{"id":1894,"date":"2020-05-28T02:17:17","date_gmt":"2020-05-28T02:17:17","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=1894"},"modified":"2020-06-06T16:47:24","modified_gmt":"2020-06-06T16:47:24","slug":"el-reemplazo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2020\/05\/el-reemplazo\/","title":{"rendered":"El reemplazo"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/4.-Jpeg-1024x787.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1895\" width=\"519\" height=\"398\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/4.-Jpeg-1024x787.jpg 1024w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/4.-Jpeg-600x461.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/4.-Jpeg-300x231.jpg 300w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/4.-Jpeg-768x590.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/4.-Jpeg.jpg 1220w\" sizes=\"auto, (max-width: 519px) 100vw, 519px\" \/><figcaption>\u00a9Eliana Garc\u00eda<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre &nbsp;2019\/enero- junio 2020<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>Por Iv\u00e1n Fontalvo &#8211; <a href=\"mailto:ivandfontalvo@hotmail.com\">ivandfontalvo@hotmail.com<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>&nbsp; A la memoria de V\u00edctor Aguilera Echeverr\u00eda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegamos a Cartagena a eso de las dos de la tarde. Andr\u00e9 y yo hab\u00edamos previsto pasar quince d\u00edas de vacaciones de solteros en la ciudad pl\u00e1cida, pero para poder hacerlo deb\u00edamos conseguir primero una posada lo bastante econ\u00f3mica en un lugar donde la econom\u00eda no parec\u00eda tener cabida. Pose\u00edamos vasta experiencia en b\u00fasquedas similares; cada cierto tiempo realiz\u00e1bamos excursiones semejantes. Despu\u00e9s de trabajar duro durante varios meses, junt\u00e1bamos dinero, defin\u00edamos un destino y nos pon\u00edamos en marcha. Para Andr\u00e9 siempre resultaba m\u00e1s f\u00e1cil que para m\u00ed, puesto que yo ten\u00eda que lidiar con padres tradicionalistas que no cargaban muy bien la idea de que su hijo \u00fanico anduviera del timbo al tambo, viviendo aventuras extra\u00f1as en un pa\u00eds con tantos peligros. En cambio, Andr\u00e9, que a pesar de tener veintid\u00f3s a\u00f1os -uno menos que yo- pose\u00eda la conciencia mundana de un anciano, no deb\u00eda lidiar con familiares opositores por la simple raz\u00f3n de que no los ten\u00eda. Andr\u00e9 estaba solo en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El taxista que escogimos al salir de la terminal de transportes nos pase\u00f3 por el centro hist\u00f3rico y con su acento seco, sin eses ni eres, nos sugiri\u00f3 una callecita de casas con habitaciones de alquiler. Explic\u00f3 que en temporada alta pod\u00edan llegar a ser muy costosas, pero que en vista de los d\u00edas dif\u00edciles que se estaban viviendo algunos due\u00f1os hab\u00edan rebajado los precios hasta la mitad. Era una ventaja que Andr\u00e9 y yo no esper\u00e1bamos. Si ten\u00edamos la suerte de encontrarnos con un lugar as\u00ed gozar\u00edamos de los privilegios de la clase alta gastando poco dinero. Fuimos de posada en posada, averiguando costos de estad\u00eda, hasta que dimos con la casa de dos plantas de una nativa grande de semblante duro que nos recibi\u00f3 sin emoci\u00f3n aparente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; Cincuenta mil pesos por cuarto cada noche &#8211; explic\u00f3. Pueden compartir un cuarto y alquilar una colchoneta por diez mil extras por d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era la mejor oferta que nos hab\u00edan hecho y la aceptamos complacidos. Nos enteramos mientras nos acomod\u00e1bamos que el nombre de nuestra anfitriona era Regina y que llevaba treinta de sus cincuenta a\u00f1os en aquella casa de ensue\u00f1o en la que no hab\u00eda m\u00e1s visitantes adem\u00e1s de nosotros. La alcoba que escogimos, de las cinco libres, era la que mejor vista nos proporcionaba. A trav\u00e9s de los cristales de la ventana se dominaban las calles empedradas, las casas de fachadas similares de enfrente