Categoría: Número 6 (Página 1 de 3)

Historia oficial del amor de Ricardo Silva

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 6, julio-diciembre 2021

Leslie Jiménez Serge – lpatriciajimenez@mail.uniatlantico.edu.co

Silva Romero Ricardo (2020). Historia oficial del amor. Bogotá: Alfaguara

Yo siempre he querido irme de este país” (55)

Silva Romero, nunca Silva, nunca Romero, siempre ambos. El poder del encuentro entre Marcela Romero y Eduardo Silva es la gran fuerza de esta novela de casi 540 páginas que ya va por su doceava edición, publicada por Alfaguara en el 2016.  La novela permite entreverar la historia de un país como Colombia a través de la vida familiar de los esposos Silva Romero y el lastre histórico que llevan a sus espaldas.

Historia oficial del amor es un relato que vuelve la vista atrás, una suerte de novela autobiográfica, que lleva al lector a través de un viaje al pasado desde 2015 hasta 1932, día en que los Buj Ibañez desembarcan desde la lejana Fuentes de Nava en España al número 33 de la Calle de las damas en Cartagena y empiezan a construir una vida que está entre la salitrosa Cartagena y la fría Bogotá en Colombia. El relato destaca un día de cada año, donde sucede algo significativo en la vida familiar o nacional; un hecho importante que toque las puertas de los Silva Romero en el lapso 2015 – 1932.

Marcela Romero de Silva es una abogada de profesión, con amplia experiencia en el arte de sortear por igual difíciles presidentes y encrucijadas; Eduardo Silva es un premiado y comprometido profesor de física que ha dedicado su vida a la universidad en la que por años ha enseñado. Ambos, luchan con ánimo de gladiadores por armar una vida tranquila y modesta en contra de los atentados, bombas, apagones, sobornos y demás situaciones que parecerían increíbles en cualquier otra latitud, pero que para los colombianos se convierten en el pan de cada día. Porque como ya se dijo por ahí, “ser colombiano es un acto de fe.

Marcela y Eduardo fueron vecinos durante años para luego cruzar sus destinos y concebir a Ricardo y Eduardo, abogado y escritor respectivamente, siendo el primero quien une los hilos de su familia y halla las claves que le permiten entender su pasado familiar y sus repercusiones en su presente.

La historia de los Silva Romero, como la de cualquier familia colombiana, está atravesada por monstruos gigantescos que acechan todos los domicilios en esta tierra de nadie: la precaria calidad de vida, la incapacidad de levantar la voz ante la injusticia por el miedo de ser callado y la violencia endémica que crece en las ramas de cada hogar y casi que se implanta en las salas familiares como cualquier otra maceta más:

Ay, Dios, que no vuelva esa época. Que no pase, se dice ella, como pasaba en el gobierno de Barco. Que no vuelvan los días en que uno no sabía si irse o si quedarse cuando le decían que la camioneta allá abajo era en realidad una bomba y que los señores de uniforme se iban a encargar de desactivarla (…) no había que elegir ni reelegir a ese Uribe que tanto se ponía la mano en el corazón, nos advirtió que ese hombre iba a volverse un déspota tarde o temprano, y repitió “es que los ratones olemos a los gatos” hasta que dejó de ser chistoso (84).

El relato dispone las reglas del juego, convierte al lector en un investigador que se ve obligado a ir descifrando las claves de la historia a medida que va leyendo, casi al ritmo que el autor fue uniendo las piezas del gran rompecabezas que es la historia de su familia. Así, como las muñecas rusas, se van develando los secretos de los Romero y los Silva que hicieron de Marcela y Eduardo lo que son en el presente. Es importante pensar en la esencia del relato como un llamado a combatir la vileza que pulula en las grandes oficinas tanto del Palacio de Nariño, como en cualquiera de las calles de nuestras ciudades y pueblos y que habitan impunemente las acciones de los poderosos, que han regido con mano corrupta las historias  nacionales.

La novela es un texto imprescindible en nuestro país en momentos convulsos como estos, porque los gritos que escuchamos en las calles, el asesinato sistemático de manifestantes y el afán por callar al diferente, el que exige y que clama por mejores oportunidades no surgió ayer, es el resultado de una larga tradición de desconocimiento intencional de las necesidades de un pueblo que ha sido afectado financiera, social, cultural y por supuesto mentalmente por un estado vigilante y castrador, Estado incapaz de construir escenarios dialógicos de crecimiento para un país que a sangre, lo pide. En Historia Oficial del amor, Silva, como buen conocedor del cinematógrafo, toma la cámara y va desenfocando el presente para abrir el panorama y mostrar el cuadro completo: el pasado detonante de los grandes conflictos del presente en el país.

Y es que la violencia endémica y el afán por la deshonestidad son un resultado; “es que quizá no hemos tocado fondo porque no hay fondo, no existe fondo y ser humano es ser violento, piensa mi mamá, y esta violencia colombiana es un oficio, y ya qué” (153). La violencia sistemática que encontramos en nuestras calles, oficinas, edificios, salas de estar parece inoculada desde el nacimiento junto a otras actitudes: deshonestidad, corrupción, y falta de compasión entre otras. Lunares que contrastan con la lucha constante del colombiano por la integridad, por mantenerse a salvo en medio de la marejada de maldad e indolencia que ha marcado su vida; para Marcela, que con torres de constituciones colombianas y extranjeras participa esperanzadamente de la elaboración de la nueva constituyente y para Eduardo que desde las aulas, las conferencias, los libros construyen patria cada día y nos muestran que es posible, que desde la ley y el voto las realidades pueden ser transformadas y que aún en medio de los escombros de una guerra, una vida tranquila y honesta es posible.

En 2006, a sus 32, Ricardo Silva Romero fue nombrado uno de los 39 autores menores de 39 más importantes de Latinoamérica por el Hay Festival haciendo parte de la nómina de Bogotá39, una iniciativa para situar la ciudad como Capital mundial del libro. Silva ha publicado una decena de novelas entre las que destacamos Río muerto (2020)y El libro de la envidia (20414). De igual forma, ha incursionado en la escritura de poemas, cuentos, novelas y ensayos que han sido publicados y leídos ampliamente dentro y fuera de Colombia. La pasión por el cine lo llevó a estudiar un Máster en la Universidad Autónoma de Barcelona, escribir guiones cinematográficos y ser durante mucho tiempo crítico de cine en la Revista Semana y columnista frecuente en SoHo. Más que un escritor, Silva Romero es un apasionado por las palabras, cultivadas a fuerza de trabajo, a diario, que realmente vale la pena leer para conocer las esquinas que narran la literatura colombiana en nuestro tiempo.

Viajes por mi Caribe

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 5, enero-junio 2021

Linda Esperanza Aragón – lindaearagonm12@gmail.com

No se me olvida esta frase certera que escribió Juan Gossaín en La balada de María Abdala: “No estoy solo porque en esta tierra bendita están mi cielo y mi luz; este pueblo perdido en los remiendos del planeta es el nido que me correspondió en el reparto del mundo”. Palabras que son compañía cuando camino y miro las entrañas del Caribe colombiano con el rectángulo en la mano.

