente transmitido a los humanos por un murci\u00e9lago ba\u00f1ado en sopa. Invadir, apropiar, destruir. Nada m\u00e1s violento y oprobioso. Es m\u00e1s, la reacci\u00f3n biol\u00f3gica de nuestro cuerpo para enfrentar ese ataque no pudo tomar otro sino el sugerente nombre de \u201cdefensas\u201d inmunol\u00f3gicas. Reaccionar, enfrentar, defender. El lenguaje atrapado por el lenguaje mismo. Cuando comprendimos mejor que las enfermedades no eran arrebatos divinos, ni un desequilibrio o desajuste de nuestros humores, la met\u00e1fora militar se volvi\u00f3 \u00fatil y verdaderamente eficaz. Por lo menos as\u00ed lo entiende Susan Sontag en dos vol\u00famenes de ensayos, pioneros en la comprensi\u00f3n filos\u00f3fica, social y humana del c\u00e1ncer y del sida: <em>La enfermedad y sus met\u00e1foras<\/em> (1977), <em>El sida y sus met\u00e1foras <\/em>(1988). De manera que la met\u00e1fora b\u00e9lica pareciera ser el ni\u00f1o reci\u00e9n nacido de la ciencia m\u00e9dica actual y, adem\u00e1s, el consentido de la casa. Ha sido tal su \u00e9xito, el de la met\u00e1fora b\u00e9lica, que se ha extendido a campa\u00f1as pol\u00edticas, sociales y ecol\u00f3gicas. Hoy casi todo tiende a seguir los c\u00f3digos que de semejante met\u00e1fora se desprenden: la guerra contra las drogas, la batalla contra la corrupci\u00f3n, contra la pobreza, contra la desigualdad, contra la injusticia, la lucha contra el patriarcado\u2026 y pare de contar. En Colombia, lo hemos explotado hasta el absurdo y la ineficiencia: la batalla contra la violencia, la guerra contra la guerra misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 hace tan efectiva y tan groseramente eficaz a esta met\u00e1fora? El historial sangriento de los siglos XIX y XX arrojan se\u00f1ales suficientes: batallas independentistas, guerras civiles, guerras mundiales, exterminio jud\u00edo, Guerra fr\u00eda, Vietnam, Ir\u00e1n e Irak. Familiarizados todos con este lenguaje, bombardeados por sus consignas, su naturalizaci\u00f3n pareci\u00f3 ser tarea sencilla. Entonces aquel organismo invasor es le\u00eddo, casi siempre, como un agente for\u00e1neo, extranjero, un Otro. Es ese Otro-Ser el \u201cenemigo a destruir\u201d. N\u00f3tese que el devolver al cuerpo el bienestar, una acci\u00f3n pensada incluso como bondadosa, tiene una fuerza sem\u00e1ntica destructiva. Pero n\u00f3tese tambi\u00e9n que el imaginario trabaja como matriz f\u00e9rtil de la discriminaci\u00f3n, la exclusi\u00f3n, la desigualdad, la violencia y de todo tipo de pestes sociales por igual. Para Susan Sontag la guerra es una empresa carente de prudencia y de recato. La emergencia creada por el enemigo \u2013para el caso actual, la aparatosa propagaci\u00f3n y niveles de mortandad del SARS-CoV-2\u2013 valida un aparataje de guerra para la que ning\u00fan sacrificio es excesivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy la potencia de este armamento militar es construida por y desde el lenguaje mismo. Hemos hecho del jab\u00f3n, el alcohol o el antibacterial, hasta hace poco productos de aseo com\u00fan, aut\u00e9nticas herramientas de prevenci\u00f3n, genuinos misiles autodirigidos. En la propaganda mundial anti Covid-19, los m\u00e9dicos y profesionales de la salud tienen todos un aire de milicianos. Los he visto representados cargando un fusil, confieso que me cuesta imaginar una met\u00e1fora amigable para esto, vistiendo camuflaje, m\u00e1scara y tapabocas. \u00a1Nada m\u00e1s contradictorio para m\u00ed! Y las medidas pol\u00edticas y econ\u00f3micas para aplanar la famosa curva parecen arrojarnos al fuego cruzado. El mercado mundial est\u00e1 de baja y las medidas de confinamiento parecen estrategias militares para andar sobre campo minado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>5<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una charla acad\u00e9mica virtual a la cual fui invitado escuch\u00e9 un chiste de mal gusto que despert\u00f3 mi atenci\u00f3n. El colega dominicano que lo cont\u00f3 nos explicaba, en estado de indignaci\u00f3n, las duras consecuencias de este tipo de imaginarios. El chiste provino de un artista chino, tildado de irreverente, y circul\u00f3 con viento fuerte por las redes sociales: \u201cCoronavirus is like pasta. The Chinese invented it, but the Italians will spread it all over the world\u201d<em>.