y un tramo corto de las murallas imponentes que en tiempos de piratas ayudaron a resguardar la ciudad. El cuarto era fresco y acogedor, con una cama de un solo cuerpo, un televisor alto sobre una base met\u00e1lica empotrada en la pared, un ventilador el\u00e9ctrico para la noche y un aire acondicionado para las ma\u00f1anas m\u00e1s inclementes. Andr\u00e9 y yo llegamos al acuerdo amistoso de alternarnos la dormida en la colchoneta, acomodamos nuestros bolsos en un rinc\u00f3n y nos dispusimos a descansar del largo viaje. Pero a los pocos minutos la voz de la casera nos interrumpi\u00f3 el reposo con un anuncio ben\u00e9volo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00a1La cena est\u00e1 servida! -dijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegamos a la mesa sorprendidos por la invitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-No sab\u00edamos que inclu\u00eda cena -dijo Andr\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-No la incluye -respondi\u00f3 Regina. Es un gesto tradicional de bienvenida de mi parte. En adelante, si quieren cenar, almorzar o desayunar aqu\u00ed, tendr\u00e1n que pagar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfCu\u00e1nto? -pregunt\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Eso depende de la clase de comida -replic\u00f3 ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante la cena hablamos un poco de cada uno. La historia de Andr\u00e9 la conoc\u00eda bien: hu\u00e9rfano desde los dieciocho, pizzero eminente, paseador de toda la vida. Regina, por su parte, era una viuda imperturbable que acababa de perder a su \u00fanico hijo en la polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; Me lo quitaron as\u00ed no m\u00e1s \u2013dijo. Un d\u00eda me cont\u00f3 que lo hab\u00edan trasladado y tres meses despu\u00e9s me lo trajeron en un ata\u00fad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Lo siento mucho -dijo Andr\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-No te preocupes. He empezado a superarlo. Por lo menos ya puedo hablar de \u00e9l sin ponerme a llorar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de cenar nos despedimos de ella y nos fuimos a dormir. Desperdiciamos esa primera noche de diversi\u00f3n por culpa del cansancio. A la ma\u00f1ana siguiente Regina nos brind\u00f3 un desayuno liviano que no sab\u00edamos cu\u00e1nto iba a costar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Este tambi\u00e9n es gratis -nos indic\u00f3 de buen humor- pero a partir de ma\u00f1ana a diez mil cada desayuno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubo algo raro en la dulzura con la que mir\u00f3 a Andr\u00e9 cuando recogi\u00f3 los platos. Brome\u00e9 un poco sobre eso mientras caminaba con mi compa\u00f1ero por la playa una media hora despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Parece que le gustas a Regina -le dije.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-No lo s\u00e9 -replic\u00f3 Andr\u00e9 contrariado. Me mir\u00f3 raro, pero no estoy seguro de que tenga intenciones rom\u00e1nticas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-No estar\u00eda mal -lo alent\u00e9. Est\u00e1 bonita la se\u00f1ora. S\u00ed, es vieja, pero se ve que se conserva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mis palabras fueron honestas. Regina era una mujer voluptuosa cuyos ropajes anchos no pod\u00edan ocultar por completo sus encantos naturales de negra pura. Ten\u00eda una lisa cabellera negra con escasas canas y una mirada que, a pesar de lo fr\u00eda, transmit\u00eda una necesidad de cari\u00f1o insondable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-No creo que sea lo que t\u00fa piensas -remat\u00f3 Andr\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ten\u00eda raz\u00f3n, no lo era. Ella misma zanj\u00f3 las dudas sin saberlo durante la cena de quince mil pesos de esa tarde. Regina se qued\u00f3 en blanco un instante con la mirada fija en Andr\u00e9, lanz\u00f3 un suspiro y susurr\u00f3 llena de sosiego:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Eres id\u00e9ntico a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfA