Formas de opresión y de resistencia en “La muerte de la acacia” de Marvel Moreno

©Eliana García

ISSN: 2665-3974 (en línea)

Luarevista 3 y 4 , julio- diciembre  2019/enero- junio 2020

Por Katrin Navarro Carmona – navarrokatrin@gmail.com

Aspectos como ciertas formas de vestir, algunos modos de actuar y de comportarse han determinado la manera como las mujeres han sido percibidas en la sociedad. Dichos aspectos se corresponden con un sistema en el que los hombres están por encima de ellas y son quienes tienen la autoridad y el dominio sobre sus vidas y sus cuerpos. Este sistema opresivo dictamina también cómo las mujeres deben llevar la virginidad, el matrimonio, la maternidad o la reproducción. Es un sistema excluyente con bases políticas construidas en la fe cristiana y en el cumplimiento de las leyes de la Biblia. Según el libro sagrado del catolicismo, por ejemplo, las mujeres están subordinadas a sus maridos.

Con esa idea, algunas crecemos sintiéndonos fuera de lugar por no cumplir con el arquetipo de mujer establecido. Marvel Moreno es una de estas mujeres que no cumplió con este arquetipo. Una escritora catalogada por algunos críticos como feminista y quien fue parte de la élite barranquillera. Ella tuvo como objetivo principal en su obra poner en evidencia el sistema opresor sobre las mujeres dentro de la sociedad, porque tal como ha sostenido la crítica: “el empeño de Marvel Moreno es dar a conocer la titubeante y dolorosa búsqueda de la mujer, en su empeño por ser autónoma. Ella nos revela cómo la mujer en esa búsqueda pasa por etapas varias y a veces hasta contradictorias con su propósito” (Burgos, 1997, p,100).

Esa búsqueda por la autonomía de las mujeres sucede en “La muerte de la acacia”, cuento de Moreno, con el personaje de Genoveva Insignares quien resulta una víctima del sistema de opresión en el que sobrevivimos las mujeres, pero a su vez representa una voz de resistencia frente a las diferentes formas de abuso. La historia de Genoveva comienza cuando su padre rechaza a Daniel González, prometido de Genoveva, por ser de clase baja. Genoveva conoce a otro hombre, Federico Caicedo, con quien decide casarse y entregarle el mando de todos sus bienes, como la empresa Molinos Insignares. Sin embargo, los rumores de un matrimonio que no es tan feliz como parece, pues duermen en lechos diferentes, lastima el ego de Federico. No obstante, quien resulta ser la persona más infeliz en esta historia es Genoveva, dado que lleva una vida dominada por su marido, el cual no permite su asistencia en ninguna reunión sin su compañía, a excepción de la iglesia. Sus formas de opresión se multiplican desde el día en que un ladrón entra a casa de la pareja; Federico compra un perro, pone vidrios en su patio y sólo permite que su mujer se asome al mundo desde la ventana. Cabe resaltar que, según los rumores, para esa fecha estaría rondando Daniel González por la ciudad. Todas las restricciones y medidas extremas tomadas por Federico no parecen ser suficientes, pues el verdadero infierno para Genoveva se desata en un viaje a Cali en donde será supuestamente operada de las amígdalas, o eso le hicieron creer en un inicio; pero luego, al despertar de los efectos de la anestesia, descubre que le han realizado una intervención quirúrgica que no le permitirá concebir, ni sentir placer sexual. Federico desaparece misteriosamente el mismo día en que Doña Genoveva siembra una acacia que se dedica a cuidar todo el tiempo. Luego, cuando los rumores en el barrio se hacen más fuertes frente a un posible asesinato de su esposo, cae sobre la acacia un rayo que la calcina y mantiene en rumores lo ocurrido. 

Cuando hablo de las formas de opresión impuestas por los hombres a las mujeres, es necesario señalar que en ocasiones ellos ni siquiera son conscientes de su papel de victimarios. Los hombres son parte de un imaginario, de una construcción social que no les permite darse cuenta del daño que están causando. Ellos han crecido creyendo que las mujeres son suyas, que deben obedecer a sus órdenes y que nacieron para servirles, como plantea Wittig (1992), en una dualidad de amo y esclavo: como no existen esclavos sin amos, no existen mujeres sin hombres. Los hombres no se han detenido a pensar si sus actos atentan contra la integridad de las mujeres o si están violando sus derechos, como en el caso de Federico, quien impide que Genoveva salga a la calle sin su compañía y la encierra, privándola de su libertad: “contaban que se portaba como un carcelero impidiendo a su esposa asomarse tan siquiera a la ventana y rechazando sistemáticamente cuanta invitación recibían” (Moreno,1981, p.57.).