Crónica de un pueblo que despertó

©Linda Esperanza Aragón, más de ella en http://lindaesperanzaaragon.blogspot.com/

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 6, julio-diciembre 2021

Ana Melisa Zabaleta – melisazabaleta24@gmail.com

Crecer en Santa Cruz de Mompox implica escuchar, de las voces emocionadas de nuestros abuelos, las historias para ellos extraordinarias de la campaña libertadora que lideró Simón Bolívar junto a 400 “valerosos momposinos”. Desde la escuela nos enseñaron que Mompox, una pequeña provincia colombiana ubicada al sur del Bolívar, contribuyó de manera determinante en la oleada independentista que se dio en el país hacía el año 1810. Las calles, plazas y museos figuran como un continuo recuento narrativo de aquellas historias que ni siquiera figuraban en los libros de historia. 

Parecen hechos fantásticos los que cuentan, parece irreal, un pueblo que vive adormecido en el tiempo tiene en su legado un período marcado por la revolución y por nativos dispuestos a defender su tierra, su gente, sus costumbres. Han pasado años desde que Mompox fue centro histórico e influyente en el desarrollo económico de la región Caribe. En la actualidad somos, sin lugar a dudas, un reflejo de toda la coyuntura política y la situación crítica que se experimenta a nivel nacional. Pobreza, corrupción, falta de oportunidades para jóvenes y poca inversión a la educación son algunas de las problemáticas más visibles. Entre la gente se percibe una dinámica de indiferencia hacia cada atropello político, se mantiene nuestro pueblo sometido a un olvido en el que se normalizan todo tipo de injusticias. La Mompox de hoy, la pequeña ciudad amurallada con sus calles en adoquines y plazas coloniales, no es la misma. Durante los últimos 50 años ha pasado por circunstancias que parecen ahogar cada grito de ayuda exclamado por la gente, desde desastres naturales como las crecientes de los ríos que se llevan con su paso pedazos de nuestras calles, nuestras casas, los cultivos y ganados; hasta el cinismo de los cuellos blancos que ven en cada desgracia la oportunidad de agrandar sus riquezas. 

Mompox existe en medio de un ambiente conservador y costumbrista, sin reclamos hacía nada, ya ni los robos necesitan balas por que suceden como cualquier evento cotidiano, y la gente, la gente se queda sentada en las bancas del parque sintiendo orgullo por la estatua bonita de Policarpa en la gran Plaza de La Libertad. Algunos transitan las calles sin ningún afán, sin preocuparse por la falta de agua o de la odisea eterna por la atención médica oportuna, el momposino en medio de todo sonríe mientras camina, saluda a todos por la calle y es siempre el vecino más solidario. 

Fue incómodo para el pueblo cuando en el 2018 empezaron a escucharse a través del silencio de las calles las arengas gritadas de un grupo de jóvenes. Cuatro momposinos que volvieron a su tierra en octubre de ese año, luego de un paro prolongado en diversas universidades públicas de Colombia. Llegaron con la convicción de que Mompox no podía ser ajena al estallido estudiantil surgido en aquel año. Empezó en ese momento la consolidación del primer Movimiento Social Momposino, jóvenes con iniciativa y liderazgo emprendieron un camino difícil en un país en el cual los líderes sociales son asesinados diariamente. Al comienzo era el ruido de algunos estudiantes: los locos de los carteles . A pesar de los encasillamientos hacia la protesta y manifestaciones los jóvenes continuaron realizando su trabajo con la comunidad, crearon espacios de protesta pacífica, debates y pedagogía popular, de esta manera fueron creciendo y cada vez eran más los que se atrevían hablar y protestar. 

Durante 3 años, el Movimiento Social Momposino (MSM) se constituyó como organización de formación política y trabajo social, fue ganando un espacio en la comunidad y una voz de participación en diferentes escenarios políticos, culturales y educativos. No obstante, el momento de gran relevancia que consolidó el trabajo de este grupo de jóvenes se dio en mayo del 2021, en el marco del estallido social más grande ocurrido en los últimos años en Colombia: el paro nacional. El MSM convocó la movilización más grande en la historia de nuestro pueblo. No eran 4 o 10 estudiantes universitarios en una plaza, eran jóvenes de todas las edades, profesores, trabajadores de la salud, gente del común, una gran mayoría del pueblo momposino salió a las calles a proclamar con voz en alto: ¡Queremos un hospital!¡Universidad pública para el Bolívar!¡Somos una isla, pero no tenemos agua! Esa tarde en medio de sones y tambores, antorchas y matracas el pueblo que estaba dormido despertó, al fin despertó. 

Hoy, después del paro, el MSM cuenta con más de 50 miembros activos y con una proyección política en beneficio de la depresión momposina. Aquello que nació de una crisis social hoy se visiona como una muestra de lo que significa ser un líder social en Colombia. En este cambio generacional se nota impresa la herencia que nos hace levantar la voz de lucha desde la sangre indígena que corre por nuestras calles. Somos Mompox, un pueblo que está despertando de la mano de la generación millennials.  

Artivismo: arte y cultura en el marco del Paro Nacional

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 6, julio-diciembre 2021

Carolina Payares – caropayaresr@gmail.com y Gyldyl Rodríguez – rodriguezgyldyl@gmail.com

El pasado 17 de abril, el evidente desconocimiento de los precios en la canasta familiar colombiana por parte del exministro de hacienda, Alberto Carrasquilla, marcó el inicio de una jornada de protestas a lo largo de todo el territorio colombiano, protestas que hoy día continúan. Un pueblo que fue indiferente, expresó su inconformidad debido a la precariedad en el sistema de salud, el desempleo, la muerte de centenares de líderes sociales, la corrupción y la falta de recursos destinados a la educación; todo esto antes y durante la pandemia. 

En las calles se escucharon arengas y tambores que convocaron a las personas y ensancharon un mensaje de resistencia a través de la alegría y la euforia, en las calles se escuchaba: “pueblo mirón, únete al montón, tu hijo es estudiante y usted trabajador”. Estudiantes, camioneros, indígenas, campesinos, docentes, entre otros gremios, visibilizaron la pujanza de la ciudadanía, que exigió la necesidad de justicia social y el fin de la corrupción. 

Estos reclamos fueron plasmados en diferentes manifestaciones del lenguaje, principalmente, por medio del artivismo elemento clave para la intervención social participativa, activa y contundente. Fue necesario hacer un recorrido a través de estas, para resaltar cómo las diversas expresiones culturales y artísticas, transformaron los esquemas políticos, económicos y sociales habituales del ciudadano colombiano. 

Discursos digitales 

El paro nacional fue un espacio idóneo para la diversificación e inclusión de discursos emitidos desde plataformas digitales. Habría que echar una mirada a la constante resignificación que los cibernautas hicieron sobre los discursos de distintos influencers, un ejemplo de lo anterior, es la famosa frase de Luna Gil, influencer colombiana: “ay no, ¡eso sí jamás!”, que apareció en incontables pancartas alrededor del país con una pequeña modificación: “¿Reforma tributaria? Ay no, ¡eso sí jamás!”.  Recordemos que un influencer es una persona que se destaca en internet y que ejerce cierta influencia sobre quienes le siguen, estos pueden ser o no cantantes, actores, comediantes, etc. (ver perfil de Instagram en: https://www.instagram.com/luna.gilreal/?hl=es-la). 

