{"id":1881,"date":"2020-05-28T01:20:43","date_gmt":"2020-05-28T01:20:43","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=1881"},"modified":"2020-06-12T00:13:20","modified_gmt":"2020-06-12T00:13:20","slug":"locura-en-los-campos-desolados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2020\/05\/locura-en-los-campos-desolados\/","title":{"rendered":"Locura en los campos desolados"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/2.-Jpeg-1024x802.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1882\" width=\"562\" height=\"440\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/2.-Jpeg-1024x802.jpg 1024w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/2.-Jpeg-600x470.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/2.-Jpeg-300x235.jpg 300w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/2.-Jpeg-768x601.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/2.-Jpeg-1536x1203.jpg 1536w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/2.-Jpeg.jpg 1563w\" sizes=\"auto, (max-width: 562px) 100vw, 562px\" \/><figcaption>\u00a9Eliana Garc\u00eda<br><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre &nbsp;2019\/enero- junio 2020<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>Por Brayan Buelvas Cervantes &#8211; <a href=\"mailto:bdvuelvas@mail.uniatlantico.edu.co\">bdvuelvas@mail.uniatlantico.edu.co<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La rapidez del cambio inminente nos sorprendi\u00f3 dej\u00e1ndonos desnudos. La angustia y ese ruin p\u00e1nico existencial nos aturdieron insospechadamente, como si trat\u00e1ndose de una mentira nos hubiera traicionado el suelo, ya nuestros sue\u00f1os eran otro pensamiento que el viento ech\u00f3 a volar, mand\u00e1ndolo todo al olvido del mundo terrenal. Para entonces, nuestro volar solo era un est\u00fapido encuentro ideal que los hombres hicieron suyo para matar y entronizar por poder.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Demasiado tarde, terminamos aceptando el da\u00f1o inminente, pues nuestro alrededor era un campo desolado de inconsciencia, la trampa nos apres\u00f3 en la desdicha, llev\u00e1ndose esperanzas dif\u00edciles de encontrar. Solo quedaba un mundo est\u00e9ril, falto de significado y lleno de apat\u00eda. En lo org\u00e1nico se ha traslucido el sentir, hay que sentir poco para medir tal incongruencia \u00a1Ay de m\u00ed! \u2013pens\u00e9, pero apagu\u00e9 las luces para observar lo grotesco de las formas del ser.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 mal tiene si solo soy una pieza que pregunta hacia d\u00f3nde va? Esa capacidad impensada me hace sentir un m\u00edsero, no un buf\u00f3n entre mi especie, ahora con el vaciado el coraz\u00f3n con el que mi alma vagaba, entre miradas preguntaba, perdi\u00e9ndose entre lo que es, o lo que pudo ser.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras la m\u00e1quina del colapso matutino rug\u00eda por la avenida que estaba rodeada de campos amarillos, \u00e1ridos y azotados por el sol canicular de enero, yo, aturdido, espiaba en mi ventana, pero esta, en vez de recordar el amor, hicieron eco unos murmullos de s\u00faplicas y de torturas, as\u00ed que fue demasiado tarde. Entre los l\u00edmites intentamos huir, corriendo y sin respuestas ante la negativa del coraz\u00f3n. En ese momento, ca\u00ed en cuenta de que las despedidas son ausencias eternas que predestinan la comprensi\u00f3n del caos con distintas salidas hacia el mismo camino.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las burlas, las miradas falsas, la grandilocuencia hecha con basura reciclada en humo fueron da\u00f1ando lo verde que restaba de la manzana. Sin embargo, sus semillas y aquel cielo azul nos calmaron, manteni\u00e9ndonos vivos en el \u00e1tomo de tiempo que nos resta todav\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adi\u00f3s cielo azul, adi\u00f3s cielo rosa anaranjado, te elevaste tan lejos de lo nimio\u2026 Liberaci\u00f3n, temor de seguir, entonces decidimos correr por los campos des\u00e9rticos pregunt\u00e1ndonos qu\u00e9 ser\u00edamos ante los atav\u00edos del destino, trampas fatales, intimismo al descubierto, las letras se perdieron asonantes en la atm\u00f3sfera t\u00e9trica de la podredumbre, evocando desolaci\u00f3n y decodificaci\u00f3n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora lo entend\u00eda todo, era un dibujo mental de voces que me hac\u00edan sentir acompa\u00f1ado, pero, dios no estaba all\u00ed, ni mucho menos las ra\u00edces parentales. La deriva se apoderaba de m\u00ed con aquella sensaci\u00f3n de v\u00e9rtigo que produce el borde de un farall\u00f3n milenario, permaneciendo inconclusas las intenciones inusuales, la paranoia en la casa inmaculada erradic\u00f3 toda fe, una mentira que se cre\u00eda verdad y no quer\u00eda ser admitida por seguir viviendo intransigentemente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una voz sucumbi\u00f3 mis sentidos y me dijo: \u201ccorre, corre, vienen por ti, tu turno ha llegado, imb\u00e9cil novato\u201d. Pero ninguno escuch\u00f3, solo nosotros, pues las coloridas miradas anunciaron una cura a esta enfermedad en estos campos desolados.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre &nbsp;2019\/enero- junio 2020 Por Brayan Buelvas Cervantes &#8211; bdvuelvas@mail.uniatlantico.edu.co La rapidez del cambio inminente nos sorprendi\u00f3 dej\u00e1ndonos desnudos. La angustia y ese ruin p\u00e1nico existencial nos aturdieron insospechadamente, como si trat\u00e1ndose de una mentira nos hubiera traicionado el suelo, ya nuestros sue\u00f1os eran otro [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[61,12],"tags":[22],"class_list":["post-1881","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-numero-3-4","category-numeros","tag-cuento"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1881","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1881"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1881\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2061,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1881\/revisions\/2061"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1881"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1881"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1881"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}