{"id":1244,"date":"2019-08-26T16:47:09","date_gmt":"2019-08-26T16:47:09","guid":{"rendered":"https:\/\/luarevista.com\/?p=1244"},"modified":"2020-04-11T17:33:37","modified_gmt":"2020-04-11T17:33:37","slug":"esta-orilla-por-jesus-barrios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luarevista.com\/web\/2019\/08\/esta-orilla-por-jesus-barrios\/","title":{"rendered":"Esta orilla"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/luarevista.com\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/25.I-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1245\" srcset=\"https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/25.I-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/25.I-600x400.jpg 600w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/25.I-300x200.jpg 300w, https:\/\/luarevista.com\/web\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/25.I-768x512.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption> \u00a9Ana Maria Cabrera m\u00e1s de ella en&nbsp;<a href=\"https:\/\/anamariacabrera.weebly.com\/\">https:\/\/anamariacabrera.weebly.com\/<\/a> <\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"> <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><strong>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Luarevista 2, enero-julio 2019<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>por Jes\u00fas Barrios<\/strong> &#8211; <strong>jesusdavidbarrios@mail.uniatlantico.edu.co<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En enero apareci\u00f3 la primera nota.\nEl sobre era blanco y pon\u00eda \u201cPara el se\u00f1or Rom\u00e1n\u201d. As\u00ed reiter\u00f3 la llegada cada\nmes, pero en distintos lugares, seg\u00fan un nuevo tipo de suerte, el de sus\nmovidas aleatorias, impuestas. Rom\u00e1n sab\u00eda que el advenedizo suceso se estaba\noponiendo a su apat\u00eda de recibir correo, a su odio por las cartas, que no eran\nm\u00e1s que voces para prolongar sus recuerdos y su vida, su pat\u00e9tica vida, que lo\nhab\u00eda obligado a no recordar o, m\u00e1s bien, que le sugiri\u00f3 las ventajas de no\nhacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los siguientes meses estuvo\nescribiendo respuestas con nombres inventados como remitente, con letras llenas\nde embustes insignificantes, sin el rigor arm\u00f3nico que le exigieron los tiempos\nen los que a\u00fan cre\u00eda que pod\u00eda escribir, tiempos que se resumieron en poemas\nmaltrechos, novelas de la soledad a medias y p\u00e1rrafos chapuceros, que depend\u00edan\nde la intuici\u00f3n ingenua que hac\u00eda de los d\u00edas en lugares ignotos. La \u00fanica\nverdad enunciada por la tinta negra de la contesta era la direcci\u00f3n id\u00e9ntica a\nla que trazaba quien le escrib\u00eda, en el pie de cada nota, s\u00f3lo porque as\u00ed lo\nimpon\u00eda la necesidad de ser enviada a alg\u00fan sitio, de ser recibida, de ser\nle\u00edda&#8230; todo por la venganza ajena, la expiaci\u00f3n absurda a la que lo someti\u00f3\nel recuerdo quejumbroso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pon\u00eda especial cuidado en el estilo.\nLe era interesante el despiste y la sorpresa de la persona que recibiera el\nsobre y contara las manos que le respond\u00edan; como la dilataci\u00f3n de un ritual\nque no debi\u00f3 ser nunca, pero que se estableci\u00f3 armoniosamente pese a los\nesfuerzos hip\u00f3critas de una falsa costumbre. La idea que inundaba a Rom\u00e1n no\nera un clich\u00e9 relleno de existencialismo, respaldado por las derogadas empresas\nque tuvo cuando en su vida todav\u00eda se le permit\u00eda la antelaci\u00f3n o el anhelo. Se\ntrataba de un reconocimiento de que, si las novelas, la ganader\u00eda y el resto de\nideas hab\u00edan cesado por voluntad, cuando ya no satisfac\u00edan, de la misma manera\ncesar\u00eda su vida cuando no hallara m\u00e1s exigencias que le dieran sentido para\ncontinuar ocupando un espacio, llenando un cupo en los viajes a cualquier\nparte. Cuando fuera todav\u00eda m\u00e1s desesperante estorbar vivo que en un\nsospechable entierro. Val\u00edan la pena esos d\u00edas \u00fanicamente por las despreciables\ncartas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9l sab\u00eda exactamente qui\u00e9n era la\ncausante de la correspondencia el cuatro de cada mes, pero ya no le importaba.