Ph: Emmanuel Baos 

La emisión original de esta frase se vinculaba a las relaciones de pareja. La influencer la usó para reprochar ciertas exigencias de los hombres con respecto al físico “ideal” de las mujeres a través del sarcasmo. Sin embargo, dada la creatividad de los manifestantes, en su mayoría jóvenes consumidores de redes sociales, este enunciado transgredió los límites del humor para situarse en la crítica social por medio de su uso en múltiples pancartas en el Paro Nacional. Así como su implementación en discursos emitidos a través de redes sociales, y por supuesto en conversaciones cotidianas.

Asimismo, organizaciones como Temblores y La Liga contra el Silencio usaron las redes sociales y los sitios web para difundir contenidos censurados e ignorados por los medios de comunicación nacionales como RCN y Caracol. Temblores, llevó los registros de los casos de violencia policial que incluían asesinatos, detenciones arbitrarias, agresiones y violaciones, entre otros atropellos por medio de una plataforma llamada “GRITA” que se creó con la finalidad de asistir a las víctimas y prevenir el abuso de las autoridades. 

Por su parte, La Liga contra el Silencio es una alianza periodística, que investiga y divulga historias sobre lo que pasa en Colombia. Algunos de sus colaboradores más reconocidos son La Pulla, El Malpensante, Cerosetenta, Publimetro, entre otros. Estos hechos y otros han abierto un espacio para las redes sociales en el marco del paro nacional, en el que queda claro el influjo de los discursos digitales en las protestas, su capacidad de adaptación y la aceptación pública.

Música en el paro nacional  

La difusión de expresiones musicales en ciudades y municipios como: Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Mompox alcanzó su punto máximo, gracias a millones de internautas que compartieron videos y fotografías, en las que se presentaron grupos musicales, cantantes,  entre otros artistas que animaron  las marchas, plantones y demás expresiones sociales. 

El ritmo de trompetas, tambores y violines, entre otros instrumentos musicales, hicieron eco en todo el país. Un hecho especial vinculado a la actividad musical de la protesta  fue la participación de la Orquesta Filarmónica de Cali, que realizó un “cacerolazo sinfónico”. 

Ph: Lucca Ferrucho 

También, en conmemoración a un mes del paro nacional, el 28 de mayo de este año, la banda Doctor Krápula junto con la cantante Adriana Lucía, convocaron a un concierto multitudinario en el Parque Nacional de Bogotá (ver video en: https://www.youtube.com/watch?v=PXVog7-z_EI&ab_channel=LiberatorioArteContempor%C3%A1neo). En este se tocaron  canciones como “la fuerza del amor” y “para todos todo”, cuyas letras hicieron un llamado a la resistencia y al respeto de la vida de quienes marcharon en las calles. En palabras de Mario, vocalista de la banda Doctor Krápula: “¡No disparen, estamos desarmados! ¡Nuestra arma es la música y el arte!”

Ph: Lina Martínez-Moya

La participación de Adriana Lucía, fue de gran relevancia. La cantante costeña, se caracterizó por su activismo en los movimientos colectivos. Movimientos que valientemente luchan por los derechos de los colombianos. Aunque la cantante no tiene una frase característica viralizada como la de la paisa Luna Gil (de la que se habló en el primer apartado), su discurso tomó un carácter público, pues al ser famosa, sus redes sociales le permitieron dar a conocer al mundo la situación que atraviesa Colombia, por medio de la música y la crítica social (ver perfil de Instagram en:  https://www.instagram.com/adrianalucia/?hl=es-la). 

Ph: Natalia Agudelo Campillo 

El arte se toma las calles 

Las expresiones artísticas inundaron el paro nacional 2021. Las paredes y vías del país se llenaron de artistas disfrazados y de grafitis que contenían información contundente en contra de una nación que desde sus inicios violenta a los ciudadanos que la habitan. “El pueblo no se rinde carajo” es el mensaje que se leía en los muros de la Avenida 80 con la calle San Juan, en Medellín. Quienes lo pintaron sostuvieron que era una respuesta ante la cohibición de la libre expresión popular, por parte del ejército nacional que tapó el primer manifiesto que estaba en estas mismas paredes: “estado asesino”. 

Ph: Jonier Quiceno Ceballos 

Durante las pasadas protestas, se percibió que el miedo y la indiferencia ya no inmovilizan. La pintura y el performance dejaron ver cuán grande es el trabajo colectivo. Símbolos como el campesino olvidado, la parca, las calaveras y los colores patrios, protagonizaron estas expresiones gráficas.  

Ph: Maicol Cordoba
Ph: Oscar Castillo

Humor subversivo  

Por medio de las plataformas digitales, los comediantes también manifestaron su inconformidad con el gobierno de turno. En el video “no hay derecho” de Lokillo Florez  (ver video en: https://www.instagram.com/p/CPUcAX0hAcB/) se presentó una problemática de la cual se viene  hablando desde hace varios años y que se ha acentuado más con el paro, ¿qué pasa con los derechos humanos en Colombia? ¿Existen los derechos humanos en Colombia o solo es un concepto vacío? 

El humorista y actor, Alejandro Riaño también ha usado sus redes sociales para concientizar y difundir la situación del país. En la cuenta de Instagram, en la que encarna el personaje de Juanpis Gonzáles, publicó una serie de videos en los que a través de sarcasmo dejó en evidencia la corrupción, los abusos de poder por parte de las fuerzas públicas y el desconocimiento de las necesidades de la ciudadanía, entre otras problemáticas de la nación (ver videos en: https://www.instagram.com/juanpisgonzalez/). 

Ph: Alejandro Riaño 

Literatura insurgente 

La literatura se hizo presente. Se viralizó la imagen de un joven en cuya camiseta se lee la frase “¡NO SON MOLINOS MI SEÑOR ES EL ESTADO!”. Esta curiosa adaptación de la advertencia “No son gigantes mi señor, son molinos”, enunciada por el escudero Sancho Panza a  Don Quijote, evoca al Estado como artífice de los atropellos a la ciudadanía. Una vez más se confirmó la creatividad tras cada grito insurrecto. 

Ph: Andrés Herrera

El paro brindó espacios en los que la literatura y la lectura cobraron visibilidad. En el transcurso del mes de mayo, los jóvenes líderes de la resistencia caleña, transformaron tres CAIS en epicentros culturales de lectura en honor a las víctimas que deja el abuso policial en la “Sucursal del cielo”. La más famosa de estas locaciones es la Biblioteca de la Dignidad, ubicada en la Loma de la Cruz, al norte de Cali. El mensaje es evidente, las acciones de los jóvenes lo dejan claro: más educación y menos maltrato policial. ¡A leer para avanzar!

Ph: Natalia Romero

Este recorrido demostró que la protesta colombiana fue polifacética, pues promovió y visibilizó el artivismo por medio de la incorporación de la acción artística transformadora, acción que tuvo eco en los medios digitales a lo largo del país. Se evidenció la creatividad y el pensamiento crítico colectivo a través de la literatura, el humor subversivo, los discursos digitales, el arte y la música. Se denotó la oposición a un régimen de violencia, silencio e indiferencia. Un régimen que, esperamos, caiga ante la revolución del arte.