El problema real radica en el desconocimiento de los derechos de la mujer, debido a que la sociedad, en su mayoría, los ignora.; no obstante, me nace la siguiente preocupación: si la ley dirige la sociedad, a través de sus normas establecidas, solventa cualquier tipo de conflicto y pretende proteger a las personas ¿están realmente cumpliendo con sus objetivos? ¿están siendo los derechos de las mujeres realmente efectuados? ¿las mujeres víctimas de abuso han sido realmente protegidas y amparadas por la ley? Teniendo esto en cuenta, es pertinente recordar el objetivo principal del feminismo: la lucha por las mujeres como clase, y la desaparición de esta clase que priva la libertad de cada una de ellas.

Genoveva Insignares hace parte de un grupo de mujeres que han luchado solas por hacer cumplir sus derechos, mujeres que se han tenido que enfrentar no solo con los hombres, sino con el sistema político y jurídico que ignora la manera en cómo son abusadas. De esta manera, revelarse contra la opresión no ha sido tarea fácil, ya que como señala Wittig (1992):

Cuando descubrimos que las mujeres son objeto de opresión y apropiación, en el momento exacto en que somos capaces de reconocer esto, nos convertimos en sujetos en el sentido de sujetos cognitivos, por medio de una operación de abstracción. La conciencia de la opresión no es sólo una reacción (una lucha) contra la opresión: supone también una total reevaluación conceptual del mundo social, su total reorganización con nuevos conceptos, desarrollados desde el punto de vista de la opresión.(p.41).

Dicho esto, concreto que Doña Genoveva es una mujer que ha adquirido la conciencia de la opresión, descubrió que estaba envuelta en una sumisión que le quitaba hasta el derecho sobre su vida sexual y su libertad, que además no se quedó callada ante la situación, sino que decidió tomar riendas en ello, aunque haya tenido que delinquir asesinando a su esposo, encontró una forma de resistir a la opresión, a la esclavitud y a la dominación. A través de sus actos Genoveva es claro ejemplo de las personas que han luchado por la libertad de las mujeres en todo el mundo, enfrentándose al patriarcado y a la dominación masculina sin ayuda de nadie. Esto remite a Hooks (2017) cuando dice que:

Es necesario que exista un continuo debate en  torno  a la  gran  variedad  de  asuntos  que  se  incluyen  bajo  el  paraguas  de  los  derechos  reproductivos  para  que  las  mujeres de  todas  las  edades  y  los  hombres  aliados  en  la  lucha  entiendan  por  qué  estos  derechos  son  importantes.  Este conocimiento es la base  para  mantener  nuestro  compromiso y  que  los  derechos  reproductivos  sigan  siendo  una  realidad  para  todas  las  mujeres.  El feminismo  debe  centrar  la atención  en  los  derechos  reproductivos  para  proteger  y mantener nuestra libertad. (p.52).

De esta manera, el cuento de Moreno, y en particular, lo que Doña Genoveva representa ayuda a reflexionar en torno a la invitación que desde el feminismo se hace: a la lucha por los derechos reproductivos y por la autonomía sexual. Por ello, considero como la mayor forma de opresión cometida por Federico Caicedo a Genoveva Insignares, la transgresión: atentó no solo contra su vida sexual y reproductiva, sino también contra su integridad y sus derechos como ser humano, sobretodo como mujer. Me veo en la obligación de defender las acciones criminales del personaje principal de la obra que, sin protección o escapatoria alguna, no tuvo más opción que buscar justicia y libertad por mano propia como lo han hecho diferentes mujeres desamparadas por la ley. No podía quedar impune, de ninguna manera, el haber arrancado sus derechos sexuales y haberla privado de esa libertad que tanto nos ha costado conseguir como mujeres. La acacia funciona entonces como símbolo de una vida nueva, de protección, de refugio y de valentía, una acacia que de ahora en adelante podrá ser reemplazada cuantas veces sea necesario con tal de vivir una vida plena. Un símbolo que enuncia, más que muerte, resistencia y libertad.

Referencias:

Burgos, E. (1997). “Femineidad, feminismo y escritura. Negación del deseo, poder de la madre y escritura en la narrativa de Marvel moreno.” En J. Gilard y F. Rodríguez (Eds): La obra de Marvel Moreno, p.100.Touluse: Viareggio-Lucca: Mauro Baroni editore)

Wittig, M. (1992). El pensamiento heterosexual.  Boston: Beacon press.

Moreno, M. (1981).La muerte de la acacia”. En Algo tan feo en la vida de una señora bien. Bogotá: Editorial Pluma

Hooks, b. (2017). “Nuestros cuerpos, nosotras. Derechos reproductivos” En El feminismo es para todo el mundo, p.52.Madrid: Traficante de sueños.

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