{"id":1813,"date":"2020-05-27T22:41:28","date_gmt":"2020-05-27T22:41:28","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=1813"},"modified":"2020-06-19T17:59:36","modified_gmt":"2020-06-19T17:59:36","slug":"el-pueblo-que-da-vueltas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2020\/05\/el-pueblo-que-da-vueltas\/","title":{"rendered":"El pueblo que da vueltas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/14.-Jep-782x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1814\" width=\"464\" height=\"607\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/14.-Jep-782x1024.jpg 782w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/14.-Jep-600x785.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/14.-Jep-229x300.jpg 229w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/14.-Jep-768x1005.jpg 768w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/14.-Jep.jpg 922w\" sizes=\"auto, (max-width: 464px) 100vw, 464px\" \/><figcaption>\u00a9Eliana Garc\u00eda<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre &nbsp;2019\/enero- junio 2020<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>Por Alberto Mu\u00f1oz &#8211; <a href=\"mailto:albertomunoz0426@gmail.com\">albertomunoz0426@gmail.com<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acabas de notar que est\u00e1s en un extra\u00f1o lugar, extra\u00f1o porque no puedes distinguir nada. Las caras, las casas, nada aqu\u00ed te resulta familiar. El pueblo es como cualquier otro, pero no lo reconoces, hay muchos \u00e1rboles, todos arrastrados por una c\u00e1lida brisa que los mueve y observas en el paisaje c\u00f3mo una verde coreograf\u00eda de hojas logra distraerte de las rarezas de este sitio. Te sorprende la disposici\u00f3n tan estrecha de las calles al caminarlas. Es un pueblo peque\u00f1o, ya lo descubriste, te ha tomado pocos minutos. Lo que no has logrado comprender es d\u00f3nde est\u00e1s, por qu\u00e9 est\u00e1s aqu\u00ed y por qu\u00e9 todo est\u00e1 girando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sigues andando y tropiezas. Piensas en el color de las casas repiti\u00e9ndose en tus ojos, en el aroma de los barrios, en el ruido de las palomas, en la tarde de esta angosta plaza y en las miradas de todo el mundo vigil\u00e1ndote como a un extra\u00f1o. El tiempo tambi\u00e9n gira y no lo has notado. Se te escurren los minutos y te perturba la idea de no saber nada, por lo que dedicas todo a encontrar cualquier cosa que te gu\u00ede hacia lo conocido, buscando hasta en las grietas del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otra vez llegas al mismo punto y sientes equivocar tu rumbo, el cansancio te muestra laberintos donde hab\u00eda callejones y por primera vez reconoces que est\u00e1s perdido. Se agotan tus intentos desesperados por hallar respuestas, la noche aparece y sigues sin saber nada. De nuevo est\u00e1s en la plaza frente su iglesia de adoquines rojizos rodeada de altas palmeras. Tu cansado cuerpo te lleva hasta una banca y te sientas antes de poder pensarlo, la sensaci\u00f3n de mareo no se detiene, todas las cosas giran sobre ti. La noche avanza y en tu cabeza crece la idea de resignarte, te ves vagando por las calles, sucio y hambriento en el mismo pueblo que da vueltas y que no puedes reconocer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 Yo tambi\u00e9n estuve como t\u00fa. \u2014 te dice una voz que sientes desde la parte izquierda de la banca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Te limitas a escucharlo, es un hombre de cabello blanco y abdomen amplio que se acomoda de un lado. Conservas la postura mirando hacia el cielo, no puedes contar las estrellas, pero sabes que hay pocas y te obligas a recordar c\u00f3mo llegaste aqu\u00ed, no puedes. A pesar de no confiar en nada aquel hombre no te es del todo desconocido, contin\u00faas mirando hacia arriba pero ya no buscas nada, has perdido toda la necesidad de saber d\u00f3nde est\u00e1s y te complaces viendo las luces a lo lejos, en las profundidades del cielo oscuro<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014 S\u00e9 lo que est\u00e1s buscando. \u2014Y el hombre hace una pausa que lo detiene todo, como si tu tiempo estuviera en sus palabras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hombre a tu lado cada vez se acomoda m\u00e1s en su puesto. Ya has recorrido todo el pueblo, conoces sus m\u00e1s \u00edntimos basureros, el orden, los tejados, las terrazas, pero sigue siendo ajeno y sigue girando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013 Ese es el lugar que buscas. \u2014 Te dice el hombre mientras se\u00f1ala.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Delante de su dedo descubres el blanco p\u00e1lido de una casa, resplandece entre todas y una puerta abierta te invita a pasar. Pasas tan r\u00e1pido por la puerta doble que has ignorado el aspecto cl\u00e1sico que adorna a la casa.&nbsp; Est\u00e1s dentro, en otro laberinto de largos y curvos pasillos llenos de puertas. De nuevo empiezas a andar y tropiezas con el baldos\u00edn satinado del suelo hasta que puedes hallar a alguien.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00bfQui\u00e9n eres? \u2014Se preguntan al mismo tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De frente a este otro hombre te percatas de cosas que antes no pod\u00edas ver,&nbsp; tu barba \u00e1spera, la sensaci\u00f3n de miedo en tu mirada, las huellas del d\u00eda regadas por todo tu cuerpo. Entonces lo comprendes y el hombre frente a ti se desdibuja, en su lugar va quedando un espejo de cuerpo completo en un marco de bronce, aquel hombre es tu reflejo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las vueltas del pueblo empezaron a detenerse, todo parece recuperar su naturaleza, el pueblo empieza a llenarse de entornos conocidos, ya no es el extra\u00f1o pueblo en el que vagabas. Est\u00e1s en tu casa, reconoces la textura de las paredes, las ondulaciones del tejado y las im\u00e1genes a trav\u00e9s de las ventanas, todo lo extra\u00f1o se degrada en una imagen borrosa en tu cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acabas de notar que est\u00e1s en un lugar muy familiar, lo reconoces todo, no cabe duda que esta es tu casa, son los pasillos que siempre has recorrido. Todas las cosas conocidas fueron apareciendo como si se colocaran sobre las que ya estaban antes. Reconoces el florero que brilla en la sala encima de la mesa rodeada de sillas, la reconoces a ella sentada como esperando algo, su cabello largo y negro, sus ojos marrones mir\u00e1ndote.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Te ha vuelto a pasar. \u2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y tambi\u00e9n reconoces su voz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre &nbsp;2019\/enero- junio 2020 Por Alberto Mu\u00f1oz &#8211; albertomunoz0426@gmail.com Acabas de notar que est\u00e1s en un extra\u00f1o lugar, extra\u00f1o porque no puedes distinguir nada. Las caras, las casas, nada aqu\u00ed te resulta familiar. 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