Ancestras: el sueño cumplido de Petrona Martínez.

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 6, julio-diciembre 2021

Por Andrea Morales – andreamorales1408@hotmail.com

Entrevista con Manuel García Orozco (Chaco World Music). 

Esta entrevista fue realizada a Manuel García Orozco en el marco del lanzamiento de Ancestras, un trabajo discográfico que salió bajo el sello de Chaco World Music. Se trata de un disco que tardó muchos años. Fue el sueño de Petrona Martínez para rendirle homenaje a todas las mujeres que considera sus ancestras y aquellas que representan su raza, mujeres afro como Nidia Góngora, Susana Bacca, Angelique Kidjo, entre otras artistas que, al igual que Petrona, comparten el compromiso de llevar sus herencias culturales a muchos lugares del mundo y que además, han vivido en una constante lucha contra el racismo, el cual han podido resistir desde sus territorios, gracias a sus cantos y su enorme resiliencia.

Agradecemos infinitamente a Chaco por dialogar de una manera tan agradable y humilde sobre Ancestras, un disco con el que también nos identificamos. 

Manuel García Orozco “Chaco” es un productor, compositor e investigador colombiano que bajo su propio sello “Chaco World Music” ha producido álbumes de renombre internacional y colaboraciones con artistas tradicionales. Chaco es el productor de Petrona, pero también como lo afirma: es su amigo y discípulo.  Él siente una gran admiración por ella y lleva muchos años a su lado. Ha realizado investigaciones afines con la música tradicional en Colombia y es el creador de una página educativa digital titulada Bullerengue Universal. Ver (https://www.bullerengue.com/proyecto)

Ancestras es un proyecto que llevó muchos años de gestación, me gustaría saber de esa experiencia, la manera como surge este disco.

M.G:  Es difícil ponerle una fecha de inicio exacta porque han sido muchos años acompañando a Petrona. El proyecto Ancestras surge a partir de un sueño de Petrona en el que ella quería hacer una rueda de bullerengue como la de sus ancestras y a mí me sonó bastante viable hacerlo, pero ella me muestra una problemática y es que ya no hay cantadoras de su edad para hacerla o eso creía. Ceferina Bánquez es menor que ella, las hijas de Graciela Salgado son hijas de una contemporánea al igual que Pabla Flores. Además, son cantadoras que están activas en el mercado. Yo había visto a Juana del Toro en vídeo, sabía de su existencia… (era una mujer campesina que nunca se había parado en una tarima y gracias a el álbum Anónimas y resilientes pudo salir del anonimato al igual que Ceferina ). Entonces grabamos dos discos: el primero, Anónimas y  Resilientes (2019). un  álbum de cantadoras, que no habían grabado antes y el segundo, haciendo la rueda y con invitadas internacionales que es Ancestras (2020). Esto lo hicimos con la idea de crear diálogos interculturales con otras mujeres en honor a esas ancestras, como las conoció Petrona. La idea era poder vivenciar esos espacios comunitarios de canto y baile que al mismo tiempo son espacios de emancipación. (Emancipación de la opresión a la que se ha sometido a la población afrocolombiana por siglos. Estas mujeres han usado la voz y el canto como mecanismo de resistencia). 

Fueron varios años de trabajo llenos de mucha paciencia y amor. Mientras hacíamos Anónimas y Resilientes, Petrona escuchaba estas canciones, yo le traía las grabaciones. Grabé esta canción  con Susanna Bacca, cuando ella escuchó esa grabación por primera vez se emocionó muchísimo… Con Angelique Kigjó, (lengua africana) pasa algo muy curioso en la canción Mi gallina”, ellas no se entienden en el sentido referencial del idioma, pero si se están entendiendo en un sentido metafísico, espiritual y musical porque están conectadas a una misma raíz.

Escuchar la canción.  https://open.spotify.com/track/5OaT8Yz1jyrlBnYww7kOrb?si=e11574d15d56466d)

A diferencia de otros trabajos como EL orisha de la rosa (2017), Anónimas y resilientes (2019), ¿Qué tiene de especial Ancestras?

M.G : Todos los álbumes tienen algo absolutamente especial porque yo considero al fonograma como un documento y no una simple comodidad. El fonograma es un espacio mimético en el que se concentran muchas experiencias vividas y por vivir. En este proceso, hay momentos muy especiales. Por ejemplo, en Ancestras yo puedo evocar fácilmente la primera vez que escuché a Petrona en su territorio, el poder poético y acústico de su voz me embrujó para siempre.  El disco tiene muchas cosas especiales y no puedo decir que sea más o menos especial que los demás (todos son especiales)- Este trabajo tiene unas vivencias que solo les corresponden a ellas. 

Teniendo en cuenta el panorama de la música tradicional en Colombia, incluso en la industria musical y todos los tropiezos que ha tenido Petrona, me gustaría saber tu opinión sobre la palabra “Resistencia” en el contexto de este disco. ¿Es Ancestras una manifestación de resistencia?

M.G:Yo lo entiendo de esta manera: Ancestras hace honor a tres grupos de mujeres y en esos tres grupos de mujeres hay tres maneras de resistir que tienen sus similitudes y diferencias. El primero y el que más evoca esa palabra es las ancestras de Petrona, quienes enseñan una historia alterna que no está en los libros del país. Y me refiero a esto porque Petrona desde niña, cuando la mujer no tenía derecho ni siquiera a votar o poseer tierras, ve mujeres que lideran sus familias y hogares matrilocales donde hay unos órdenes de respetar la vida muy diferentes a este mundo moderno colonial. Entonces, están esas mujeres que resisten la opresión y creo yo que la canción bullerenguera juega un papel predominante para poder crear un espacio de emancipación y un espacio colectivo de solidaridad y de resistencia.

 Después, el título del disco hace honor a las ancestras de Petrona y a todas las invitadas que, si uno se pone a armar un árbol genealógico, todas terminan en un mismo continente al que de alguna manera ya dejaron de pertenecer. (El triunfo está en que hoy en día estemos hablando de ellas después de tantos siglos donde trataron de silenciar sus voces y el colonialismo pudo separarlas y oprimirlas, pero jamás pudo silenciarlas). 

Por último, la última manera de resistir se ubica en el tercer grupo conformado por Petrona y las mujeres que están en el disco imaginándolas como ancestras del futuro. En ese sentido, veo el disco como una resistencia hacía el futuro en el que miremos a estas mujeres desde el pasado brindándonos este mensaje y desde su poética, razones para resistir. Ojalá que en unos 40 o 60 años cuando ellas no estén, ya exista un mundo más justo.

Hay algo muy significativo para mí en todo este proceso y es la manera como logran retratar la oralidad por medio de la voz de la maestra, ella canta historias, vivencias  y rememora sus experiencias por medio del canto. También es su voz la  que cuenta historias al principio y al final. Algo, supremamente especial, porque rememora toda una tradición oral y ancestral cargada de enseñanzas.