qui\u00e9n? -pregunt\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-A Gustavo, mi hijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para convencernos de su apreciaci\u00f3n nos invit\u00f3 a ver algunas fotos del muchacho. Tengo que decir que Andr\u00e9 y \u00e9l no se parec\u00edan en nada. El sujeto de las im\u00e1genes era bastante m\u00e1s bajo y de tez menos oscura. Sus cabellos tambi\u00e9n discrepaban absolutamente, mientras que los de Andr\u00e9 eran una enredadera de color casta\u00f1o, los de Gustavo eran unas hebras oscuras que parec\u00edan capaces de peinarse solas al ritmo del viento. No hicimos comentario alguno al respecto. Terminamos de ver las fotos y nos levantamos de la mesa en silencio. Cuando extend\u00ed los billetes para pagar, Regina los rechaz\u00f3 con una sonrisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Gu\u00e1rdelos -me orden\u00f3. Cobrarles a ustedes hoy ser\u00eda como cobrarle a mi hijo y a uno de sus amigos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Agradecimos inmensamente ese gesto porque aquel era nuestro segundo d\u00eda en Cartagena y todav\u00eda no hab\u00edamos incurrido en gastos alimenticios. Pero muy pronto a Andr\u00e9 le empezaron a incomodar las miradas constantes de nuestra anfitriona y sus desmesuradas atenciones, de modo que a los primeros cinco d\u00edas de estad\u00eda en casa de Regina, Andr\u00e9 sugiri\u00f3 un cambio de posada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00a1\u00bfEst\u00e1s loco?! -lo encar\u00e9. \u00a1\u00bfD\u00f3nde vamos a encontrar una vaina tan buena como esta?!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Andr\u00e9 insisti\u00f3, pero de cualquier forma hasta para \u00e9l un ahorro significativo como ese val\u00eda por la incomodidad de ser el centro de atenci\u00f3n de una mujer solitaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Est\u00e1 bien -cedi\u00f3 finalmente. Vamos a sacarle algo de provecho a esto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo dijo con toda la mala intenci\u00f3n posible. Recurri\u00f3 a estratagemas rastreras para tratar de conseguir lo m\u00e1ximo de Regina. Lo primero que hizo fue peinarse como el difunto. A pesar de lo diferente que era su cabello, Andr\u00e9 consigui\u00f3 domar sus gre\u00f1as con gomina en un estilo muy similar al de Gustavo. Regina palideci\u00f3 de emoci\u00f3n el primer d\u00eda que lo vio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00a1Ese era el peinado preferido de Tavito! -exclam\u00f3 con los brazos extendidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se sac\u00f3 el delantal eterno, se acerc\u00f3 a Andr\u00e9 apresuradamente y le dio un fuerte abrazo. Ese d\u00eda nos hicimos merecedores de un postre de arequipe cuyo sabor me pareci\u00f3 una delicia antes vedada a los humanos. De esa manera continuaron nuestros d\u00edas de gratuidad. En las ma\u00f1anas visit\u00e1bamos los balnearios reconocidos y algunos locales de fiesta; las tardes las pas\u00e1bamos en casa de Regina, gan\u00e1ndonos con la actuaci\u00f3n de Andr\u00e9 m\u00e1s d\u00edas f\u00e1ciles en la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un amanecer, despu\u00e9s del desayuno y antes de salir de paseo, Regina le entreg\u00f3 a mi compa\u00f1ero una peque\u00f1a maleta de mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Es alguna de la ropa de Gustavo -revel\u00f3. Me imagino que te vendr\u00e1 igual de bien que a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Andr\u00e9, espantado, estuvo a punto de rechazarla, pero Regina se adelant\u00f3 a su negativa de viva voz y le rog\u00f3 que la aceptara, que esa era una buena forma de dar un paso m\u00e1s en su recuperaci\u00f3n del duelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Es como ir despidi\u00e9ndolo poco a poco -dijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue m\u00e1s bien una bienvenida, porque Andr\u00e9, no conforme con lo del peinado, empez\u00f3 a utilizar la ropa obsequiada para seguir gan\u00e1ndose los afectos de Regina y para seguir disfrutando de su hospitalidad. Al