\nLo trascendental era el hecho en s\u00ed, el furor de la casualidad convertida en\nh\u00e1bito, el acto de apertura del sobre, la estampilla que por s\u00ed sola dec\u00eda\nmuchos detalles de las ciudades que desconoc\u00eda, y las letras, sinceras o no,\nque entre muchas otras cosas le inspiraron el divague: La pasi\u00f3n por las viejas\nmonta\u00f1as (el temor como la consecuencia), lo f\u00e1cil que era andar el mundo sin\nlas imprecaciones de quien empuja y hala ordenado por la condescendencia al\nlastimero, el estar completo como \u00fanica f\u00f3rmula de la libertad y, por supuesto,\nel modo con el cual responder, con el cual elaborar explicaciones absurdas e\ninvenciones anal\u00f3gicas que repitieran que \u00e9l tambi\u00e9n fue una v\u00edctima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nora, quien enviaba las cartas, no\nera ajena a las consideraciones de Rom\u00e1n; no obstante, se permit\u00eda llorar en\ncada nota, reconociendo la raz\u00f3n eludida que la llev\u00f3 a enviar la primera;\nadmitiendo el amor, el duelo, y cobrando la merecida verg\u00fcenza de quien\nconsideraba culpable. Un placer que no iba a experimentar porque las l\u00e1grimas\nque vio, las mil disculpas que recibi\u00f3, la angustia que debi\u00f3 sonar en la\ncamilla del hospital e, incluso, la llegada de la fatal noticia, siempre le\nfueron inaudibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En cada mes el com\u00fan denominador de\nesas invenciones elocuentes y difamatorias era Ernesto, quien reviv\u00eda, por las\nevocaciones, en la solemnidad de los patios donde pateaba la pelota, con los\nuniformes que ven\u00edan sucios del colegio; en las carreras y alegr\u00edas intr\u00e9pidas\nde los parques, con las heridas curadas, inofensivas, que no advirtieron el\nfuturo miserable, y en las fotograf\u00edas intactas que no reconocer\u00edan la rebeld\u00eda\ny las exposiciones embarazosas. Ernesto se volvi\u00f3 s\u00f3lo una imagen de Ernesto,\nuna evocaci\u00f3n intermitente, un deseo \u2013y quiz\u00e1 el \u00fanico\u2013 cuando ambos se\nocupaban de delinearlo desde la e may\u00fascula y pulcra. Pero \u00e9l tambi\u00e9n fue\ninexistente cuando ambos se ocuparon del dolor del que en verdad eran due\u00f1os,\nya que nadie pod\u00eda sufrir por el ni\u00f1o su dolor, no pod\u00edan sufrirlo por \u00e9l\naunque aseguraron que era mejor esa suerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se fueron aniquilando cada mes, no por los insultos barajados en lamentos y en noticias exentas de evidencia, sino por la infalible bondad que no admit\u00edan: la confirmaci\u00f3n de la existencia, la dedicaci\u00f3n \u2013que antes se deb\u00eda a los d\u00edas en casa y la cena de tres en familia\u2013 puesta en las manos del olvido frustrado, del disfraz ineficiente de insultos, desarmado por la mism\u00edsima voluntad para adivinar los lugares, para rayar las hojas, para dirigirse el correo sin violar la puntualidad. Se consum\u00edan sabi\u00e9ndolo, pero ignoraban lo que sab\u00edan; le\u00edan entre l\u00edneas donde, involuntariamente, sin alcanzar siquiera la consciencia, encontraban satisfacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En agosto lleg\u00f3 el reto. Nora\nescribi\u00f3 directamente al Rom\u00e1n en Santa Marta. Dej\u00f3 los tapujos hasta el\nmomento inquebrantables, se dej\u00f3 abandonar de la ira y de las rid\u00edculas\nmentiras. Convencida de la locura de Orlando, Valent\u00edn, Ismael y los otros\nnombres recreados por Rom\u00e1n, experiment\u00f3 el deseo, taciturno y lento por la\nagilidad de la correspondencia, de enumerarle al hombre, el verdadero, los\nensayos de la muerte, la zozobra de la sordera injusta, el luto a\u00fan m\u00e1s injusto\npor un Ernesto desvanecido, al que ni las alusiones con palabras expertas\npod\u00edan detallar perfectamente. Le record\u00f3 a Rom\u00e1n lo due\u00f1o que era de las\nmovidas desmesuradas, de la falta de consideraci\u00f3n con las vidas que no\nmerec\u00edan las consecuencias, y le declar\u00f3, adem\u00e1s, la profunda agon\u00eda de las\nhoras que padec\u00eda ella sin los dos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rom\u00e1n reconoci\u00f3 la perpleja sinceridad.