M.G: En la producción musical, siempre trato de amplificar las maneras de representación preferidas de las artistas que estoy produciendo. A Petrona le fascina hablar. Yo pasé horas y tardes enteras solo escuchándola. Ella a cada canción le tiene su historia y era parte de nuestra dinámica hablar de esas experiencias. Muchas veces grabando solo los tres (ella, su hija y yo) le preguntaba la historia de esa canción, me la contaba y luego la cantaba. Era también una estrategia mía para lograr que esa interpretación fuese más sentida. Allí surgió la idea de incluir fragmentos de estas entrevistas en el disco para contextualizar lo que ella enuncia.

El disco tiene algo muy lindo, pero no mucha gente lo tiene en cuenta. A partir de Petrona que es una mujer afrodescendiente y estaríamos amplificando su voz. Yo pienso que celebrarla está bien pero también es necesario llamar la atención a problemáticas serias que existen y esas problemáticas no son exclusivas de las mujeres afrodescendientes sino de mujeres racializadas en el continente y en muchos lugares del mundo. Por esa razón, en este trabajo discográfico hay unos testimonios en lenguas nativas, como el titulado: “mujeres en lenguas de Abyala”. (https://open.spotify.com/track/7ASkZbGwPCA7kMePQdezSw)

Lo que hicimos fue preguntarles a mujeres para amplificar sus voces en sus lenguas, que hablaran de sus experiencias de ser mujeres, qué significa serlo y cuáles son las luchas que ellas encarnan desde sus territorios. La oralidad es todo. En el bullerengue,  el disco de Ancestras sin oralidad, no existiría. 

Esta entrevista tuvo la intención de acercar al lector al nuevo trabajo discográfico de Petrona Martínez una de las cantadoras de bullerengue más reconocidas del país. Es una invitación a escuchar las músicas tradicionales, a reconocer y entender el maravilloso legado ancestral de las comunidades afro.  El álbum  cuenta con un cuadernillo de 48 páginas donde participaron voces afro feministas como Uchy Curiel, Natalia Santiesteban y Mónica Carillo. En palabras de Chaco: el álbum fue una manera de articular pensamiento crítico desde el disco y sus investigaciones.

Te invitamos a escuchar el álbum completo en: (https://open.spotify.com/album/1SvnKPYWcsKCgwckfOJqhK)

Segunda parte entrevista con Weildler Guerra Curvelo

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 6, julio-diciembre 2021

Ana Melisa Zabaleta –melisazabaleta24@gamil.com y William Leal Pushaina – william45mauricio@gamil.com

Recorrido editorial de Los dolores de una raza y algunos acercamientos críticos alrededor de la novela

En el primer fragmento de la entrevista publicado en el 5to número de Lua Revista-e Cultural, se habló sobre Antonio Joaquín López Epieyuu, su cercanía filial con Weildler Guerra Curvelo y algunos datos sobre la biografía del autor y anécdotas de su vida. Esta segunda parte corresponde al final de la entrevista, donde se tiene un diálogo más cercano a lo que representa la novela Los dolores de una raza para el acervo literario wayuu y se revisan algunas de las propuestas críticas alrededor de la misma. 

Las obras reconocidas de Antonio Joaquín López son 3: Memorial de agravios, Calvario guajiro y Los dolores de una raza. En cada una de ellas el escritor denunció tempranamente muchos de los atropellos hacía la población wayuu. En el caso particular de Los dolores de una raza, Guerra menciona:

W.G: Los dolores de una raza empieza en Irotsima. Esto es una zona de Uribía que estaba entre Bahía Portete y Bahía honda, hacía el interior de la península de La Guajira. En este lugar es donde empiezan las guerras y conflictos que reflejan tanto las guerras entre wayuu, como los enfrentamientos con el arijuna (persona no wayuu). En este escenario se desenvuelve la trama a través de la cual Antonio Joaquín López realiza una especie de etnografía wayuu.

La historia contada en Los dolores trae como esencia el testimonio y la crónica. La novela está inspirada en los sucesos históricos que se dieron en la península entre los años 1920 a 1935. Sin embargo, la obra es publicada a finales de la década de los 50. ¿Cuál ha sido la transcendencia de la novela en términos de ediciones? 

W.G: Los dolores de una raza tiene varias ediciones. El festival de la cultura wayuu, cuando yo hacía parte de la junta directiva, editó la novela, hice parte de ese proceso realizado durante los años 90. Del año 2000, hay otra edición que se hizo con el apoyo de Ecopetrol. Otra edición más se publicó en la colección Nu Chon Kai en el 2015, esta fue dirigida por Edén Vizcaino. Hay varias ediciones de los dolores de una raza

La colección Nu Chon Kai se compone de 5 tomos en los que presenta textos literarios de diferentes escritores wayuu. El primer tomo está dedicado a Antonio Joaquín López y contiene un fragmento del Memorial de agravios y la novela Los dolores de una raza. Luego de leer la novela, ¿qué sería lo que usted resalte de esta obra? ¿cuál es el factor diferencial respecto a otras narrativas wayuu?

W.G: En esta novela es evidente la denuncia. Denuncia el recorte de la autonomía wayuu ante un estado que, por un lado, asume con vigor todos sus elementos de coerción para limitar la autonomía wayuu, y por otro, no asume con responsabilidad sus deberes con el bienestar de esta colectividad humana. El estado solo muestra presencia cuando establece una coerción que limita al wayuu, pero a la vez se retira al momento de poner en práctica sus deberes para garantizar los derechos de la población indígena. Esto es lo que expone Los dolores de una raza. 

Se refiere también a toda la incidencia del arijuna y del sujeto occidentalizado al intervenir en las dinámicas del wayuu pretendiendo “disciplinar” eso que reconocen como otro. La falta de comprensión hacía la cosmología y ontología que rige la vida de esta comunidad indígena.

En cuanto a las propuestas críticas que rodean la novela de López Epieyuu, se tienen aportes de gran importancia para la construcción de una teoría sobre literatura wayuu. Con relación a esto Guerra menciona:

W.G: Se tienen algunos acercamientos teóricos muy interesantes a la novela, un gran referente es Duchesne Winter con su libro Caribe, caribana: cosmografías literarias. También Gabriel Ferrer y Yolanda Rodríguez plantan una propuesta teórico-conceptual detrás del acervo literario wayuu. Miguel Rocha, por ejemplo, ha realizado diversas publicaciones sobre literatura indígena, y en ella, lo wayuu tiene un lugar de relevancia. Otros académicos interesados por el tema como Laura Lema Silva y Ana María Ferreira presentan también argumentos interesantes sobre la obra de Antonio Joaquín y la forma de abordar su narrativa. 