d\u00eda siguiente lleg\u00f3 a desayunar con una camisa guayabera blanca y unos pantalones cortos de color <em>beige<\/em>. Regina lo observ\u00f3 con un tumulto de l\u00e1grimas contenido en el borde de los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Se te ve tan bien -susurr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se le ve\u00eda mal, tengo que reconocer. M\u00e1s a\u00fan, parec\u00eda que siempre hubiera estado en su naturaleza aquel modo de vestir. Ese d\u00eda, por primera vez en casi dos semanas, encontr\u00e9 en \u00e9l un ligero parecido con el difunto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Si quieres puedo empezar a llamarte Gustavo -le dije en son de burla en la ma\u00f1ana de playa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-No seas est\u00fapido, Clemente -me respondi\u00f3 \u00e9l. Es todo cuesti\u00f3n de disfrutar lo que m\u00e1s se pueda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su nueva vestimenta nos vali\u00f3 privilegios enormes. Desde platillos exquisitos novedosos, hasta un paseo en compa\u00f1\u00eda con todos los gastos pagos a un grupo de islotes cercanos. Maravillado por nuestra suerte enorme, no me pareci\u00f3 para nada ins\u00f3lito que Andr\u00e9 se trasladara al cuarto de Gustavo por petici\u00f3n de Regina. Por el contrario, hall\u00e9 en ese acto evidencia de que mi amigo carec\u00eda de escr\u00fapulos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llev\u00e1bamos s\u00f3lo dos semanas de estad\u00eda en Cartagena, dos semanas sin mayores gastos y con bastantes diversiones y comodidades, pero ya en mi alma empezaba a tomar forma el ansia de retorno. Se lo hice saber a Andr\u00e9, y entonces fue \u00e9l quien se opuso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfEn serio nos vamos a ir as\u00ed no m\u00e1s? -pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Alg\u00fan d\u00eda tendremos que irnos -repliqu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Tienes raz\u00f3n, pero por lo menos piensa en Regina, piensa en lo triste que se quedar\u00e1 si nos vamos ahora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo pens\u00e9, pero pens\u00e9 tambi\u00e9n en la tristeza mayor que le causar\u00edamos si esper\u00e1bamos m\u00e1s tiempo para marcharnos. De todas maneras, acept\u00e9 quedarnos unos d\u00edas adicionales porque se lo deb\u00eda a Andr\u00e9, pues \u00e9l hab\u00eda accedido antes a permanecer en casa de Regina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fueron mejores aquellos \u00faltimos d\u00edas. Andr\u00e9 de alg\u00fan modo hab\u00eda incorporado a sus maneras personales gestos y ademanes que nuestra anfitriona percibi\u00f3 como calcos exactos de los de su difunto hijo. Fue la llave de los privilegios sin l\u00edmite. La lavada de la ropa y la limpieza de nuestras alcobas pas\u00f3 a cargo de Regina. Sus carcajadas estrepitosas hac\u00edan vibrar toda la casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00a1Es como si Tavito estuviera de vuelta! -dec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n Andr\u00e9, de un momento a otro, empez\u00f3 a disfrutar de los cuidados de nuestra casera. Varias veces rehus\u00f3 acompa\u00f1arme al paseo matutino por las playas aduciendo que iba a ayudar a Regina a hacer cualquier cosa. En otras oportunidades era la noche la que se extend\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites tradicionales, pues en vez de subir a la habitaci\u00f3n cuando yo sub\u00eda, \u00e9l permanec\u00eda un buen rato abajo. Yo adivinaba sus movimientos con los ruidos: lavaba y acomodaba los platos, y despu\u00e9s se quedaba junto a la negra grande frente al televisor. Imagin\u00e9 m\u00e1s de una vez la mano de ella sobre la cabeza de Andr\u00e9 y la sonrisa tierna de \u00e9l arrellanado en el sof\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Ya ese bobo est\u00e1 llegando demasiado lejos -me dec\u00eda a m\u00ed mismo. Porque una vaina es aprovecharnos de Regina y otra bien distinta es darle alguna falsa expectativa a esa pobre mujer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se lo expuse tal cual unos d\u00edas despu\u00e9s. \u00c9l contrajo el ce\u00f1o y me respondi\u00f3 con voz ca\u00edda:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Entonces lleg\u00f3 el momento de despedirse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Exacto -respond\u00ed implacable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me sorprendi\u00f3 lo f\u00e1cil del adi\u00f3s, porque Regina me estrech\u00f3 en sus brazos emocionada mientras que a Andr\u00e9 s\u00f3lo le dio un beso en la mejilla. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Chao, hijito -le dijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por pura educaci\u00f3n le pregunt\u00e9 a la casera por el valor de nuestra estad\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-D\u00e9jelo as\u00ed, Clemente, esta es su casa, vuelva cuando quiera -respondi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No voy a negar que me emocion\u00f3 much\u00edsimo esa noticia, tanto que no se me ocurri\u00f3 una cosa distinta a darle otro abrazo largo. Cuando nos separamos, ya Andr\u00e9 hab\u00eda metido las cosas en la cajuela del taxi. Pens\u00e9 en el dolor de nuestra anfitriona al vernos salir de su vida con la misma facilidad con la que hab\u00edamos llegado y en su agradecimiento con Andr\u00e9 por darle la alegr\u00eda moment\u00e1nea de haber tenido al hijo de vuelta por corto tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El taxi hizo una traves\u00eda elemental a trav\u00e9s de la ciudad hirviente. Frente a nuestras ventanillas pasaron las playas que tanto disfrutamos, los bares de nostalgia, las mujeres en bikini que divirtieron nuestros ojos. Arribamos a la estaci\u00f3n de buses a eso de las dos de la tarde, justo a la hora para subir en una ruta programada para las dos y cuarto. Andr\u00e9 compr\u00f3 los tiquetes mientras yo bajaba del taxi un equipaje sorprendentemente corto, y all\u00ed, viendo ese equipaje escaso, entend\u00ed lo que estaba pasando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00a1Qu\u00e9 diablos, Andr\u00e9, qu\u00e9 diablos! -encar\u00e9 a mi compa\u00f1ero en cuanto volvi\u00f3 con mi tiquete .<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9l me mir\u00f3 con un brillo ins\u00f3lito de agradecimiento en los ojos y me habl\u00f3 desde el fondo de su ser.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Ya sabes que puedes volver cuando quieras -me dijo, mi madre y yo te recibiremos con las puertas abiertas cada vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s recib\u00ed, estupefacto, su abrazo de despedida y escuch\u00e9 su \u00faltima frase.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Y, si quieres, puedes empezar a llamarme Gustavo, amigo m\u00edo, Gustavo. Tavito de cari\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me qued\u00e9 en el aire, con la mente flotando entre el hervidero de pasajeros ansiosos que aguardaban su momento para partir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cGustavo\u201d, pens\u00e9.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre &nbsp;2019\/enero- junio 2020 Por Iv\u00e1n Fontalvo &#8211; ivandfontalvo@hotmail.com &nbsp; A la memoria de V\u00edctor Aguilera Echeverr\u00eda. Llegamos a Cartagena a eso de las dos de la tarde. Andr\u00e9 y yo hab\u00edamos previsto pasar quince d\u00edas de vacaciones de solteros en la ciudad pl\u00e1cida, pero [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[61,12],"tags":[22],"class_list":["post-1894","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-numero-3-4","category-numeros","tag-cuento"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1894","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1894"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1894\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2078,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1894\/revisions\/2078"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1894"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1894"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1894"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}