<\/em> Adem\u00e1s de arbitraria y ofensiva, el peligro de la sentencia est\u00e1 en que aviva la peste xen\u00f3foba entre nosotros. No puede desconocerse que el lenguaje sirve y las palabras existen no solo para expresar cosas amenas. El lenguaje da forma a lo que nombra, dice Judith Butler. As\u00ed, al coronavirus lo caracteriza tambi\u00e9n su capacidad de propagar el insulto y la discriminaci\u00f3n. Y esta es otra forma de contagio. Esta cara de la pandemia pasa oculta o bien visible, pero nunca es asintom\u00e1tica. Desde las primeras apariciones diagnosticadas del virus hasta hoy, las redes sociales est\u00e1n atestadas (y apestadas tambi\u00e9n) de comentarios insultantes y xen\u00f3fobos. Es como si la enfermedad, el hecho de estar enfermo, legitimara la acci\u00f3n. Hay siempre una palabra sucia para el pueblo chino, para los italianos, para el barrio infestado, para el vecino enfermo, para el familiar en sospecha. Entonces la idea se explica sola: si en la met\u00e1fora b\u00e9lica predomina el impulso y el entusiasmo, se sobreentiende que escasea la raz\u00f3n y el entendimiento. A la fecha, mientras escribo esta notas, los datos de contagiados por coronavirus superan los 4,5 millones de personas en el mundo. Sin embargo, nadie controla los n\u00fameros de este otro rostro de la pandemia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>6<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La crisis del Covid-19 ha revitalizado un buen n\u00famero de palabras destinadas en otro tiempo al olvido. Los profesores, hoy m\u00e1s que nunca, nos hemos familiarizado con un lenguaje al que le hicimos un dif\u00edcil matrimonio pero al que al final terminamos queriendo y aceptando. Los lenguajes tecnol\u00f3gicos, extra\u00f1os y de dif\u00edcil pronunciaci\u00f3n, pasan ahora de boca en boca con la misma capacidad contagiosa del virus. Volcados a la virtualidad, hemos aprendido las bondades de este mundo. Sabemos crear y conectarnos a videoconferencias, sincronizamos nuestros correos institucionales con las plataformas digitales que tenemos a mano, preparamos nuestras clases sincr\u00f3nicas y asincr\u00f3nicas y, cuando la duda nos asalta, nos capacitamos en <em>webinars<\/em> gratuitos. Yo mismo me sorprendo compartiendo mis documentos en una nube, agendando mis <em>online courses<\/em>en el computador, compartiendo pantalla con mis estudiantes, haciendo un <em>podcast<\/em> para la clase. El virus hizo lo que el Gobierno Nacional o el Ministerio de Educaci\u00f3n no pudieron en largos a\u00f1os de formaci\u00f3n y desarrollo en las TICs. Pero lo m\u00e1s impresionante: hemos llegado all\u00ed, la mayor parte del camino, obligados por la necesidad o conducidos por la pena que nos produjera la acci\u00f3n simple de no saber activar o desactivar nuestro micr\u00f3fono mientras llevamos una clase remota.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>7<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Circula tambi\u00e9n por estos d\u00edas un tipo de humor m\u00e1s sano y m\u00e1s agradable. Acompa\u00f1a, sin que muchas veces lo sepamos, la resistencia con la que hemos enfrentado el confinamiento y las dificultades de organizar una vida entera en casa. Este humor limpio est\u00e1 siempre al servicio de la gracia y la inventiva. Aunque parezca contradictorio, su h\u00e1bitat son tambi\u00e9n las redes sociales, la cocina tecnol\u00f3gica actual donde se cuecen las bondades y pudriciones del ser. \u00a1Y se ha hecho de todo! Me fascinan, en particular, los memes que bromean en torno a las nuevas din\u00e1micas de la conectividad en tiempo real. Para este ejercicio, las obras art\u00edsticas han servido de materia prima. Hace semanas, estuvo de moda la <em>Lecci\u00f3n de anatom\u00eda del Dr. Nicolaes Tulp<\/em>, de Rembrandt, en la que el maestro cirujano disecciona un cad\u00e1ver y ense\u00f1a algunos de sus m\u00fasculos a sus internautas estudiantes. Para esos mismos d\u00edas, vimos a los doce ap\u00f3stoles asistir a la \u00faltima cena de Jes\u00fas por videoconferencia, con un Judas traidor y ciza\u00f1ero murmurando con el micr\u00f3fono abierto. La familia real de Felipe IV, en <em>Las meninas<\/em> de Vel\u00e1squez, discutiendo qui\u00e9n se atrever\u00e1 a sacar al perro a pasear y el tr\u00edptico paisaje de <em>El jard\u00edn de las delicias<\/em>, del Bosco, desolado y en cuarentena. \u00a1Y as\u00ed podr\u00eda seguir! El buen humor alivia, suaviza y mitiga la crudeza del confinamiento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre &nbsp;2019\/enero- junio 2020 Por Julio Penenrey Navarro &#8211; juliopenenrey@hotmail.com 1 A mi manera, las dos mejores cualidades del virus que produce la Covid-19 son su ubicuidad: esa suerte de estar aqu\u00ed y all\u00e1, all\u00e1 y aqu\u00ed y por todos lados, y esa forma de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[61,12],"tags":[63],"class_list":["post-2174","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-numero-3-4","category-numeros","tag-covid"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2174","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2174"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2174\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2190,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2174\/revisions\/2190"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2174"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2174"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2174"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}