Cada uno de los teóricos mencionados ayudan a construir una ruta teórico-conceptual que permite leer la literatura indígena alejada de estructuras convencionales. Leer Los dolores de una raza implica reconocer las dinámicas de un pueblo que ha resistido los señalamientos de quienes los identifican como salvajes, así lo explica Guerra:

W.G:  Colombia ha venido construyendo la imagen del otro salvaje, no con los más de 70 pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes. No, Colombia está construyendo la imagen de un otro salvaje, casi exclusivamente, con los wayuu. Los wayuu contrabandistas, narcos, desnutridos y ahora último los wayuu pedófilos. Se tienen una noción del indígena como un sujeto carente de modernidad, que hay que traerlo (a lo occidental) por la fuerza. Tienen unas visiones disciplinarias que se basan en los derechos humanos, en la equidad de género, en una serie de discursos que son muy occidentales y que utilizan para “disciplinar al otro”. Cuando analizamos a Briscol (Antonio Joaquín López) o a Ramón Paz Ipuana lo hacemos para ilustrar formas narrativas, agentes inmateriales, ciertas figuras del conjunto mítico, practicas rituales, situaciones funerarias, situaciones que pasan a formar parte del canon literario wayuu, y que hoy son casi que crónicas de alto valor histórico y etnográfico para entender esta etnia. 

Weildler Guerra hizo énfasis en lo significativo de Los dolores de una raza para comprender la realidad de la comunidad wayuu. Sugirió lecturas de cronistas que visitaron la península durante el siglo pasado y documentaron la cotidianidad del indio guajiro, algunos de ellos son: Milcíades Chávez, Gustaf Bolinder, Henri Candelier, Eliceo Rekli. Con ellos se tendría un registro histórico y etnográfico fundamental para la investigación que motivó la realización de esta entrevista. El encuentro finalizó con estas lecturas recomendadas que resultan útiles para investigaciones sobre literatura wayuu. 

Volver la vista atrás

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 6, julio-diciembre 2021

Samuel Posada Heras – sdposadah@gmail.com

Vásquez, J. (2011). Volver La Vista Atrás. Madrid. Alfaguara

Cuesta creer que pensar en el ayer es una acción revolucionaria, el recuerdo es una acción imaginativa de sostener el pasado y ante el ayer, no hay solución. Sin embargo, no se necesita solucionar lo que pasó, sino, sostenerse en lo que está pasando y en lo que pasará. 

Esta, podría ser la reflexión de la obra de Juan Gabriel Vásquez, titulada Volver la vista atrás catalogada como una “novela sin ficción” y ganadora del premio Alfaguara 2011. Dicha narración presenta temáticas políticas, tales como los acuerdos de paz y la guerra civil colombiana, entre otros conflictos exteriores a Colombia, como la guerra civil española y la revolución cultural China. Entre otros elementos históricos que hacen notoria la visión individual de aquellos que han sido marcados por la guerra. Vásquez, relata la voz de los seres humanos que han sido afectados directa o indirectamente. De manera que, esta novela cuenta el recuerdo, bien sea por nostalgia o por la permanencia del dolor.

 Y mientras se cuentan estos hechos, se recorre por diversos lugares como Latinoamérica, China y algunos países de Europa, donde habrá frecuentemente el diálogo de ideas revolucionarias, incluso, vinculaciones con grupos al margen de ley. 

Sergio Cabrera es quien se encarga de reconstruir todo este relato, como personaje principal de la obra, se enfrenta a diversas crisis, su padre fallece y en esos días, su matrimonio tiene algunas dificultades, sumado a esto, el país rechaza el acuerdo de paz. Frente a esto, viaja a Barcelona para resolver los asuntos correspondientes a la muerte de su padre, como consecuencia de ello, inicia un interesante viaje al pasado que ayuda a comprender la presencia de hechos que han afectado notoriamente a una población y se hacen visibles desde la individualización. Donde el recuerdo, es la posibilidad de hacer particular una problemática general.

En lo personal, veo en el texto, una forma racional de enfrentar el pasado, el dolor y todas las afectaciones que invaden al ser humano. No es precisamente un libro de superación, pero sí, de enfrentamiento con el pasado. 

Vásquez ha sabido superarse en cada texto publicado y el premio ganado por esta novela habla de un punto elevado en su escritura y que además logra complementarse con otros de sus textos al unificar parte de sus ideas trabajadas en novelas como La Forma De Las Ruinas y Alina Suplicante al relatar un conflicto y enfrentarlo. Juan Gabriel Vásquez, ha escrito una literatura comprometida con los problemas sociales y la afectación individual y colectiva para enfrentarla desde la palabra. 

El año del sol negro De Daniel Ferreira

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 6, julio-diciembre 2021

Diana Rivera Pinilla – riveradianap@gmail.com

Daniel Ferreira (2018). El año del sol negro, Bogotá: Alfaguara

Llegar a leer la última página de El año del sol negro (2018), novela escrita por Daniel Ferreira (1981), es un acto devastador, pero necesario. El que conoce la historia de la tierra donde ha nacido, tendrá criterio para impulsar un presente y un futuro que no repita las infamias del pasado. 

La prohibida relación amorosa que surge en el año de 1900 entre José Celestino Mutis, campesino liberal de 25 años de edad y Julia Valserra, mujer de 30 años que pertenece a una familia conservadora, es la oportunidad que Ferreira crea para dar rienda suelta a una narración ficticia que acerca al lector a los hechos ocurridos durante la guerra civil de los mil días. Este suceso aconteció a finales del siglo XIX en el país cuando los ciudadanos declarados liberales alzaron el grito de ¡Viva la Revolución!, contra los conservadores de la época.

Para rescatar del olvido este pasaje histórico, el autor reúne la óptica de todas las partes implicadas en el conflicto y las describe, a través de los sucesos personales que diversos personajes viven durante la dramática guerra. Prohibiciones, hazañas, riesgos, pasiones, libertades, aficiones, miedos, sueños, frustraciones, creencias, sacrificios e incluso la locura atraviesan las relaciones que se tejen entre las representaciones femeninas y masculinas presentadas.

El poder de la ola revolucionaria es tan dominante que el desenlace de esta trama, además de desarrollarse en las ciudades y pueblos sitiados donde se concentra el poder político y económico, se expande hasta el corazón de la selva y revela un territorio de riquezas naturales incalculables. Este paisaje luego se transforma en escenario accidentado y agreste de violentos enfrentamientos, donde la sangre y la peste de los cadáveres mutilados contaminan todos los cuerpos de agua con el hedor de la muerte. 

El amor es el aliciente de los personajes implicados en un destino fatídico e incierto, en el cual el odio y la ambición de unos pocos lleva a la desesperanza, a la injusticia, a la desigualdad y a la muerte de todos. La mayor osadía será el amar, aún en las instancias de la guerra los fierros no silencian la necesidad de buscar afecto y esperanza en los más cercanos o en los recuerdos más bellos de la infancia, de la juventud y de las edades donde aún existía la esperanza de la vida. 

El año del sol negro es una novela que nos remonta a las excursiones históricas garciamarquianas del caribe: las botas y rifles de generales, los machetes de campesinos, los gritos de liberales, el poder de conservadores, las casas donde los grandes patios y las habitaciones olvidadas tienen un halo de magia. entre otros elementos. La novela también describe los sucesos ocurridos en la región de Santander, donde Ferreira ubica los hechos. Parece que las aves carroñeras, símbolo de la muerte, han remontado los cielos de toda la geografía colombiana, como augurio de una nación fallida. 

