Un viaje a las tierras del diablo

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre  2019/enero- junio 2020

Por Omar Eliécer Lubo Vacca – oeliecerlubo@gmail.com

Juan Cárdenas. (2017). El diablo de las provincias. Madrid: Editorial Periférica.

Hace poco leí un artículo de la bióloga Brigitte Baptiste (Ver en: https://cerosetenta.uniandes.edu.co/brigitte-baptiste-ciencia-peligro/) en el que explica, a partir de sus experiencias, lo difícil que resulta hacer trabajo de campo en Colombia por el alto grado de violencia armada en muchas zonas del país. Baptiste aclara que a las organizaciones extractivistas o de siembra de monocultivos para las que trabajan los grupos armados no les conviene que se investigue a favor de la preservación de los elementos naturales, de los ríos y los bosques, porque eso pondría trabas a las políticas de muerte que asistimos desde siglos atrás. El libro de Juan Cárdenas El diablo de las provincias (2017) encarna estas problemáticas del quehacer científico, del que habla Baptiste, al narrar la vida de un biólogo con estudios superiores en el extranjero que termina sirviendo en Colombia, y por la fuerza, a una organización de siembra de monocultivo de palma.

La novela comienza con el regreso del biólogo a su ciudad natal, al casipueblo de la ciudad enana. Una vez ahí, le acontecen ciertas vicisitudes: un trabajo poco remunerado y de constantes angustias, que lo llevan a considerar una propuesta que lo pondría en un dilema ético al tener que experimentar con las feromonas de una plaga que estaría afectando el monocultivo de palma aceitera. El biólogo es consciente de la responsabilidad ética que implica trabajar a favor de los financiadores de los monocultivos, el narrador le recuerda al lector que “para el monocultivo no hay historia, ni hombres, solo eternidad, o sea la nada absoluta” (p.89). En este intríngulis, entre el trabajo indigno y la propuesta asesina, el personaje es secuestrado por unos mafiosos detrás del negocio de la palma para obligarlo a aceptar la empresa: es amarrado, torturado y sobornado… Alrededor de estos hechos y otros más, como la muerte del hermano abogado, la explotación de la tierra se escribe en la novela como un generador de actos igualmente violentos como los secuestros, las muertes, la discriminación y la pobreza.

En este sentido, el casipueblo de la ciudad enana es una invitación a viajar a cualquier ciudad del mundo o a cualquier país latinoamericano contemporáneo donde la naturaleza es vista como un afuera ilimitado de recursos y no como un adentro interconectado del cual hacemos parte. La ciudad enana es ese “cualquier lugar” del que habla Rachel Carson en su libro Silent Spring (1962) revelador sobre los problemas ecológicos mundiales: “This town does not actually exist, but it might easily have a thousand counterparts in America or elsewhere in the world” (p.3). La ciudad enana es también de alguna manera, una versión mascullada de Colombia.

Es importante anotar que las descripciones poéticas y especializadas de los paisajes vegetales me acercaron a una escritura de la naturaleza que oscila entre la ciencia y el lenguaje literario: un ejercicio humboldtiano que se inscribe en los discursos estéticos del mundo contemporáneo para revelar los negocios, la corrupción, la perversidad y la violencia que hay sobre los organismos naturales en países como Colombia. Pero también revela la conexión, las relaciones y los nexos que hay entre los sistemas de vidas humanos y no-humanos. Dice Humboldt en la introducción a Cosmos (1875) que su escritura está más cerca del lenguaje literario para expresar exactitudes físicas sobre el mundo natural en el que viaja. Creo que esta novela de Cárdenas intenta seguir esta tradición: es un viaje que, como todo viaje, invita a pensar y reflexionar, en este caso, sobre la naturaleza del siglo veintiuno a luz de la ciencia y la literatura para encarar entramados políticos, ecológicos y éticos que pueblan los bosques de los países latinoamericanos. Más aún, esta unión entre ciencia y arte puede leerse entre dos personajes de la novela, el biólogo y su hermano muerto. Cuando pequeños el primero se inclinaba por el estudio de los animales, mientras que el segundo era más inclinado a la poesía. La búsqueda constante del biólogo de crear conexiones con la historia y el pensar de su hermano es un ejercicio simbólico de unir dos pensamientos aparentemente disímiles pero que a la postre son maneras de explicar el mundo en su complejidad:

El biólogo era consciente de que llevaba todos esos años construyendo una barrera emocional para no pensar en su hermano, en la muerte de su hermano. Nunca seré un verdadero humboldtiano, se dijo, risueño y triste. Un verdadero humboldtiano no trazaría únicamente redes paranoicas de información, sino que además haría un esfuerzo por establecer conexiones sensibles (p.111).

Las conexiones sensibles pueden sugerirse a partir de las relaciones entre las maneras del pensar; de esta forma, ciencia, arte, e incluso religión, darían como resultado El diablo de las provincias. El diablo se piensa entonces como símbolo del conocimiento complejo, del encuentro entre el saber del mundo y el mundo del saber, pero que al mismo tiempo representa peligro, destrucción y muerte. La misma muerte que implica el hecho del pensar y el conocer (o del querer pensar o del querer conocer) en países como Colombia o México, donde la violencia de las mafias no se detiene para los escritores, los biólogos, los antropólogos, los ambientalistas e investigadores. En definitiva, no puedo pensar en el libro de Cárdenas sino como un viaje turbio y peligroso, pero al mismo tiempo crítico y pertinente. Es una novela de hoy: es un viaje a las tierras del diablo.

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