\nLa esperaba en cada sobre. Entonces releg\u00f3 los juegos y volvi\u00f3 en s\u00ed. Enumer\u00f3\nlas razones para el disparo o el veneno; sin embargo, entre los oprobios de los\notros meses, reley\u00f3 la seguridad ver\u00eddica, de aqu\u00e9lla que lo conoc\u00eda, en\nexponer que no porque anduviera en silla de ruedas \u00e9l era incapaz de\nsuicidarse, que \u00e9l se hizo in\u00fatil al empezar a creer en los miedos, al aceptar\nlas supersticiones como garantes de la prudencia antes que como una simple\nevocaci\u00f3n de la estupidez. Hizo falta la ca\u00edda de las corralejas&nbsp; \u2013su pasi\u00f3n desaforada\u2013, la sordera de la\nesposa, la p\u00e9rdida del control de las extremidades inferiores y la del hijo\npara que \u00e9l supiera que la muerte duele, y que la distancia con ella, aunque\nsea de un solo paso, no es tan ef\u00edmera como un metro de camino, porque se\nprolonga por el sufrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se permiti\u00f3, entonces, responder la nota con su nombre, \u201cel del bautismo\u201d, al mismo lugar de siempre, ahora con p\u00e1rrafos delineados por la franqueza, rebosantes de culpa, pero sin intenciones de recoger un perd\u00f3n, pues ni \u00e9l mismo se hab\u00eda perdonado lo ocurrido. Le reconoci\u00f3 a Nora su invalidez para aceptar la propia muerte,&nbsp; le dijo que ella tambi\u00e9n morir\u00eda de vieja o por un azar distinto al de sus manos, las cuales, como \u00e9l mismo escribi\u00f3, \u201cse parecen a esa voz que ya no te puedes escuchar\u201d. No exigi\u00f3 el reencuentro, exigi\u00f3 el olvido y la soledad. Ya que siempre hab\u00eda sido \u00e9l quien se ataba a los reclamos de las circunstancias, se cre\u00eda capaz de demandar, porque aprobaba la obviedad latente en que la deuda nunca ser\u00eda saldada; de reclamar que no le llegaran m\u00e1s cartas, m\u00e1s anotaciones predecibles, puesto que para ambos era lo mismo: una confirmaci\u00f3n de lo que supieron y lo que siempre sabr\u00edan, la absurda expiaci\u00f3n que acababa a dos entes incapaces de hacerse da\u00f1o, pero que el da\u00f1o les lleg\u00f3 a ellos como si hubieran esperado el turno. Envi\u00f3 la carta y se dio por fin al abandono, al fino y acabado sentimiento de inexistencia, a la fatalidad de las manos que lo arrastraban a pasear por las calles y las carreteras, por una sarta de&nbsp; rutas triviales que no le interesaba recorrer sin Nora y sin Ernesto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tampoco dese\u00f3 la respuesta para sorprenderse como sucedi\u00f3 con la primera en enero. Y nunca lleg\u00f3. Nora no contest\u00f3, pero demostr\u00f3 al mundo, por lo menos una vez, con la \u00fanica oportunidad que daba el desenlace, que era m\u00e1s el odio que el cari\u00f1o hacia Rom\u00e1n, que \u00e9l no la conoc\u00eda tanto como alguna vez y otras veces dijera, porque intuy\u00f3 mal su capacidad para acabarlo todo y demostr\u00f3, asimismo, que el amor es una justificaci\u00f3n para la vida, pero no es m\u00e1s que aquello que se tiene que escuchar de un ni\u00f1o cuando sonr\u00ede. Sin embargo, a ella no le quedaba ni el o\u00eddo ni el infante.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ISSN: 2665-3974 (en l\u00ednea) Luarevista 2, enero-julio 2019 por Jes\u00fas Barrios &#8211; jesusdavidbarrios@mail.uniatlantico.edu.co En enero apareci\u00f3 la primera nota. El sobre era blanco y pon\u00eda \u201cPara el se\u00f1or Rom\u00e1n\u201d. As\u00ed reiter\u00f3 la llegada cada mes, pero en distintos lugares, seg\u00fan un nuevo tipo de suerte, el de sus movidas aleatorias, impuestas. 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