Impacta al lector esta lectura porque no muchas cosas han cambiado, a pesar del paso del tiempo. Parece ser que las fuertes pugnas ideológicas y sociales de Colombia, dadas las condiciones de injusticia y desigualdad, tienen su origen hace más de 120 años y ninguna guerra o enfrentamiento ha podido cambiarlas. Ferreira transmite en su texto este sentimiento de derrota generalizada, finalmente ningún protagonista se salva de la desidia que deja la desesperanza de una vida sin dignidad, aun cuando aparentemente haya ganadores y perdedores al terminar la guerra. 

El placer que tuve al leer esta obra literaria fue infinito. Da gusto avanzar hacia la culminación de una historia, cuando el ritmo de los acontecimientos es tan frenético y emocionante. La lectura pone al descubierto la historia de personajes que exponen la realidad que representan de manera muy acertada, teniendo en cuenta que Ferreira los dota de un lenguaje coloquial de gran riqueza. Dado lo anterior, esta propuesta termina siendo novedosa en la escena de la literatura colombiana por la visceralidad con la que el autor narra la temática mencionada.

Daniel Ferreira nació en Colombia en 1981. Se ha convertido en un referente de la literatura colombiana con la publicación de cuatro títulos que forman parte de Pentalogía (infame) de Colombia, proyecto en donde se aborda la violencia y la historia de Colombia desde el siglo XIX. Los títulos que componen esta propuesta son: La balada de los bandoleros baladíes (2011), Viaje al interior de una gota de sangre (2011), Rebelión de los oficios inútiles (Premio Clarín 2014, Alfaguara, 2015) y el Año del sol negro (Alfaguara, 2018). 

Siguiendo el recorrido que la editorial Alfaguara presenta con respecto a Ferreira, encontramos que este autor santandereano fue seleccionado entre diecisiete narradores para la Antología de la Novísima Narrativa Breve Hispanoamericana (Grijalbo, 2009). Sus relatos, crónicas y ensayos han aparecido en las revistas Casa de las Américas, Letras Libres y El Malpensante y escribe en el diario El Espectador, de Colombia. En el 2017 hizo parte de la selección Bogotá39, promovida por el Hay festival, que reúne a los 39 mejores autores, menores de 39 años de toda Latinoamérica.

Brotes de represión

©Linda Esperanza Aragón, más de ella en http://lindaesperanzaaragon.blogspot.com/

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Lua revista 6, julio-diciembre 2021

Edgar Guillermo DeLaMark Bolaño. – edgardelamar1@gmail.com

El reloj marcaba la 1:30 p.m, moví todo dentro del morral buscando mi celular, muy en el fondo vi parpadear su pantalla y al tomarlo su brillo se volvió más intenso. Marqué el número de Julián y noté que su voz sonaba agotada, quizá por la travesía de su casa hasta el punto de encuentro.  

– Ya llegué, estoy aquí, pero creo que entraré a la tienda de la esquina, compraré unas botellas de agua, ¿Quieres algo? – dijo agitado.

– Que te apures, estás tardando mucho- respondí.

– Ya, cálmate, estoy aquí mismo, ¿dónde estás?- preguntó.

La gente se empezó a amontonar, parecía que había media ciudad congregada dispuesta a marchar para solicitar cambios en el país. Quizá, al fin, las personas se habían aburrido del yugo que nos sometió por mucho tiempo. Mientras pensaba en eso, contemplaba la posibilidad de que al terminar de marchar iría a casa de Diosa, una morena bien bonita que había conocido el mes pasado. Cuando me estaba dejando ir demasiado en mis pensamientos, alguien me regresó a la realidad con un leve golpe en la cabeza. 

– ¡Jaime, qué!-  me saludó mi amigo como habitualmente lo hacía- Ey, qué montón de gente, ¿verdad? Espero que la cosa esté suave, no como en Cali- decía Julián mientras tomaba agua. Para saludarlo; le regresé el golpe haciendo que derramara un poco de agua sobre su camisa.

– ¡Boca rota! -, nos reímos mientras él trataba de secarse, esa poca risa me hizo sentir aún más la tensión que había en el ambiente. – Marica, es que el pueblo está descontento, ya ni miedo tienen, ¿por qué llegas tarde a todo, te estabas maquillando?- pregunté para reír una vez  más

– No´mbe, ojalá fuera eso, estaba convenciendo a mi mamá para que me dejara venir. Tú sabes cómo es de pesada esa señora para estas cosas.

Aunque en sus ojos había una sonrisa, en ellos también se asomaba la preocupación que le producía pensar en que algo malo podría pasar. 

– Le juré que volvería a casa, respirando y sin ningún rasguño, eche, es más me hizo jurar que tú le asegurarías que vamos a regresar sanos.

–  Joda, mi mamá ni sabe dónde estoy, en fin, ¿a qué hora es que empieza esto?

– Por ahí escuché que va a empezar a las 2:15, ya las personas se están organizando, deberíamos unirnos también. Mira, allá están los del colectivo.

 Julián alzó sus brazos y los agitó en el aire para hacer notar al grupo de apoyo que ya estábamos ahí. Nos acercamos al grupo de defensores: nosotros tendríamos vinagre, maicena y agua a la mano por si alguien llegaba a necesitarlos. 

– Buenas tardes grupo, ¿cómo les va?  Escuché en coro un murmullo diciendo “bien” y di por terminado mi saludo. Pero Julián se detuvo a darle la mano a cada uno de ellos y se quedó hablando con una chica, Andrea creo que era su nombre. 

Las calles parecían un río de gente y cuando empezó a fluir Julián y yo tomamos la posición que habíamos acordado. El recorrido fue desde el punto de encuentro hasta un parque en el centro de la ciudad, donde se terminó con un plantón artístico. A medida que avanzábamos comenzaron los viroteos y los cánticos que acompañaron la marcha, proclamando que éramos la minga. Mientras algunas personas se unían desde los balcones de sus casas. Aunque no salían a marchar, con cacerolas y sartenes apoyaban la causa, era sorprendente la unión del pueblo. Salí de mi ensoñación sin saber si había estado en silencio o no, pero sentía mi garganta arder como si hubiese cantado con el alma y escuché a mis compañeros cantar. Observé a Julián a mi lado, con las mismas energías con las que comenzó. A pesar de que habíamos caminado bastante aún faltaba un largo trecho. Sin importar la distancia, seguíamos alzando nuestras voces al unísono:

– ¿Quién es usted?

– ¡SOY ESTUDIANTE!

– ¡No lo escuché!

-¡SOY ESTUDIANTE!

– ¡Una vez más!

– ¡Soy estudiante soy, soy estudiante soy, yo quiero estudiar, para cambiar la sociedad! ¡Vamo´a la lucha!

En el silencio, entre cántico y cántico, comencé a analizar nuestras palabras: era curioso, cantando ese estribillo me di cuenta que para eso llevaba años estudiando, para cambiar la sociedad, para salir adelante y llegar a ser quien quería ser. Giré la cabeza un poco y entendí que era la realidad de muchos. Por ejemplo, Julián. Él me contó que su mamá se esforzó mucho para que él mismo y sus dos hermanos pudieran estudiar en la universidad. Allí estábamos todos, luchando para que la educación estuviera al alcance de todos. 

-¡Somos estudiantes, hijos de este pueblo, que no nos conformamos con este mal gobierno!

-¡Suben los impuestos a los alimentos! ¡Fuerzas militares, represivas criminales!

Algunas ciudades se desmoronaban, jóvenes eran asesinados, personas inocentes estaban siendo golpeadas y estábamos todos hartos: estudiantes, campesinos, comerciantes, la nación misma. Colombia, uno de los países más desiguales de Latinoamérica. Pensaba esto mientras unía mi voz con la de los demás. 

-¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué nos asesinan? ¡Si somos la esperanza de América Latina!; Yo no quiero ser, un falso positivo, pa´darle vacaciones a un tombo malparido. 

-A parar para avanzar, ¡VIVA EL PARO NACIONAL!

Sentía mi cara arder por el sol y el calor, pero en mi mente la ira ardía igual. En la historia de Colombia, las muertes de los estudiantes fueron, siguen y seguirán siendo una herida que sangra y duele. A Dilan y a Lucas, y a los otros tantos asesinados durante las protestas, nunca los conocí, pero ahora lloré por sus muertes. Ambos fueron víctimas de las fuerzas represivas de la policía y el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios, supuesta unión para mantener el orden y la seguridad de la población, pero eso es puro cuento). A mi papá lo desaparecieron cuando yo tenía 6 años, aún recuerdo la depresión por la que pasó mi mamá y las amenazas que recibió al preguntar por él. Esto pensaba y se incrementaban mi ira.

Mientras seguíamos marchando, llegamos a la zona rosa de la ciudad, en donde viven los más privilegiados, también se escuchó la voz de ellos. No eran gritos de apoyo, eran insultos. Pero el silencio por los ataques verbales inesperados no duró mucho, la multitud empezó a corear mi favorito de todos:

– Pueblo mirón, únete al montón. Su hijo es estudiante y usted el trabajador.

Y lo repitieron como un mantra, era la oración desesperada, esa que se usa cuando se pide  aquello que es casi imposible. En ese momento, fue inevitable recordar la imagen de Julián arrodillado, pidiendo al trozo de yeso del que era creyente, un milagro para que la empresa de salud aprobara la operación que su padre necesitaba con desesperación y sí la aprobaron, pero cinco meses después de que el señor falleció. En esos momentos, reafirme mis motivos para seguir protestando. 

El sol comenzó a esconderse y la brisa nos refrescó un poco. Ya faltaban unos cuantos kilómetros para llegar y mis provisiones de agua se habían agotado, tenía que buscar el grupo de apoyo para pedir hidratación. Dejé a Julián con algunos amigos mientras regresaba con los líderes del grupo. Pero a medio camino, se desató el caos, la multitud comenzó a dispersarse. Busqué el origen del escándalo: un grupo de personas ajenas a la protesta intentó saquear un almacén de cadena. Entonces, vi que varios de los compañeros estaban sujetando a los intrusos y, siguiendo el procedimiento común, los alejaban de los almacenes creando un cordón humano.

La marcha continuó sin mayores incidentes, aunque debido al caos anterior, volver a mi lugar con Julián me costó casi media hora. Cuando lo encontré, estábamos a unos metros del punto del plantón. A pesar de estar cansadas por caminar a tremenda distancia, las personas parecían más animadas. Faltaba solo una calle, lo habíamos logrado. El bloqueo de la carretera se daba con total calma, todo estaba tranquilo, pero de un momento a otro llegó el ESMAD. Parecía que el tiempo se hubiera detenido, la tranquilidad que reinó antes se escapaba poco a poco.

Alguien de la multitud lanzó uno de sus zapatos y golpeó a uno de los integrantes del ESMAD y de repente, toda la alegría se transformó en una lluvia de humo, la gente empezó a correr. A muchos nos ardían los ojos, las ganas de toser fueron inevitables y así empezó el pandemónium.

– ¡No se separen! -, gritaba alguien. Buscando el vinagre en mi bolso lo regué sobre un montón de cosas, solo podía pensar en cortar ese ardor infernal. Uno de los agentes del ESMAD lanzó un gas lacrimógeno y cayó a unos cuantos centímetros. Como primer instinto, lo pateé. Mi celular resbaló de mis manos y dio contra el suelo, me agaché a recogerlo y escuché otro estruendo. Un dolor intenso atravesó mi pecho.

Sabía que algo no estaba bien, así que me preocupé por mirar a mi alrededor y corroborar que nadie estuviera herido. La multitud hizo un círculo alrededor de un muchacho tendido en el piso. Lo primero que se me ocurrió fue acercarme a ayudar. Quien estaba en el suelo era Julián. Estaba tosiendo y sangrando, su camisa blanca estaba enrojecida por la sangre. Aparté a las personas a empujones y llegué hasta él. Mi hermano, mi amigo, estaba allí tendido, seguramente recordando la promesa que le hizo a su madre. Los brutos e indolentes seguían avanzando, sin detener sus inclementes ataques. Personas de DDHH, arriesgando sus vidas, se acercaron para moverlo a un lugar seguro. 

– ¿Cuál es su nombre? – creo que preguntaron. 

– Julián Quintana, su tipo de sangre es A negativo. Empecé a soltar toda la información que me sabía de memoria. No dejaba de hablar, me moría de miedo. Él era, ¡NO! Él es un joven de bien, pensé. Sabía que él no estaba haciendo nada, todo me daba vueltas. Mi visión fallaba, los recuerdos me aturdían. Me dolía recordar sus sueños y aspiraciones, sus ganas de ser pintor, no podían quitarle eso. No podían quitarle su humanidad, su anhelo de salir adelante, sus deseos de un mejor país. 

Le costaba mucho respirar y yo pensaba en qué le iba a decir a su mamá. Una madre no debería enterrar a sus hijos, yo no tendría la fuerza para hablarle a esa dulce señora que esperaba a su hijo en casa. Era imposible que no me sintiera culpable, teníamos que regresar juntos y completamente sanos. Las sirenas se escuchaban a lo lejos, parecían acercarse. 

– Hermano, quédate ¿sí? No te vayas, abre los ojos, mírame. Por favor, yo no podría sacarte un son, me destrozaría el alma que te murieras. Vamos, resiste, que ya vienen los médicos. 

 La gente alrededor se hacía la misma pregunta que yo: ¿por qué demoraba tanto la ambulancia?

Note cómo la temperatura descendía, y me sentí más débil, por un momento creí que Julián me soltaba, pero fueron mis manos las que perdieron fuerza, solté el agarre. Cerré los ojos para contener las lágrimas y, al abrirlos, me doy cuenta de que quien llora no soy yo, es él.

Escuché a los de derechos humanos decir que no hay mucho que hacer, que perdí mucha sangre: si la ambulancia no llega pronto, no sobreviviré. Quien agoniza soy yo, recuerdo el dolor en el pecho, todo era más claro. Ellos lanzaron un disparo. 

Espero que este país cambie, que sus hijos no tengan que pasar por las cosas que nosotros pasamos.   

– Los del ESMAD bloquearon todas las calles, no dejaron pasar a la ambulancia. Esto fue lo último que escuché. 

Que gobierno tan infeliz. Pensé.

« Entradas anteriores